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El Concilio Vaticano II: 50 años después


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En octubre próximo celebraremos los 50 años del Concílio que ha cambiado radicalmente la história de la Iglesia, y tiene todavia, mucho que contribuir.




Una inicitativa que surgió de una intuición personal del Papa Juan XXIII, un verdadero soplo del Espíritu. Con el Concílio la Iglesia pone los presupuestos para su relación con el mundo moderno. ¿Cual cristianismo se quiere vivir?, es la pregunta llave de la Iglesia. La complejidad del mundo moderno exige una nueva forma de presencia. El mundo no es enemigo de la Iglesia, pero su interlocutor. Los que piensan de manera distinta, incluso la otras religiones no están en competencia con la Iglesia, antes son sus colaboradores en la tarea de humanizar en mundo. Fue una decisión personal del Pontífice que fue amadurecendo de par en par en su corazón. Las ideas claves del Concilio son aggiornamento, atualización y pastoral. Existe una lectura positiva, no condenatoria, de la relación entre la Iglesia y el mundo. Decía en Papa: la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina, más bien que renovando condenas (Discurso inaugural, n. 7). El Concilio además debía ser pastoral. Juan XXIII no había convocado el Concilio para tratar de una tema particular de la doctrina de la Igesia, pero para tratar de la vida de la Iglesia, pues lo que está en juego es la presencia de la Iglesia en el medio de mundo. Los obispos reunidos en el Concilio supieron recoger las intuiciones del Espíritu manifiestas por el Santo Padre. Desde el 11 de octubre de 1962 hasta el año de 1965 habían preparando 16 documentos. Cuatro constituciones: Sacrossanctum Concilium sobre la liturgia de la Iglesia, Lumen gentium sobre el rol de la Iglesia como sacramento de salvación, Dei Verbum sobre la Divina Revelación, que coloca las bases para la teologia fundamental del siglo XX, Gaudium et Spes donde la Iglesia se reconoce compañera del hombre y se hace solidaria con él; Nueve decretos: Inter mirifica sobre los medios de comunicaciones sociales, Unitatis redintegratio sobre el ecumenismo, Orientalium Ecclesiarum sobre las Iglesias orientales catolicas, Presbyterorum Ordinis sobre el ministerio sacerdotal, Ad gentes sobre la acción misionera de la Iglesia, Apostolicam Actuositatem sobre el apostolado de los laicos, Christus Dominus sobre el ministerio episcopal, Optatam totius sobre la formación sacerdotal, Perfectae Caritatis sobre la vida religiosa fundamentando las bases para su renovación; Tres declaraciones Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa, Gravissimum educationis sobre la educación cristiana y Nostra aetate sobre la relaciones de la Iglesia con la religiones no cristianas. El Concilio representó y representa aún hoy una verdadera primavera del Espíritu. Su recepción en la Iglesia, no fue, todavia, realizada en su totalidad. Muchos piden un Concilio Vaticano III, otros lo rechazan completamente. Facto es que el Espíritu tiene mucho que hablar a la Iglesia y al mundo hodierno por medio del Concilio Vaticano II.



   



 


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