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Ned Flanders y los cristianos


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Es el conocido personaje de la afamada serie de televisión "Los Simpson", basado en un hombre religioso, de bigote mostachón, siempre amable y cordial. Una sátira de lo que un verdadero cristiano representa.

Tristemente algunas mentes han fijado en Ned un estereotipo de cristiano, para el que no haya visto la serie animada de televisión Ned es el bonachón que siempre se deja de todo el mundo; todo el mundo pasa encima de él; siempre deja que otros se aprovechen de él. Otros lo ven como el que siempre está metido en la iglesia y desespera hasta al propio reverendo de la parroquia.




Pues bien, contrario a la cultura actual Ned Flanders está muy lejos de ser un cristiano modelo, puesto que un cristiano es un seguidor de los pasos de Cristo, y fue el mismo Jesús quien echó a los vendedores del templo (Evangelio según San Juan, Capitulo 2, versículos 13-17), y no de una manera muy amable.

También denuncio las injusticias de la época y a los que se enriquecían a costas del pueblo, (Evangelio según San Mateo, Capítulo 23, versículos 13-33), y estando a punto de entregar su vida cuando uno de los guardias del templo le da una bofetada para quedar bien delante de la gente es Jesús quien le dice: "Si he dicho algo malo dime qué ha sido, sino, ¿por qué me pegas?" (Evangelio según San Juan, Capítulo 18, versículos 19-23). En resumen Jesús denuncio las injusticias, corrigió a los que estaban mal, y no permitió que le golpearan sin motivo.

Un cristiano no es solamente un hombre "bueno", no siempre es "amable", pues recordemos que muchos de los hombres de Dios que menciona la Biblia han tenido una cosa en común CARÁCTER, han peleado batallas, han sido fuertes, han sufrido, llorado y se han levantado y de paso han levantado al pueblo con ellos, no son de los que se dejan morir porque fulanito o sutanito les dijo o hizo algo sino con valor y con fe se lanzan nuevamente hacia adelante.

Nuestro catolicismo tampoco se reduce a estar en las "cosas de Dios", en la parroquia o en el grupo. Recordemos que Jesús anunció la buena noticia en muchas ciudades, en las sinagogas, en las llanuras, llamó a pescadores, recaudadores de impuestos, mujeres, su trabajo no se limitó a cierto tipo de personas o a ciertos lugares.

Es Jesucristo quien nos exige:
«Vosotros sois la luz del mundo.
No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo» (Mt 5,14-16).

El trabajo profesional, cualquiera que sea, llega a ser una lámpara que alumbra a vuestros colegas y amigos. Por eso tengo la costumbre de repetir: ¡Qué me importa que me digan de fulano que es un buen hijo, un buen cristiano, si no es un buen zapatero! Si no se esfuerza en aprender bien su oficio y ejercerlo cuidadosamente, no podrá santificarlo ni ofrecerlo al Señor. Y la santificación del trabajo diario es, por decirlo de alguna manera, la bisagra de la verdadera espiritualidad para todos nosotros que, sumergidos en la realidades temporales, hemos decidido tratar con Dios."

 



   



 


Autor: ManĂ³lo Alveno


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