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ESTE JESUS QUE RECORRE LA VIDA HUMANA


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Este 25 de enero del 2011 se entregó el Mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la LXXXV Jornada Misionera Mundial, que este año se celebra el domingo 23 de octubre.
¿El tema central? "Como el Padre me envió, así os envío yo" (Jn 20,21).

Ofrecemos algunos párrafos seleccionados para que nos preparemos en esta Jornada que focaliza en un acto esencial del católico.




"La evangelización es un proceso complejo
y abarca varios elementos.
La acción misionera ha prestado
siempre una atención especial a la solidaridad...
dar para la mejora de las condiciones de vida
de las personas en los países
donde más graves son la pobreza, la malnutrición,
sobre todo infantil, las enfermedades,
la escasez de servicios sanitarios y la instrucción.

Esto también forma parte de la misión de la Iglesia.
Anunciando el Evangelio se ocupa
de la vida humana en todo su sentido.

No es aceptable, reafirmaba Pablo VI,
que en la evangelización se dejen de lado
los temas que conciernen a la promoción humana,
a la justicia, a la liberación de toda forma de opresión,
obviamente en el respeto de la esfera política.

Desinteresarse de los problemas temporales
de la humanidad significaría
olvidar la lección que nos da el Evangelio
sobre el amor al prójimo que sufre y está necesitado;
no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús
que recorría todas las ciudades
y aldeas enseñando en sus sinagogas,
predicando el Evangelio del Reino
y curando todas las enfermedades y dolencias.

Cada vez hay más gente que aun habiendo recibido
el anuncio del Evangelio lo ha olvidado y abandonado,
y no se siente parte de la Iglesia. 
Muchos ambientes se resisten
a abrirse a la palabra de la fe.
Se está produciendo un cambio cultural,
alimentado por la globalización,
por movimientos de pensamiento
y por el relativismo imperante,
un cambio que lleva a una mentalidad
y a un estilo de vida que prescinden
del mensaje evangélico, como si Dios no existiera,
y que exaltan la búsqueda del bienestar,
de la ganancia fácil, de la carrera
y del éxito como objetivo de la vida,
también en detrimento de los valores morales.
La misión universal afecta a todos, a todo y siempre.

El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido,
sino un don que hay que compartir,
una hermosa noticia que hay que comunicar.
Este don-compromiso está confiado no solo a algunos,
sino a todos los bautizados".



   



 


Autor: Mensaje LXXXV Jornada Misionera Mundial, Roma 25 de enero del 2011
Equipo Redimis, extracta texto sobre publicaciĆ³n del CELAM - Consejo Episcopal Latinoamericano

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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