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¿De qué depende el relativismo?


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Relativismo, ¿De qué dependes?

No se termina de saber si es una verdad absoluta
que todas las verdades son relativas.

Y aunque no se sepa con certeza,
se da por seguro,
convirtiéndose en uno de los dogmas incuestionables
de nuestro tiempo.
Todo vale en ética.
Igual nos da izquierdas que derechas en política.

Todas las creencias son válidas
en el terreno religioso,
y más aún si son ajenas y exóticas
ya que de esta manera nos permiten mostrar
lo democráticos y pluralistas que somos.

Todo es arte, faltaría más.
Todos somos iguales,
lo dice la ley y el estado vela por ello.

Las proclamas oficiales
se complementan en el terreno
de la música con ritmos pop, pegadizos.
Inconscientemente podemos convencernos:
todo depende.




¿Qué es el Relativismo?

El Relativismo postula que no hay sino verdades provisionales o relativas, dada la imposibilidad para el hombre de alcanzar verdades definitivas o absolutas, cualquiera que sea el ámbito en que nos movamos. Por tanto, se podría definir como una forma mitigada de escepticismo: a lo más se podría hablar de las preferencias de cada uno, de opiniones, pero no de verdades que a todos se imponen por su misma evidencia.

Ser relativista equivale a no tener convicciones: es la muerte de la persona. Quien carece de convicciones no se toma nada en serio. Para esta persona, las cosas carecen de valor. Sólo tienen precio, y son intercambiables: las cosas y las personas. Pero lo cierto es que el respeto a la libertad se nutre de convicciones firmes.

El relativismo no es, en rigor, una doctrina, ya que no es posible ser relativista hasta las últimas consecuencias. Ortega decía que el relativismo es una teoría suicida: cuando se aplica a sí misma, se mata.

Así por ejemplo, en rigor, no se es relativista con respecto a la ciencia experimental y a la técnica, ni en relación con ciertas normas imprescindibles de justicia y civilidad (sobre el robo no hay discusión). Con una incongruencia en la que no todos reparan, el relativismo se restringe a la ética, donde no se reconoce verdad ni mentira, solo feelings. De ahí el nuevo imperativo categórico de no imponer la propia moral al prójimo.

Raíces del Relativismo. Tolerancia e intolerancia.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? El relativismo surge como un intento de evitar los horrores de los regímenes totalitarios (fascismo, nazismo, comunismo) que llevan consigo la intolerancia hacia lo diverso, hasta el exterminio físico del disidente. Aquí nos encontramos con la estrecha alianza entre tolerancia absoluta y relativismo. Llevados del deseo de tolerarlo todo para evitar la intolerancia asesina, se llega a relativizarlo todo.

El italiano Norbeto Bobbio, autor de obras sobre Filosofía política, señala que hay dos sentidos de tolerancia: uno positivo, que es firmeza de principios y se opone a la indebida exclusión de lo diferente; y otro negativo, como indulgencia culpable, condescendencia con el error, que se opone a la justa exclusión de lo que puede hacer daño a las personas o a la sociedad. Y advierte que "nuestras sociedades democráticas y permisivas sufren de exceso de tolerancia en sentido negativo, de tolerancia en el sentido de dejar correr (...), de no escandalizarse ni indignarse nunca por nada". Como ejemplo menciona que en una ocasión le pidieron su apoyo para una petición a favor del ‘derecho a la pornografía'.

Lo que lleva a la intolerancia no es en sí misma la creencia de que hay verdades, sino el no sostener una: que es inmoral violentar las conciencias. Cuando este principio es respetado, entonces se tiene un criterio coherente para limitar la tolerancia.

El relativismo, además de no justificar bien la necesidad de limitar la tolerancia, no vacuna contra la intolerancia. El razonamiento que ha llevado a fomentar el relativismo, tras la II Guerra mundial, adolece de un error de diagnóstico: las ideologías totalitarias imponen la razón de Estado -o de raza, o de clase- porque previamente relativizan profundamente la ética.

 



   



 






Autor: Javier Vega. Doctor en Medicina y Javier Peromarta. Licenciado en Biología
Universidad Autónoma de Barcelona

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