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¿De qué resucitaremos Señor?


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Parece que la muerte se ha hecho dueña de la Iglesia, nos ha tomado el dolor, la pena, la verguenza, la basura está tirada por muchos lados... ¿Hasta cuando seguiremos en una atmósfera de muerte y pesimismo? ¡Hasta que la resurrección nos tome y nos transforme! Hasta ese umbral nos acompaña Jesús y nos invita a seguir en nuestros pies, bajo nuestras decisiones.

Nos invita a resucitar, a experimentar la plenitud de su vida, en nuestra vida, a sacar los errores y horrores que hemos cometido, a tirar la basura, abrir las ventanas...




He sentido cerca la muerte rozando mi rostro
respirando y jadeando en mi piel
la he visto en una fila enorme
de hombres y mujeres que juraron amar
y que desde una ética amnésica han llenado el mundo
de soledad y silencio, de muerte y oscuridad.

Son pastores consagrados pastores,
son religiosas y religiosos que lo han olvidado todo
hasta el más simple abecedario de la fe y del amor.

¿De qué resucitaremos Señor?
De la muerte que hemos provocado
de las torpezas y las vanalidades
del pastor que ha engordado
despreocupado del pasto de sus ovejas.

He sentido tan de cerca el paso y la estadía maligna,
como león nos ha cogido y como leones
hemos sido socios en la cruenta muerte de tanta oveja.

¿De qué resucitaremos Señor?
de la pasividad cómplice de proteger al poderoso,
de nuestro silencio como laicos,
de nuestro miserable rol de laicos,
de nuestra timidez por anunciar a Jesucristo
también a una jerarquía lejana
y por lejana con visión borrosa,
con oídos llenos de tantas voces
que finalmente no escuchan a ninguna.

¿De qué resucitaremos Señor?
de la soberbia de sabernos pontífices,
puentes que se adornaron y entronizaron a plenitud
sin saber que éramos eso, simples puentes
que permiten llegar a la otra orilla,
pero nos aferramos a los escritorios,
al dorado y al boato, a los títulos y al canon,
a la soberbia de "querer ser como Dios"
olvidando que somos obra de sus manos,
servidores infieles, hombre y mujeres de dura cerviz,
administradores que no tienen nada, nada de nada,
pero que creen tenerlo todo, poseerlo todo.

¿De qué resucitaremos Señor?
He sentido la muerte, rodeado por sombras y apariencias.
Hemos sido enemigos de tu Iglesia Señor,
estamos destruyendo la viña que tu plantaste,
enterrando los talentos que tu creaste.

Somos destructores desde dentro,
somos enemigos desde dentro,
vamos prostituyendo la santa vida que nos diste.

Los mayores secretos están a la vista:
La madre, la Santa está siendo destruida desde dentro,
sus mayores celadores y protectores
se han convertido en sus mayores y eficaces enemigos.

¿A qué nos llamas a resucitar Señor hoy, aquí, ahora?



   



 


Autor: Winston H. Elphick D.


SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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