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Virtudes privadas y p├║blica bondad ... el diario secreto de Juan XXIII


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Al comienzo de este año, el 25 de enero recordábamos los 50 años de la convocatoria del Concilio Vaticano II, por parte del Beato Juan XXIII, el Papa Bueno. Es una fecha importante para recordar porque no solo la apertura o el desarrollo del Concilio, sino su propia convocatoria fue un acto de gran valentía del Papa Bueno, unido a la gracia extraordinaria e imprevisible del Espíritu. La oposición y la desconfianza de algunos ambientes, fueron vencidos por la bondad y el coraje de Juan XXIII.

El gran historiador del Concilio Vaticano II, el prof. Giuseppe Alberigo, antes de su muerte pudo preparar un artículo titulado "Roncalli Privato" (en la revista Cristianesimo nella Storia) en el que revela los secretos de las "Agendas" y "Diarios de trabajo" que el Papa Roncalli llevaba desde 1905 hasta el día de su muerte. Estas notas "privadas" nos revelan toda la riqueza de esta alma sencilla y profundamente mística. Aquí las reproducimos rindiendo homenaje a este gran Papa que hace medio siglo tenía la valentía humana y la fuerza divina para convocar un extraordinario Concilio Ecuménico que cambiaría el rostro de la Iglesia en el mundo actual.




¿RONCALLI "PRIVADO"?

Las líneas de la espiritualidad de A. G. Roncalli son bien conocidas, y la rápida publicación del "Diario del alma" hizo posible estudios articulados y profundos. Sin embargo, ahora, el conocimiento de las "Agendas" para un período muy largo de su vida, permite nuevas profundizaciones no solamente accesorias.

Se ha señalado la importancia crucial de la consigna de 1902, "Dios es todo, yo soy nada". Se ha puesto en evidencia la interiorización de los contrastes con los superiores eclesiásticos, por lo que en 1936 anotaba que "la distancia entre mi modo de ver determinadas situaciones en Estambul y ciertas formas de apreciar las mismas cosas en Roma me hacen mucho mal, son mi única verdadera cruz". Desde 1930, en las relaciones con los demás había seguido el criterio de evitar los conflictos, por lo cual "el respeto que siempre me he obligado a tener, tanto en público como en privado, por cada uno y por todos, mi silencio imperturbable y sin amargura, el no haberme jamás inclinado a recoger alguna piedra arrojada por alguien en mi camino, han debido hablar a todos sobre la sinceridad de mi corazón también por ellos, a quienes siento que amo en el Señor con la misma y fraterna caridad que el Evangelio nos enseña ... Via pacis, via charitatis, via veritatis".

Estos rasgos no significaban una permisividad pasiva, más bien, y desde 1928, Roncalli estaba convencido que "cuando se ha renunciado a todo, realmente a todo, cualquier audacia se vuelve la cosa más simple y natural". Una audacia que no abandonó ni siquiera después de la elección como sucesor de Pedro, muy convencido de que estaban procesándose "tiempos nuevos, nuevas necesidades, formas nuevas" ("Diario del alma", 18-7-1931), por lo que, el 25 de enero de 1959 anunció un nuevo Concilio.

Se conoce la incesante búsqueda y construcción de un equilibrio espiritual en las diversas fases de su vida. Las notas casi cotidianas que Roncalli ha escrito en las "Agendas" a lo largo de décadas y que acompañan al "Diario del alma" constituyen una fuente ulterior de conocimiento de su personalidad.

... Juan XXIII debía lidiar con la compleja y exigente realidad del papado romano y con la fisonomía que había tomado en la primera mitad del siglo XX, y sobre todo con el largo reinado de Pío XII. Es sabido cómo el fin del poder temporal y la áspera confrontación con las ideologías modernas habían marcado profundamente al papado. Por un lado, los restos de la salida del temporalismo - desde el encierro de los papas en el Vaticano hasta el uso de la tiara y la silla gestatoria- seguían pesando; por otro lado, la praxis secularizante de las ideologías habían llevado al catolicismo a un repliegue sobre sí mismo, sintetizado en la exasperación de la lucha contra cualquier desvío doctrinal, y en el acentuado aislamiento hierático de Pío XII, a tal grado que no se sabe nada de su personalidad espiritual.

En la lucha anti-modernista de inicios del siglo XX la misericordia y la reconciliación eran temidas y rechazadas, reclamando sólo obediencia y sumisión a la verdad y a sus intransigentes guardianes....

Lo que apareció como algo inesperado en el pontificado de Juan XXIII fue el hecho de que un papa se apartase de los modelos estereotipados y oficiales, dejando aflorar las chispas del contacto vivificante entre una larga e intensa experiencia cristiana, crecida en el surco de la tradición y alimentada por un incesante compromiso personal, y las esperanzas latentes de un servicio profético, inspirado evangélicamente. Roncalli no tuvo pudor en dejar que sus propias virtudes privadas se transformaran en virtudes públicas del papa, y es por eso que ha suscitado un consenso inaudito, ejerciendo un influjo histórico inversamente proporcional a la breve duración de su pontificado. Es justo eso lo que provocó un vuelco en la misma historia secular del papado romano. Al mismo tiempo, evitó que las exigencias públicas sofocaran o desfiguraran las bases evangélicas de su espiritualidad. El oficio petrino fue vivificado por una santidad auténtica y por tanto audaz, y ha reencontrado un rostro evangélico y auténticamente humano.

Cuando se nos interroga acerca de la razón de la credibilidad y la acogida que este cristiano ha suscitado de manera tan amplia en torno a él en todas las funciones que ha ejercido, es necesario acudir a la total coherencia en su vida entre las virtudes privadas, o sea las actitudes interiores y la santidad personal, y las virtudes públicas, o sea el ejercicio del propio papel en la Iglesia. Más aún a medida que su servicio en la Iglesia se volvía más plenamente pastoral, como en su episcopado en Venecia y finalmente en el papado, se tiene la impresión que su virtud se dilata espontáneamente con una progresión proporcionada a los horizontes cada vez más vastos de su ministerio. Elegiré pocos puntos, pero especialmente decisivos.

 

1. Un pontificado humano

Ante todo, la elección del nombre Juan por parte de Roncalli sorprendió a los cardenales que acababan de elegirlo, por las inusuales razones -"dos Juanes"-, el nombre de su padre y el título de la iglesia en la que había sido bautizado. Lo "privado" entraba en una solemne decisión, expresando la inseparable unidad del hombre. Salía a la luz, y mucho más después de la elección al pontificado, el principio de la "coherencia entre las convicciones íntimas y la vida". Un criterio tan frecuentemente enunciado cuanto habitualmente dejado de lado, que Roncalli había reafirmado periódicamente.

El nuevo papa muestra entonces una conciencia de la propia condición que se caracteriza por una "desmitificación" del pontificado mismo. Ya el 29 de octubre anota que con ocasión de la "adoración en la capilla Sixtina, no quise que me besaran los pies", y pocos meses después, "advierto que ya es superfluo que el Papa descienda las escaleras en silla gestatoria". Y cuando se traslada a Castel Gandolfo juzga que el "acompañamiento noble de servicio, auto y guardias es un poco exagerado". Más en general, piensa que el criterio-guía deba ser "Orientarme a mayor serenidad y sencillez en las apreciaciones y a lo que vale y es más importante en la vida y en las santas aspiraciones de un papa: dejar que digan y que escriban, mi conducta será tener los ojos abiertos y prudentes, pero sin ocuparme de los chusmeríos del mundo" ("Agenda", 3-9-59).

Con Juan XXIII desaparece el estilo que había caracterizado al Vaticano de Pacelli, más aún "el pontificado roncalliano marca la decadencia de la omnipotencia del papa" (A. Riccardi). Una "omnipotencia" cuestionada por numerosas actitudes: desde la fidelidad en la redacción cotidiana de sus propias notas personales, hasta el "Discurso de la luna" de la noche del 11-10-62 (apertura del Vaticano II), que constituye la culminación de la capacidad de sintonizar con las mujeres y los hombres "comunes".

 

2. Redescubriendo la comunidad

Entre el fin de la Edad Media y el comienzo de la edad moderna, se abre el tiempo de la privatización de la comunidad cristiana local. Su significado cambia profundamente y también su perfil institucional sufre modificaciones de mucha importancia.

Con el telón de fondo de fuertes cambios y novedades, como el dilatarse del mundo con los descubrimientos geográficos, la revolución de las comunicaciones con el invento de la imprenta, el nacimiento de los estados nacionales, el ocaso de la ideología de la cristiandad, se afirman variaciones muy interesantes en la manera de entender la iglesia y de ver el significado de la comunidad cristiana. Los principales protagonistas de la Reforma católica entre comienzos del siglo XVI y el final del concilio de Trento, tienen en común la conciencia lúcida de que la reforma institucional de la iglesia es una apuesta perdida, y sin embargo se dedican a la revitalización de las iglesias locales de las que son responsables. Grandes personajes, desde Giberti a Carlos Borromeo, y muchos otros, son obispos no sólo porque están revestidos de la dignidad episcopal, sino porque han elegido, renunciando a posiciones de mucho poder en la iglesia, comprometerse como pastores en iglesias locales. Giberti, de secretario de Estado en Roma, se va de obispo a Verona. Exactamente cuarenta años después, Carlos Borromeo dejará el mismo cargo romano para irse como obispo a Milán. Son opciones no puramente personales, ni mucho menos casuales, sino de una densidad eclesiológica muy precisa, guiadas por el compromiso de revitalizar la comunidad local.

...Por su lado, el concilio de Trento... ha puesto el acento sobre el sacerdocio ministerial, ...la creación de los Seminarios, ...la creación de un misal, de un breviario, y de un catecismo, el tridentino, que promovió una uniformización de la iglesia y por lo mismo la marginación de las tradiciones, de las experiencias y del significado de las iglesias locales. ...Las comunidades cristianas son "privatizadas" como submúltiplos de la iglesia universal.

Juan XXIII pone en marcha una inversión de este proceso, afirmando su propia cualidad de "nuevo obispo y papa" y dando solemnidad a la toma de posesión en San Juan de Letrán como catedral de la iglesia de Roma. Poco después, luego de haber visitado la cárcel de Regina Coeli (y le importa subrayar que "estos son los consuelos del papa: el ejercicio de las 14 obras de Misericordia"), restablece como obispo las visitas a las iglesias de Roma, y en enero de 1960 anota que "por primera vez, después de casi un siglo, el Papa anduvo a pie por las calles de Roma".

Más, hacia el final del mismo año, se alegra de experimentar "consuelos pastorales como obispo de Roma". "Indudablemente -anotará en marzo del 61- este acercamiento al pueblo se revela cada vez más oportuno y fructuoso. Revive las buenas tradiciones antiguas, a cuyo restablecimiento todo nos impulsa, con cuidado y naturalidad". Visitas, públicas y privadas, desde las cárceles a los hospitales, a eclesiásticos enfermos ("manifestaciones personales de alma", dice), invitaciones a amigos a compartir comidas siempre en estilo no "soberano", contribuyeron de manera considerable a "desmitizar" al Papa, ante todo obispo de Roma. Un obispo que celebra un sínodo para su iglesia, cosa que no se hacía desde dos siglos atrás; un obispo que juzga "tan agradable ocuparme del cuidado espiritual de mi grey espiritual, el primero y más importante para el sucesor de San Pedro".

 

3. Papado como servicio

Para Roncalli, el ser papa es vivido esencialmente como un "servicio de carácter espiritual y sacerdotal". Un servicio que poco a poco será moldeado como una "cruz" ("el Señor me ayude a soportar para un buen fin esta gran cruz de mi humilde servicio de servus servorum Dei 23-1-62). Como servicio al concilio y como "primer puesto de servicio por todo el tiempo y todas las circunstancias de mi humilde vida... sin ninguna pretensión de ponerme delante de quien sea". En el primer lugar está la fidelidad a "mi lema: Obediencia y paz. Porque esto me asimila a Jesús, de quien quiero ser una reproducción fidelísima: "obediente hasta la muerte". En mi servicio de la Santa Sede... no renuncio a mi propósito principal de escribir todo yo personalmente" los textos de los muy frecuentes discursos (por ejemplo, 13-11-60: "Noche laboriosa, desde las 2 a las 3,30 de la mañana para preparar el discurso en San Pedro para la ceremonia de la liturgia Oriental. Yo dicté las ideas a mons. Loris y él las redactó bien; yo las retomé con pequeñas modificaciones. Salió obra digna de la circunstancia"). Esta actitud, al mismo tiempo que modifica la imagen "soberana" e institucional del papado, documenta el incesante compromiso personal de Roncalli, también y mucho más después de haber sido elegido Papa...

 

4. Más allá del adversario

Las lecturas pesimistas de las circunstancias históricas y la convicción de que la fe cristiana estaba amenazada radicalmente por la secularización, habían llevado al centro del catolicismo a juzgar a la modernidad como hostil al cristianismo, y a responder con desconfianza y condenas. La percepción del otro como adversario está en la base de muchas actitudes del catolicismo post-tridentino: de la hostilidad anti-protestante al rechazo de la cultura moderna, del antisemitismo al uso de la tradición como un arma.

El pasaje de Roncalli de la "edad de las condenas" a la "edad de la misericordia" se inicia muy pronto, sin aspavientos pero con una convencida determinación. Juan XXIII tiene la convicción de que "quien no tiene la experiencia de haber vivido en el extranjero y fuera del Vaticano, piensa todavía que puede imponerse con suspensiones y excomuniones que amplían la extrañeza y el escándalo" (Agenda, 11-3-70). Él está en cambio "inclinado a reconocer el bien en todas partes, sin desperdiciar tiempo y energías en la búsqueda inquisidora del mal", más bien "mi temperamento me guía a tomar en todo el lado mejor, antes que a ver todo en sentido pesimista" (Agenda, 4-4 y 2-12-60). Aun después de un diálogo no fácil con el card. Siri, anota que "naturalmente somos caminantes que venimos y vamos por caminos diversos, y cada uno lleva consigo el polvo que ha encontrado en su propio itinerario. Sucede también que en el encuentro, cada uno da algo de sí y recibe algo de su interlocutor". Al final de los ejercicios espirituales de la Cuaresma de 1961, predicados en el Vaticano por el P. Hilarión de Milán, anota con una punta de ironía que el "Predicador Apostólico conserva su elocuencia feliz cuando alaba a alguien, santo o gente buena; pero menos feliz si atacaba adversarios de la Iglesia; los destroza sin vueltas, y ciertamente la Virgen sufre un poco por ello" (Agenda 22-5-61).

 

5. La fe vive en la historia

...Algunos sostienen que la secularización es una amenaza que pretende eliminar los fundamentos cristianos de la convivencia, privatizando la fe e impidiéndole toda proyección social...

Junto a esta posición existe otra, que... se inspira en una concepción de la relación entre historia y salvación, y por tanto entre historia y fe cristiana, dominada por la convicción de que se está dando una mutación epocal, que gira en torno al ocaso y fin de la simbiosis de siglos entre cristianismo y sociedad que generó la "Cristiandad", la cultura cristiana, y la doctrina social cristiana con el objetivo de una realización temporal del reino de Dios.

Esta actitud, aunque no implique ninguna renuncia o atenuación de la identidad cristiana, supone una visión esencialmente unitaria de la historia en cuyo seno se ha consumado el acontecimiento originario y central del cristianismo, el hacerse hombre del Hijo de Dios en Jesús de Nazaret, que constituye el criterio único e imprescindible de valoración de la misma historia. Los cristianos y las iglesias no pueden por tanto huir de un pleno compartir esta misma historia, sin dejar de lado la encarnación y negar su normatividad.

Al abrir el Vaticano II, el papa Roncalli, toma distancia de la hostilidad prejuiciada entre fe e historia moderna, que había culminado en la proposición 80 del Syllabus. De esta manera recupera substancialmente al mismo tiempo la historia humana como categoría atinente a la fe cristiana -ni extraña ni contradictoria con ella- y rechaza un juicio negativo sobre el presente, hijo de una desconfianza de principio y tomado pasivamente del pasado. La alocución Gaudet Mater Ecclesia está enteramente recorrida por la percepción de la novedad existente en la condición humana -los signos de los tiempos- y de las posibilidades mayores que ello ofrece a la fe... El Papa Juan estimula a que, a la luz del concilio, la Iglesia entera adquiera la capacidad espiritual de valorar mejor el pasado de épocas y tradiciones superadas, alcanzando un nuevo impulso para mirar el porvenir con una nueva luz.

El mismo papa aclaraba que "ahora la Iglesia de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad", y alentaba a la Iglesia a responder a las "necesidades de hoy mostrando la validez de su doctrina más que renovando condenaciones". Es bien conocido el impacto liberador de esta declaración, tanto en el Vaticano II -que evitó las condenas y las definiciones- cuanto en el mundo cristiano entero y más allá de él. El coraje de separar la imagen pública de la Iglesia católica de la de una institución severa y a veces represiva, suscitó consensos y esperanzas amplísimos, reduciendo la distancia denunciada a menudo entre Cristo y la Iglesia.

...Aun su encíclica más querida e incisiva -la Pacem in terris-, está marcada por la chispa que brota del contacto entre la dimensión "paz" de la fe y el acontecimiento contemporáneo del comienzo de la era atómica.

 

6. Iglesia pobre

A pesar de la reacción de fidelidad radical de San Francisco, con el correr de los siglos, la dimensión evangélica y colectiva de la pobreza se había reducido progresivamente. En una primera fase se convirtió en el compromiso de grupos virtuosos pero reducidos (los monjes), mientras que en una segunda fase se pasó a una privatización total de la pobreza: el "voto de pobreza" se convirtió esencialmente en una cuestión individual. La pobreza como virtud social de la comunidad cristiana, y mucho menos, de la Iglesia oficial, quedó marginada, más bien se animaba a los fieles a destinar bienes para los indigentes, pero a través de la Iglesia. ... El confrontarse del cristianismo con la pobreza evangélica parecía relegado al ámbito, valiosísimo pero estrecho, de las virtudes "privadas" e individuales.

Esto explica el eco suscitado por Juan XXIII cuando en setiembre de 1962 afirmó solemnemente que "frente a los países subdesarrollados la Iglesia se presenta tal cual es y quiere ser, como la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los pobres. Toda ofensa y violación del quinto y sexto mandamiento del santo decálogo, el pasar por encima de los compromisos que se siguen del séptimo precepto, las miserias de la vida social que gritan venganza ante Dios, todo debe ser claramente denunciado y deplorado" (Radiomensaje 11-9-62).

...En enero de 1963, cuando una audiencia con el cardenal responsable de la administración de la Ciudad del Vaticano le ofrece un "conocimiento interesantísimo para mí de las condiciones de riqueza material del Vaticano", el Papa Juan agrega enseguida: "insisto siempre sobre el punto de esta riqueza que es una gran tentación y un gran peligro"... (Agenda, 27-1-63). El giro que se abrió con las iniciativas en el seno mismo y en lo que rodeó al Vaticano II, y con las formulaciones insertas en los documentos finales del Concilio (sobre el tema de la pobreza) es consecuencia de esta semilla arrojada por el papa. Una inquietud fue plantada en la carne viva de la Iglesia, en lugar de la sordera precedente y del paternalismo que la enmascaraba...

 

7. Paz en la tierra

La categoría de "guerra justa" ha justificado muchos conflictos y ha privatizado el significado y el problema de la paz. ...La cultura cristiana ha ido acumulando con relación a la guerra una actitud de resignación, viéndola como un hecho desagradable, tal vez deplorable, pero esencialmente inevitable... También en este asunto, el pacífico y pacificador Roncalli introdujo un cambio radical. Su breve pontificado es un estallido de reflexiones e iniciativas por la paz.

...El 8 de mayo de 1960 anota "en el vibrante discurso que tuve me refería a la paz del mundo", esa paz a la que no cesa de prestar atención: "Desde aquí veo que el horizonte político del mundo se complica y suscita dudas y ansiedad". El 8-11 escribe que "me ha causado buena impresión la idea de Daniel-Rops, sobre una fundación de un gran premio -Vaticano- por la paz, que reconozca al menos las fuentes de la vida y de la paz"...

Hay que reconocer que sobre el problema de la paz, Juan XXIII no sólo es alguien que está muy atento, sino que es creativo. En el verano de 1960 recibe dos veces seguidas a mons. Lardone, uno de sus poquísimos hombres de confianza, nombrado por él para Estambul con el encargo de explorar, a través del embajador soviético en Turquía, las posibilidades de superación de la hostilidad persistente entre la Iglesia de Roma y el gobierno moscovita. Eso no significa dejar de prestar atención o tener menor conciencia de la amenaza comunista (Agenda, 6-7-60: "En el lugar más sagrado de mi oración recojo en visión la vasta y sangrante Iglesia del Silencio ... ¡Oh, cómo se oscurece el cielo en algunas partes del mundo! Y cuántas incertidumbres para la Iglesia Santa: el Comunismo continúa su penetración nefasta"). Pero el papa no se resigna al congelamiento de la hostilidad y aprovecha cualquier ocasión, como el encuentro de un viejo conocido búlgaro, con el cual, "con mucha discreción hablamos de la triste condición de los católicos en Bulgaria..."; y al inicio de 1961, con ocasión de la audiencia dada a un diplomático italiano en Hungría, busca informarse "acerca del cardenal de Hungría (J. Mindszenty). Convendría intentar, de forma lícita, su liberación, después de 5 años de detención. Me da una enorme pena".

La atención hacia el mundo comunista es alimentada también por el conocimiento del carteo entre A. Fanfani, Primer Ministro de Italia, y Kruschev. Por eso, al inicio de setiembre de 1961 anota: "Primeras voces que me llegan de que el terrible Kruschev, el zar moderno de Rusia, estaría más ansioso que indiferente por tener un coloquio con el Papa, según informaciones privadas. Ningún deseo ni ningún temor de mi parte. Confío en Dios" (Agenda 3-9-61)...

Pocos días más tarde, siempre en Castel Gandolfo, formula una "oración por la paz. La invitación para la Misa vespertina en la gran sala de la Bendición, aquí en Castello, ha tenido un éxito superior a lo esperado. Mi discurso, que me dio tanto trabajo la otra noche, ha causado gran impresión. Había 20 cardenales, muchos diplomáticos y políticos calificados. Gran y conmovida atención. Frente a la turbación actual de los espíritus, con perspectivas de oscuros malentendidos de peligrosa naturaleza, invocación de calma, de sentido de lo justo, de paz sólida y serena y de intensa oración. La carta de San Pablo a los Efesios me ha servido como serena sabiduría inspiradora. Laus Deo".

Diez días después, "en la audiencia general llena de jóvenes leí algunas declaraciones sobre la situación de Cuba. Dicho todo en forma moderada. Han tenido buena acogida en la prensa. De noche, en la TV transmiten la reacción de Kruschev, el déspota de Rusia, a mis llamados a los hombres de estado por la paz: respetuosas, calmas, comprensibles. Creo que es la primera vez que palabras del Papa invitando a la paz han sido tratadas con respeto. En cuanto a la sinceridad de las intenciones de quien se profesa ateo y materialista con orgullo, aun cuando habla bien de las palabras del Papa, creerle es en realidad otra cosa. Mientras tanto, mejor esto que el silencio o el desprecio". (Agenda 20-9-61).

El hielo había sido roto. En Moscú tenían necesidad de superar las asperezas estalinianas. Por intermedio de De Luca-Togliatti, el 28 de noviembre llega un "telegrama con los saludos de Kruschef. Respuesta preparada junto con el card. Cicognani (secretario de Estado). Grandes comentarios de la prensa, en todos los sentidos, sobre esta novedad inesperada. Naturalmente los Zelotas -comenta Juan XXIII- encuentran la ocasión para distinguirse".

Es interesante ver cómo en esta ocasión emergen algunos de los rasgos que van a caracterizar, dieciocho meses más tarde, a la encíclica Pacem in terris. En efecto, los saludos moscovitas agradecían el compromiso del papa en pro "del fortalecimiento y consolidación de la paz en la tierra" y la respuesta vaticana formulaba "votos de incremento y consolidación de la paz universal, a través de gratos entendimientos de humana fraternidad"...

La atención de Juan XXIII permanece despierta sobre el problema de la paz y vuelve a él el 3-11-61, cuando trata de "las inquietudes del mundo entero en esta época de angustia"; y el 16-2-62: "de nochecita la lectura de los diarios me sugirió algunas propuestas en vista de la liberación de la cárcel rusa de mons. Slipy y otros prisioneros católicos. Puede ser una ilusión, puede ser el comienzo de nuevas gracias del Señor".

Superada la crisis cubana con la intervención decisiva del papa, según el testimonio del Premier polaco Gomulka, a fines de octubre Juan XXIII anota: "...la paz: desde la fiesta de Cristo Rey está asomando. El déspota Ruso quiere abandonar la batalla. No se sabe por qué".

En tiempo de Navidad la reflexión del papa se vuelve cada vez más precisa, "Esta noche, después de mucho meditar... me levanté de la cama, y arrodillándome ante mi Crucifijo, le he consagrado mi vida en extremo sacrificio de todo mi ser, con relación a lo que quisiera de mí para esta gran empresa de la conversión de Rusia" (¿eco del secreto de Fátima?); anota el 26 de diciembre.

Finalmente, son bastante conocidos los sucesos sobre la preparación de la Pacem in terris y la entrega a Juan XXIII del premio Balzan para la paz (Agenda 7-1-63, lectura por el papa de la redacción de la encíclica hecha por mons. Pavan; 14-1, audiencia al presidente del Parlamento de Bonn; 7-3, anuncio del premio Balzan y audiencia a la hija y al yerno de Kruschev; 10-5, entrega del premio por la paz; 11-5, "Una noche tranquila y un final feliz, nos conceda Dios Omnipotente. Estas palabras litúrgicas concluyen bastante bien el éxito de estos últimos días de proclamación del triunfo de la paz, aquí, desde el centro del mundo")...

 

8. Virtudes privadas y pública bondad

El "milagro" de Roncalli no hay que buscarlo en un acto "privado" y ya concluido, sino en un proceso histórico que él comenzó y que está todavía vivo. Un proceso de rejuvenecimiento de la Iglesia católica y del Cristianismo entero, de "aggiornamento pastoral" que ha tenido ya efectos nítidos y profundos, aunque encuentre resistencias y obstáculos. La "incredulidad" ante este milagro se expresa justamente en el rechazo de aquel impulso.

Durante siglos se había consolidado la convicción de que lo relevante, también en los servidores de la Iglesia, era solamente su virtud privada (vigilias, ayunos, austeridad, cilicios) y nunca su capacidad de practicar el ministerio con fidelidad creativa al llamado evangélico...

"... Es necesario aceptar que el carisma propio del papa Juan ha llevado en él a una tal unificación entre naturaleza y gracia, entre vida interior y acción de gobierno, entre servicio eclesial y servicio simplemente y universalmente humano, que hoy no es posible considerar y admirar su santidad, sin aceptar sinceramente y buscar comprender hasta lo más profundo las intenciones esenciales de su gobierno y de su magisterio eclesial e histórico" (card. Lercaro).

Al considerar el pontificado sobre la base de las "Agendas" resalta ante todo en Juan XXIII una conciencia vigilante y firme. Si el 20-2-62 anota "siento que valgo poco con relación a lo que querría hacer y decir. Paciencia", algunos meses más tarde no duda en escribir: "Soy Papa por voluntad del Señor que es mi buen testigo; pero ser un papagayo que repite de memoria el pensamiento y las palabras de otro, me mortifica mucho..." (Agenda 20-2 y 28-6-62).

Junto a la conciencia de sus propias responsabilidades, denota una delicada discreción por la que el papa no se permite siquiera una sugerencia para los trabajos del concilio Vaticano II sobre la reforma litúrgica...

La caracterización de Juan XXIII como el "papa bueno" llevaba a algunos a pensar que podían aprovecharse de su discreción. Roncalli no deja dudas sobre la firmeza del "papa manso y humilde", que para nada tiene la intención de ceder. "Veo que en la práctica todos deploran estas ambiciones eclesiásticas pero nadie tiene la valentía de hacerse cargo de hablar con cortesía y reverencia, y con claridad y verdadera caridad. Que el Señor me ayude" (Agenda 10-3-60). Y el 19-4-62 agrega que "el papa ama permanecer ‘manso y humilde' pero seguir adelante con valentía".

Como para la preparación del Concilio, solamente a la firmeza del Papa Juan se debe que la encíclica Pacem in terris, que inmortalizará al gran Pontífice, haya podido publicarse en la Pascua de 1963...

Sin embargo, el factor más propiamente "roncalliano" del pontificado de Juan XXIII, el que lo caracteriza de manera inconfundible y que da color a cada uno de sus actos, de los más solemnes a los más insignificantes, es el estilo. Juan XXIII ha estado escrupulosa e incesantemente atento a este aspecto. Sus "Agendas" están llenas de anotaciones sobre ello. Así, en abril de 1960 escribe que "en cuanto a la situación de acá, vale hoy más que nunca el ‘ver todo, disimular mucho, corregir poco'. La primera cosa que hay que cuidar aquí es la de tener en reserva la persona del papa, que no debe olvidar de permanecer siempre columna veritatis, pero también de honrar la definición que de él dio San Bernardo: El Papa es pater amabilis". Y en diciembre del mismo año es bien conciente que "mi temperamento me guía a ver en todo el mejor aspecto, en lugar de hacerlo en sentido pesimista... este encuentro -con el primado anglicano Fischer- fue feliz; no producirá grandes cosas, pero en la puerta de las grandes cuestiones de orden espiritual del mundo, ha dejado establecido un principio de confianza y de cortesía que es la introducción a la gracia".

No se le oculta que "la razón principal que vuelve al Papa respetado y amado en el mundo, por eclesiásticos y por el mundo laico, es su simple amabilidad, serena y calma" (Agenda 6-11-61). Hacia el final de su vida escribe que "no sé negarme a mí mismo el ser sincero con el Señor, de quien me profeso sobre todo el primero de los servidores en la Santa Iglesia sin ninguna pretensión de ponerme delante de quien sea" (1-11-62). Un estilo de amabilidad que se compromete sin cesar a "animar" a cada interlocutor y en toda circunstancia, confiando verdaderamente en el otro.

El conocimiento de las "Agendas" cotidianas, no modifica entonces la imagen pública de Juan XXIII. Esta imponente masa de escritos, no contiene "revelaciones" ni páginas sorprendentes, y mucho menos revela un Roncalli "privado". Como en su momento el conocimiento del "Diario del alma" confirmó y exaltó aquella imagen, ahora estas anotaciones (más simples, más frecuentes y necesariamente apuradas) dan testimonio de una inusual continuidad, o más bien identidad, entre la interioridad más personal del cristiano y la exterioridad más pública del Sumo Pontífice. Lo que es auténtico, bueno, verdadero para el Angelino de Sotto il Monte, sigue siéndolo para el Papa. La elección a la cátedra petrina revela y exalta, pero no modifica, al Roncalli de siempre... La serena y comprometedora determinación de permitir coexistir dos figuras: "Angelino de siempre" (el hijo de Marianna y Battista), con el sucesor de Pedro, sin que esta tuviese vergüenza de las virtudes o limitaciones de la primera, más aún, vivificando el pontificado romano con la simple virtud cristiana, ha dado al pontificado de Juan XXIII una transparencia capaz de encantar a todos.

Giuseppe Alberigo,

(Extractado del artículo ¿Roncalli "Privado"?, traducción en Cuadernos Vianney, n. 23) .

   

   



 


Autor: Prof. Giuseppe Alberigo.
Revista Umbrales, Uruguay, 28 de Septiembre de 2010

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