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5. Tiempos de globalización ... ¡mire que novedoso!...


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La globalización ha llegado para quedarse y vincularse con toda la vida de las personas, ya que es multifacética: genera una visión de persona, de lo económico, político, cultural, sexual, religioso, etc., todos, elementos que condicionan y mueven la vida de las personas.

Programa EDUCE - Educación de Calidad Evangelizadora-




Tiempos de Globalización.

En torno a ella se levantas seguidores y detractores y conflictos culturales entre la homogeneización (ya no hay fronteras, todos somos iguales, da lo mismo la religión o el partido político) y la diferenciación (la defensa de la identidad de los pueblos y la preservación de los valores locales).

Es una creación humana, por tanto tiene el riesgo de ser vector de daño o sanidad, de amenazas u oportunidades. Ella ofrece oportunidades de desarrollo sin precedentes en la historia de la humanidad, pero también la globalización abre puertas voraces y riesgos, especialmente para el ámbito de los más pobres y la manipulación de los jóvenes. Leamos estos tres textos que nos muestran algunas características del proceso de globalización:

 “…la comunicación mundial en forma instantánea, la velocidad con que se producen los cambios, la generación de nuevos paradigmas y el continuo aceleramiento de estos procesos. Apenas comienzan a consolidarse nuevas situaciones, surgen renovados impulsos de cambio y transformación que obligan a adaptarse constantemente a un entorno altamente variable e inestable. El futuro se vuelve bastante impredecible y todos los pueblos deben asumir grandes riesgos ante la velocidad de estas transformaciones”. (Globalización y Nueva Evangelización, Ediciones del CELAM, abril de 2003, nº 8 ).

 “En el mundo de hoy se da el fenómeno de la globalización como un entramado de relaciones a nivel planetario. Aunque en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la unidad, sin embargo comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo. Como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”. (DISCURSO INAUGURAL DE BENEDICTO XVI, Aparecida 13 de mayo de 2007).

 “La globalización hace emerger, en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, tóxicodependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la exclusión y del tráfico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afroamericanos, campesinos sin tierra y los mineros. La Iglesia debe dar acogida y acompañar a estas personas excluidas en los ámbitos que correspondan”. (CELAM, Documento Aparecida , Nº 402).

"Si el fin de la globalización católica es la Gloria de Dios, el fin de la globalización económica es la glorificación del hombre, es decir, manifestar su supuesta autosuficiencia, de que no necesita de ninguna fuerza superior como la de Dios. La globalización puede entenderse como un acto de rebeldía, sobre todo por su carácter excluyente de la globalización espiritual que es la fe católica, porque curiosamente las cosas económicas se globalizan pero la fe se restringe”.

(Entrevista al Dr. Andreas A. Böhmler, Director del Centro de Investigación y Documentación Universidad Autónoma de Guadalajara).

  La cara iluminada de la globalización: El Hermanamiento.

 La globalización tiene un lado oscuro,  ya que genera crisis en la familia, en la juventud, en la escuela, en la economía, en el mundo en general. Pero sabemos que las crisis , nos invitan a algo más, nos llaman a generar procesos de transición y de madurez, en medio de tensiones que no son colapso y muerte, sino una oportunidad para rescatar todo lo bueno que tiene y debe tener la vida humana.

En la vida personal y comunitaria las crisis no están exentas de trabajo, dolor, búsqueda y sufrimiento. La crisis bien asumida, acrisola, decanta, depura y sobre todo libera los mejores esfuerzos de las personas para aportar a la construcción de una nueva forma de vivir, de convivir, de trabajar, de entender el mundo y entendernos a nosotros mismos.

Si algo bueno podemos obtener de las crisis que la globalización ha provocado, es que ella ha posibilitado que podamos hablar de las condiciones de vida digna para el ser humano, gracias a ella vemos con claridad las ausencias de humanidad, las diversas, y a veces erradas concepciones que se crean para entender y descubrir la felicidad humana, los gritos de soledad que provoca la competencia, el sesgo de las comunicaciones que terminan incomunicándonos, las enormes poblaciones humanas dedicadas a producir y llenar su vida de pastillas para responder mejor en sus trabajos y a la competencia cotidiana. Sin la globalización estaríamos tumbados, adormilados y tranquilos en nuestro sillón de la estabilidad y rutina. 

Por ello podemos concluir que la globalización también tiene un lado amable, claro, atrayente, positivo, hermoso, luminoso.

Si pudiéramos enfatizar algunos de estos rasgos positivos, el más fuerte parece ser precisamente el de crear  un mundo global, unido, abierto al encuentro. Son muchos los que trabajan por un mundo que integre e incluya y que no discrimine.

 “Hay que lograr suscitar grandes consensos nacionales y populares en torno a objetivos ideales y estratégicos, con una sinergia de fuerzas y de recursos. Ante todo es necesario tocar las fibras íntimas de los pueblos en su dignidad y libertad, laboriosidad y capacidad de iniciativa, creatividad y solidaridad, sacrificio y esperanza: movilizar su «ethos» cristiano.

Y esto no es posible sin una nueva evangelización: Cristo es la piedra angular de toda auténtica construcción humana en la vida de la persona y de la sociedad. No por casualidad, la Iglesia católica es, según los sondeos realizados en muchos países latinoamericanos, la institución que suscita mayor consenso, credibilidad y confianza por parte de los pueblos. Es conciencia moral y religiosa, morada, y custodio de la esperanza de ellos. Y todo ello a pesar a los capilares procesos de descristianización en marcha.

(Dr. Guzmán Carriquiry Lecour, Subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos, Vaticano 2007) 

Incluso el surgimiento de nuevos grupos y sectas de tipo religioso, político, tribus urbanas, etc, ¿no es un deseo intenso de pertenencia, de ser acogidos, de formar un cuerpo con otros que me acepten y me quieran como soy?

Estos son valores que todos anhelamos en los tiempos que vivimos: acogida, colaboración, cooperación, hospitalidad, no discriminación, tolerancia, el respeto a los diferentes, unidad e integración.

El gran educador y sacerdote, Juan de Castro Reyes, en varios de sus libros ha llamado a este proceso, la necesidad de trabajar por un “hermanamiento” universal. Son nombres diversos para valorar el actuar de Dios en medio de las personas. Con ellas se construye una ciudadanía nueva que se eleva con nombres diversos y distintos grupos, pero que llevan un eje común similar. 

«Para ser evangelizadores debemos conocer la cultura y las culturas, acercarnos a ella con simpatía, discernir críticamente a la luz de los valores del Evangelio lo bueno y lo malo que tienen sus aspectos humanizadores y deshumanizadores, y transformarla en una cultura más digna de la persona humana”.

(Monseñor Andrés Arteaga, en presentación de Líneas Pastorales Iglesia de Santiago 2007).



   



 


Autor: Winston H. Elphick D.
Programa EDUCE - Educación de Calidad Evangelizadora-

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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