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Jesús del Gran Poder: expresión de la fe en Ecuador


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La procesión del Jesús del Gran Poder se realiza el Viernes Santo en Quito a partir de la década de los sesenta.

Actualmente es una de las mayores manifestaciones de fe popular en la ciudad que convoca a alrededor de 90 mil fieles, devotos y espectadores que inundan el Centro Histórico de la ciudad.

La procesión inicia en San Francisco a las 12:00, hora en la que Poncio Pilatos condenó a muerte a Jesús. Los cucuruchos, junto con las Verónicas, son personajes tradicionales que acompañan las figuras de Jesús del Gran Poder y de la Virgen Dolorosa.




Los cucuruchos simbolizan a los penitentes que, vestidos con túnicas moradas y bonetes altos en forma de cono, muestran su arrepentimiento y su voluntad de cambio. Las Verónicas son las mujeres que recuerdan a aquella que se acercó a Jesús mientras iba al Calvario y le limpió el rostro cubierto de sudor y sangre y en cuyo lienzo quedó impregnado el rostro de Jesucristo. En Quito, las Verónicas también visten de morado y llevan el rostro cubierto con un velo negro.

En Viernes Santo amanece muy temprano en el interior del convento franciscano. A las 06:00 se abren las puertas para que los participantes inscritos se alisten. El cucurucho que llega tarde corre el riesgo de quedarse sin el traje y el bonete morados, al igual que los velos de las Verónicas. Los quiteños también madrugan para ubicarse en un buen sitio y ver pasar la procesión. Hay privilegiados moradores del Centro Histórico que desde los balcones no se pierden ni un solo detalle.

Cucuruchos, bandas musicales y Verónicas salen a las 12:00 en silencio de la iglesia de San Francisco. Se abren espacio entre la multitud que espera al Jesús del Gran Poder para acompañarlo en su calvario. Luego de un par de hora de iniciado la procesión se vacía la plaza de San Francisco. Entre los últimos del cortejo están la imagen de la Virgen Dolorosa sobre un anda tallada por el artista quiteño Manuel Chili, "Caspicara", en el siglo XVIII; y la escultura del Jesús del Gran Poder, sobre otra anda de palo de balsa que talló el padre Carlos, célebre artista franciscano, en 1620. Mientras un sacerdote lee la sentencia de muerte de Jesucristo, la gente mira al cielo por si acaso: en Viernes Santo -dicen- que siempre llueve.

Es esfuerzo es duro, deberán recorren varios kilómetros, un viaje de penitencia.

Hay fieles que en signo de arrepentimiento, cargan inmensas cruces de madera y rezan con angustia. Pero no es suficiente, muchos de ellos llevan sus pies descalzos sin importar el pavimento áspero y caliente. Luego de varias horas de procesión los penitentes caminan a pesar de que las cadenas lastimaron sus pies y el peso de las cruces hizo sangrar sus hombros. Piden ayuda entre los espectadores para aliviar la carga. Los cucuruchos pasan agachados, cojeando, la gente se acerca y les da de beber agua fresca. Toman aliento y siguen.

En San Juan se escucha con nitidez el compás de las marchas fúnebres de las bandas tradicionales. Ser parte de la banda es una tradición musical, que va de generación en generación. Es un ensamble que reúne a tres generaciones: los abuelos ejecutando su parte con el peso de los años; los padres orgullosos de haber perpetuado la costumbre; los niños y niñas mostrando ya un dominio de los sencillos compases de los cantos religiosos.

Cuando la Virgen aparece por la cuesta de la Matovelle, la multitud aplaude y los fieles le lanzan flores mientras renuevan sus promesas, Son tantos los seguidores que en el camino se han sumado a la procesión, que la Virgen -inicialmente precediendo al Jesús del Gran Poder con pocos metros- se ha separado varias cuadras de la imagen que cierra el gran desfile.

Mientras transcurre la procesión, en San Francisco hay quienes esperan con ansia la llegada de las sagradas imágenes. El entusiasmo de los fieles se dispara cuando aparece por la esquina nororiente de la Plaza San Francisco, la Virgen con su traje blanco, y abriéndose paso entre la muchedumbre, se instala sobre su anda en el amplio atrio del templo.

Los cucuruchos, cristos y Verónicas se han despojado de sus marcas penitenciales para esperar aliviados la llegada del Jesús del Gran Poder. Tras el arribo de la Virgen, un sacerdote se dirige a la multitud de fieles que otra vez llena la plaza. Al acercarse Jesús del Gran Poder, la banda militar ejecuta el Himno Nacional del Ecuador y resuenan una y otra vez los ¡vivas!. La pasión ha concluido y da inicio la adoración.

Luego de este gran acto de devoción, en muchas iglesias se desarrolla la ceremonia de las Siete Palabras y la emotiva ceremonia del descendimiento en la que el sacerdote, desde el púlpito, narra cómo las santas mujeres y un grupo de Apóstoles dieron sepultura a Jesús. Durante la narración, los monaguillos quitan los clavos de la imagen de Cristo crucificado y depositan su cuerpo en manos de mujeres vestidas con túnicas y luego en un cofre adornado de flores y rasos blancos. Tras el descendimiento inicia la procesión con el Cristo difunto llevado por los Santos Varones, hombres que llevan un turbante blanco en la cabeza, las albas.

   

   



 


Autor: Equipo REDIMIS
Fotos: Sitio http://www.quito.com.ec

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