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La Esperanza que no defrauda a los educadores discípulos misioneros


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Esta exposición la entregó Monseñor Juan Francisco Pinilla, Vicario Episcopal para la Educación del Arzobispado de Santiago de Chile, en la Asamblea General del Colegio Seminario Menor, en Santiago el 18 de abril del año 2008.

La calidad y profundidad de su reflexión nos anima a publicarla, pensando en que es de utilidad para todo colegio de Iglesia. Nos brinda un estímulo y orientación para continuar fielmente nuestra labor educativa.

¿Cómo usar este texto?

Compartirlo en los distintos grupos y comunidades del colegio, y luego ver, discernir los caminos para concretar su llamado, en diversas instancias: personal o comunitaria (reuniones de comunidad, de curso, en la familia, etc). Estamos seguros que es posible responder a estos desafíos que la Iglesia nos invita a asumir.




La Esperanza que no defrauda a los educadores discípulos misioneros. 

El padre Felipe Ortega Casassus, Vicerrector pastoral del colegio, me propuso como tema de reflexión para este encuentro una cadena de conceptos: Esperanza - Discípulos misioneros - Colegio de Iglesia, acepté la provocación y es lo que les quiero entregar en las siguientes líneas.

Gracias al Señor que nos da hoy la oportunidad de hacer dialogar estas tres grandes realidades gravitantes en nuestro proyecto educativo como Colegio de Iglesia, y todo en un esfuerzo por acoger el más reciente magisterio de la Iglesia: una encíclica y una asamblea general del episcopado latino americano. En este sentido, estas reflexiones pueden ser una ayuda a la asimilación de estos acontecimientos suscitados por el Espíritu Santo para renovación de nuestro impulso misionero.

1. esperanza

La primera realidad que se nos propone es la esperanza, definida clásicamente como la virtud o fuerza, de los peregrinos, de los que se hallan en camino, de aquellos que se hallan en desarrollo y crecen.
Esperanza que el Papa Benedicto XVI, fiel a la Palabra de Dios define como la misma fe. En Spe salvi, nos comenta aquella especie de definición contenida en el cap. 11 de la carta a los Hebreos: la fe es sustancia de lo que se espera. Esta sustancia, es un "algo" de un futuro que se nos da ya en el presente y transforma la existencia . Esta sustancia que en toda su densidad de vida fue para los mártires primitivos la razón de renuncia a toda otra sustancia de este mundo, incluyendo la misma vida, y les daba también una nueva libertad ante el mundo.
Por esto mismo, afirma el Santo Padre: elemento distintivo de los cristianos (es) el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío.

De esta manera, continúa el Papa:

La fe otorga a la vida una base nueva, un nuevo fundamento sobre el que el hombre puede apoyarse, de tal manera que precisamente el fundamento habitual, la confianza en la renta material, queda relativizado. Se crea una nueva libertad ante este fundamento de la vida que sólo aparentemente es capaz de sustentarla, aunque con ello no se niega ciertamente su sentido normal.
Futuro y fundamento son los ejes de todo proyecto, sobre todo de un proyecto educativo.

2. discípulo

A la luz de un proyecto educativo podemos entonces preguntarnos: ¿Qué configura específicamente al discípulo? Pues, el encuentro significativo, aquella noticia performativa del evangelio. En la Biblia el discípulo es precisamente aquel que se deja instruir al interior de un proyecto de vida.

Por lo tanto, el discípulo cristiano recibe la esperanza por medio del encuentro con la Vida misma en persona: Jesucristo, y consecuente con este don que ha recibido, quiere comunicarlo a otros en su impulso misionero. Porque la esperanza que ha recibido no es esperanza sólo para sí, sino esperanza para otros, una esperanza capaz de crear comunión de vida y solidaridad de destino. El discípulo nace y crece en la Iglesia: en aquella comunión trinitaria en tensión misionera (Esquerda)

El discípulo de Cristo se define por el encuentro, mejor dicho, por la gracia del encuentro en que el mismo Dios le ha salido al encuentro, donde su propia búsqueda de vida y de sentido se ha visto colmada en una relación personal de vida y de amor: haber encontrado la vida eterna: Maestro, dónde moras. Vengan y lo verán.

3. misionero

Por esto el estado de misión en que la Iglesia se encuentra, y por lo mismo todos su colegios, es un estado de apertura al don de Dios, de asombro y de gratitud por su irrupción gratuita y santificante. Por eso san Pablo, el gran apóstol misionero, considera su tarea la única clave de comprensión de su existencia: ¡ay de mí, si no evangelizara!

Por lo tanto, la responsabilidad de la misión, del anuncio de esta Buena Noticia, supone la admiración siempre renovada del don del amor incondicional de Dios. Dice el Papa en su Encíclica:

No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor. Eso es válido incluso en el ámbito puramente intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de « redención » que da un nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta también de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: « Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rm 8,38-39). Si existe este amor absoluto con su certeza absoluta, entonces -sólo entonces- el hombre es « redimido », suceda lo que suceda en su caso particular. Esto es lo que se ha de entender cuando decimos que Jesucristo nos ha « redimido ».Por medio de Él estamos seguros de Dios, de un Dios que no es una lejana « causa primera » del mundo, porque su Hijo unigénito se ha hecho hombre y cada uno puede decir de Él: « Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí » (Ga 2,20) SS 26.

Este encuentro significativo otorga al discípulo una certeza: la del amor incondicional de Dios.
Las certezas a su vez fundan y anudan los valores y el sentido de la existencia humana.
Para el discípulo la constelación de los valores se anudan en la persona de Jesús.

4. colegio de Iglesia

De cara a la tarea de un Colegio católico todo confluye en su plan de formación de una persona donde habita Jesucristo y la transforma.

Por esta razón toda la tarea de la educación católica consiste en la conquista de las certezas de la fe.

1. Por su parte, nuestros obispos en Aparecida nos urgen a una profunda renovación de la escuela católica, que parte por la recuperación de la identidad católica por una auténtica pastoral de la educación participativa.

2. Esta renovación a la luz de la esperanza cristiana supone la buena noticia de ciertas certezas para vivir y para educar:

 

  • A 337: La Escuela católica está llamada a una profunda renovación. Debemos rescatar la identidad católica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero valiente y audaz, de modo que llegue a ser una opción profética plasmada en una pastoral de la educación participativa. Dichos proyectos deben promover la formación integral de la persona teniendo su fundamento en Cristo, con identidad eclesial y cultural, y con excelencia académica. Además, han de generar solidaridad y caridad con los más pobres. El acompañamiento de los procesos educativos, la participación en ellos de los padres de familia, y la formación de docentes, son tareas prioritarias de la pastoral educativa.

 

Para concluir quiero que profundicemos en esta tarea de renovación planteando algunas líneas de acción:

1. Renovación de las certezas de la esperanza cristiana como fundamentos de la construcción del proyecto de vida.

a. Ante todo, la certeza de amor incondicional de Dios para vivir y amar con sentido.

b. La certeza de la victoria de este amor sobre la muerte, sobre el mal y sobre el pecado.

c. La certeza del plan salvador de Dios sobre la historia de los hombres, el sentido cristiano de la libertad: el sí de María al Padre.

d. La certeza del futuro absoluto: la vida eterna y del juicio final, que no da lo mismo vivir de cualquier manera.


2. Renovación del respeto, respeto al profesor, el respeto a los demás, el respeto a sí mismo donde habita la figura de Cristo.

a. Pero entiendo bajo la virtud del respeto la condición absoluta del proceso de humanización de la educación de las personas y se expresa de maneras muy concretas y diversas. El respeto ciertamente marca un límite y por lo mismo nos refleja la identidad propia y crea los cauces para que la vida no se disuelva y alcance una meta, una realización personal y social. El respeto personal crea aquel espacio de autoconocimiento que vigoriza la personalidad. La falta de límite crea personalidades frágiles y blandengues.

b. El respeto prepara para la más alta actividad del hombre: el diálogo (Pablo VI), aprender a conversar y buscar la verdad, base para lo que el Papa JP II llamaba espiritualidad de la comunión, donde el rol de la familia es indispensable.

c. Respeto sin condiciones a la vida como don de Dios, lo que crea las condiciones de una auténtica ecología humana, el respeto en el lenguaje; hay una manera de hablar y de dirigirse a los demás que brota del evangelio; la vulgaridad ofende la dignidad del interlocutor, la amplitud del idioma suele redundar en amplitud de pensamiento; respeto también en el rigor del pensamiento y del cumplimiento del deber, hacia una cultura laboral; abandonar por tanto las generalizaciones, las vaguedades e incertidumbres; aprender también a callar.

d. El respeto es la primera y más humilde expresión de la caridad y del amor, y es la actitud del mismo Dios frente a su criatura, quien nunca se impone de ningún modo, sabe esperar y acompañar.

3. Participación de los padres y apoderados en el proyecto educativo del Colegio y el apoyo constante a sus hijos, una verdadera espiritualidad de la formación cristiana.

a. A los padres compete la primera y grave responsabilidad de educar a sus hijos y debe hallar en la comunidad formativa una aliada en su tarea formativa, no se puede descansar en que el Colegio lo hará todo.

b. Esto requiere conocer el proyecto educativo y adherir creativamente a él. Si los padres dicen una cosa y el colegio otra, crearemos personalidades escindidas, como matrimonio mal avenido, donde los hijos quedan sin rumbo.

4. Las motivaciones para la excelencia en términos de una concepción de la persona humana fundada desde Dios y como don para los demás.

Escuchamos hablar con mucha frecuencia de la excelencia académica, pero ésta es sólo un aspecto de la excelencia de la persona. Esto de frente a aquellas

  • A 328: ... exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado.

 

a. Hablamos de la excelencia humana a la que tiende todo el proceso educativo: formar no sólo buenas personas, o buenos alumnos, sino discípulos misioneros de Jesucristo, santos para el mundo.

b. La excelencia brota de la fidelidad a los dones que Dios puso en cada uno de sus hijos, pero no para sí mismo, sino para los demás. La excelencia tiene que estar animada desde dentro por el servicio, por el querer dar la vida, por el amor a la patria y al mundo.

c. Debemos abrir nuestro concepto de excelencia más allá de las notas, buscamos la excelencia en el amor. Sin temor a proponer la santidad.

5. El ambiente y el estilo formativo.

Todo esto se realiza en un clima educativo donde se respira la originalidad del cristianismo, en un ambiente que trasciende al solo profesor o profesora, que está más allá del aula.

a. Se trata del ambiente educativo global del Colegio como comunidad educativa, donde cada uno forma en todo y siempre; directivos, auxiliares, espacios: en una palabra el trato ético cristiano, que irradia belleza y nobleza.

b. El cuidado de este ambiente es vital para todo esfuerzo formador de personas, sin este ambiente no se logra la consistencia de los valores, que requieren siempre modelos y ejemplos. La comunidad educativa es el cómo de todos los principios.

Finalmente, a la luz de estas reflexiones quiero invitarlos ahora a compartir acerca de algunas preguntas:

1. ¿Qué convicciones o certezas de la fe nos habitan y nos mueven en nuestras opciones cotidianas? Enumerar tres priorizando.

2. De las líneas de acción sugeridas, ¿cuál me parece más importante y cómo la cultivamos?

3. ¿Qué excelencias estamos fomentando?

4. ¿En qué consiste el proyecto educativo de nuestro Colegio?

Les agradezco mucho su atención. Muchas gracias.

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Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino; La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía totalmente ausente; ... la fe nos da algo. Nos da ya ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una « prueba » de lo que aún no se ve. Ésta atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro « todavía-no ».



   



 


Autor: Pbro. Juan Francisco Pinilla
Asamblea General del Colegio Seminario Menor, Santiago 18 abril del año 2008.

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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