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Oye, córtala... intenta vivir a Cristo bajo esa sotana


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Si, es un tema tan hablado, pero nunca terminado... el silencio de la jerarquía, los delitos a la vista,la protección de los culpables, ingenuidades, imprudencias, omisiones, silencios... ausencia de laicos en las soluciones... uf...
 
Son temas tan mediáticos que nos colocan en boca de todos los "come curas", los anti Iglesia...  Oye Hermano, escucha, córtala, a Jesús también se le vive bajo la sotana y los ornamentos... allí en medio de tu lucha por ordenar a tus hormonas, allí en tus espacios de esa soledad, angustia y humedad asfixiante, allí también quiere contenerte, sanarte este Señor...
 
¿Y quién es este tipo para venir a hablar así? acojo tu cuestionamiento, soy un pobre tipo, pero que quiere hacer de Jesucristo el Señor de su vida y sentirme también co-responsable de esta Iglesia Santa, requete santa a la vez que prostituta, requete prostituta como lo podemos ver... pero es mi Iglesia, coja, ciega, enferma, es mi Iglesia... y como Madre la acepto y la acompaño en sus procesos de sanación.
 
Quise firmar esta introducción, me hago responsable del título de este artículo y de esta presentación, nada tiene que ver Alberto Barlocci, el autor del escrito.

Winston H. Elphick D




La autoridad de la Iglesia es fundamentalmente moral. Como señalaba ya Pablo VI, el mundo quiere testigos y no sólo maestros. El magisterio mayor de los cristianos, y en particular de sus ministros, debe pasar por un testimonio coherente de fidelidad evangélica.

El abuso sexual de un menor constituye, además de una grave falta moral en cuanto a su materia, un grave delito condenado por la legislación civil y la canónica. En asunto tan delicado, la obligación de la Iglesia es expedirse en el ámbito de su competencia con transparencia y celeridad en cada caso, y colaborar con la justicia de cada país para que se pueda proceder en lo penal.

Si bien hay que reconocer que, muchas veces, la jerarquía calló los delitos, protegió a los culpables y cometió ingenuidades e imprudencias en el ejercicio de su autoridad, la posición de Benedicto XVI en este campo es severa y clara, pese a las injustificadas acusaciones por parte de algunos medios de comunicación. En todo caso, la complejidad se debe a que el Papa está llamado a cumplir tanto el rol de mando y de juicio como el de pastor que no puede dejar de distinguir entre pecado y pecador.

De todas maneras, nos encontramos ante hechos que exigen el mayor rigor, considerando además que la conciencia actual no admite silencios o arreglos privados sino que reclama lo contrario. Otro tema sería distinguir entre abuso de menores y homosexualidad con jóvenes, puesto que en este segundo caso la responsabilidad moral es más compartida.

Sin duda, éstos señalan de manera urgente un necesario y cercano seguimiento de quien se siente llamado a un camino sacerdotal o religioso también con la ayuda de la psicología.

La autoridad de la Iglesia es fundamentalmente moral. Como señalaba ya Pablo VI, el mundo quiere testigos y no sólo maestros. El magisterio mayor de los cristianos, y en particular de sus ministros, debe pasar por un testimonio coherente de fidelidad evangélica.

Hoy algunos episcopados y Roma en primer lugar se muestran encaminados a hacerle frente al problema. Ciertamente en los últimos tiempos quedó afectada de manera muy seria la institución y, por eso mismo, se requiere ser humildes y vivir antes que predicar, encontrar la manera de que el testimonio esté unido a la enseñanza. De este modo, será posible encontrar cómo acompañar a la sociedad contemporánea en sus autónomas decisiones sin imponer los propios criterios.

   

   



 


Autor: Alberto Barlocci
Editorial Revista Ciudad Nueva, Buenos Aires mayo 2010.

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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