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Caminos para formar en la responsabilidad y compromiso social.


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Este documento es la ponencia de Juan Díaz Martínez. sj., quien fuera Vicario para la Educación del Arzobispado de Santiago de Chile, dado en el Acto de premiación para los alumnos de los colegios católicos de Santiago que han sido ejemplos de servicio y solidaridad, en Santiago de Chile el año 2006.

Es bueno recordar un antecedente histórico: el Padre Hurtado en Junio de 1943 le manda al Nuncio un informe acerca de la realidad que observaba en los colegios católicos. Decía que: "El sentido social en la formación es deficiente. La juventud que se educa en los colegios católicos no adquiere, de ordinario, en el colegio un sentido social cristiano: no toma conciencia de su responsabilidad social, se interesa poco por las obras en pro de la clase obrera (salvo algunos colegios); y tiene poca preocupación por actuar en su vida postescolar en forma socialmente útil. Su actitud inconscientemente es egoísta: sus exámenes y sus diversiones. . Este mal debería ser seriamente corregido desde el colegio" omega replica watches

¿Estamos dispuesto a esto? ¿los colegios de Iglesia lo están haciendo HOY, AQUI? , este artículo nos entrega algunas pistas.

 




RESPONSABILIDAD Y COMPROMISO SOCIAL DE LOS COLEGIOS DE IGLESIA

Comienzo la presentación de este tema con parte de un informe entregado por el Padre Hurtado al Nuncio, escrito en Junio de 1943, acerca de la realidad que observaba en los colegios católicos: "El sentido social en la formación es deficiente. La juventud que se educa en los colegios católicos no adquiere,replica watches de ordinario, en el colegio un sentido social cristiano: no toma conciencia de su responsabilidad social, se interesa poco por las obras en pro de la clase obrera (salvo algunos colegios); y tiene poca preocupación por actuar en su vida postescolar en forma socialmente útil. Su actitud inconscientemente es egoísta: sus exámenes y sus diversiones.

Este mal debería ser seriamente corregido desde el colegio y, quizás contribuiría entre otras medidas más profundas el que el colegio se gloriara públicamente de sus alumnos y ex-alumnos más eficientes socialmente hablando. Que los premios no constituyan un catálogo de los alumnos más aventajados y que menos trabajo han dado, sino también de los que se han destacado por su influencia social, su compañerismo, el empleo generoso de los tiempos libres. Podría darse cuenta con estima de las obras sociales que emprenden los alumnos, indicándose el aprecio en que las tiene la Dirección del Colegio" .

 

Esto último es lo que nos ha inspirado para hacer un reconocimiento a los alumnos de nuestros colegios que se han mostrado como ejemplos de actitud solidaria.
Quisiera invitarlos con mi reflexión hacer un sincero examen de conciencia acerca del cómo estamos formando en los colegios a nuestros alumnos en responsabilidad social. ¿El Padre Hurtado nos haría una crítica similar a la que hizo hace más de 60 años?

 

El Señor Cardenal en el último Te Deum hizo un ardiente llamado a todos los sectores del país a enfrentar la brutal desigualdad social que existe entre nosotros. En estas últimas semanas hemos escuchado la voz de algunos empresarios chilenos que hablan de revisar el actual modelo económico que provoca tanta inequidad. Es importante la discusión que se ha levantado al respecto.

Nosotros, que estamos educando a las generaciones que regirán los destinos de este país, debemos también tomar en serio este punto. Es de vital importancia. Por lo demás, son varias las oportunidades en que documentos magisteriales de la Iglesia nos han invitado a tomar conciencia de la realidad social y a proceder de manera evangélica:

 

  • "La escuela católica debe relacionarse con el mundo de la política, de la economía, de la cultura y con la sociedad en su complejidad. Concierne, por tanto, a la escuela católica afrontar con decisión la nueva situación cultural, presentarse como instancia crítica de proyectos educativos parciales...De este modo se pone de manifiesto claramente el rol público de la escuela católica...Ella desarrolla un servicio de utilidad pública...Desde siempre las escuelas católicas son promotoras de progreso social y de promoción de la persona" .
  • "La educación evangelizadora deberá...ejercer la función crítica propia de la verdadera educación, procurando regenerar permanentemente, desde el ángulo de la educación, las pautas culturales y las normas de interacción social que posibiliten la creación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna, es decir educación para la justicia...para el servicio...La educación católica ha de producir los agentes para el cambio permanente y orgánico que requiere la sociedad de América Latina mediante una formación cívica y política inspirada en la enseñanza social de la Iglesia" .
  • "Todo educador católico tiene en su vocación un trabajo de continua proyección social, ya que forma al hombre para su inserción en la sociedad, preparándolo a asumir un compromiso social ordenado a mejorar sus estructuras conformándolas con los principios evangélicos...Nuestro mundo...exige que el educador católico desarrolle en sí mismo y cultive en sus alumnos una exquisita sensibilidad social y una profunda responsabilidad civil y política" .

 

En estos y en otros documentos, se nos recuerda que nuestra labor educativa comprende el hecho que nuestros alumnos se sensibilicen y asuman el desafío de romper el círculo de la inequidad y exclusión que aún se mantiene en nuestro país. Nuestros proyectos educativos deben hacerse cargo de la situación. Deberíamos estar de acuerdo en el hecho que mediante la educación una sociedad reproduce y configura su identidad; y procura corregir, hasta donde eso es posible, las desigualdades que introducen la cuna y el azar natural; y mediante ella crea y fortalece eso que hoy suele llamarse capital humano . El colegio no es solamente una extensión del hogar. La experiencia que hace un niño en una escuela es una promesa que la sociedad hace a sus nuevos miembros de que su posición futura dependerá no de la cuna en la que haya venido al mundo, sino de su desempeño en la experiencia cognitiva y común que es la escuela.

¿Qué podemos hacer en concreto?

Recordemos que en tiempos pasados algunas congregaciones religiosas intentaron medidas. Algunas fueron símbolos. Otras fueron valientes pero demasiado idealistas. Pero lo cierto, es que en algunos colegios dejaron los uniformes exclusivos que los diferenciaban para vestir el de la mayoría. En algunos lugares se optó por marcar con un sello de austeridad y sencillez las fiestas de graduaciones y otras celebraciones. En algunos se suprimió el viaje de estudios y se reemplazó con actividades de acción social. En algunos colegios por principio rechazaron la idea de hacer el cobro de una cuota de incorporación. En algunos colegios se comenzaron con trabajos de fábrica durante una semana para los alumnos mayores viviendo ese tiempo en una población marginal, o de irse a vivir con familias de escasos recursos mientras se acudía al colegio, o actividades de misiones y trabajos durante las vacaciones de invierno y verano. Hubo un tiempo en que se quiso integrar en los cursos a niños cuyas familias nunca habrían podido costear un colegio particular. Recordarán que fueron los tiempos evocados en la película "Machuca".

No quiero desconocer que algunas de estas experiencias tenían serias imperfecciones y que en algunos casos se hizo muy difícil implementarlas a la larga. Pero hay que reconocer que hubo intentos de vencer barreras de clases, de cultura. Se tendieron puentes entre mundos muy distintos. A nuestros alumnos se les inculcó la responsabilidad social.

Nuestra Iglesia de Santiago ha recogido el llamado que hizo el último Sínodo Arquidiocesano de ofrecer educación de calidad para los más pobres. Esto llevó a crear la Corporación Educacional del Arzobispado y la Fundación Belén Educa, que construyen y administran colegios en sectores de alta vulnerabilidad social. Muchos colegios también hacen notables esfuerzos para tener un sistema de becas que permite a más niños educarse en sus instituciones.

El problema con el que podemos encontrarnos es una especie de acomodo, de resignación a no mezclar los mundos distintos que conviven en nuestra ciudad. El peligro que tenemos es legitimar la segregación. Nos oponemos con razón a que nuestros alumnos usen el preservativo que promueven las campañas en contra del Sida, pero aceptamos usar otros tipos de preservativos para que nuestros alumnos no se contagien con la realidad. Es, en palabras del Padre Hurtado, "la actitud simplista de poner a abrigo, de proteger, como si las influencias peores no las segregara cada uno, y las exteriores no llegaran como un huracán" . Basta con subir la colegiatura o la cuota de incorporación para impedir la diversidad. El peligro que tenemos también es que la sencillez de vida deje de ser un valor y gastemos en los colegios más de la cuenta.

Por otro lado, me ha tocado observar que no es un tema relevante en algunos colegios, por ejemplo, la inscripción electoral como deber moral y responsabilidad propia del cristiano. Simplemente no se habla de los deberes que tienen nuestros niños y jóvenes con la sociedad de la que forman parte. Tampoco se le da importancia a la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia. Conozco alumnos muy buenos, que ejercen la caridad visitando asilos y hospitales, pero que desconocen principios tan básicos de esta doctrina como es el destino universal de los bienes.

Según el reciente estudio hecho por el CISOC (Centro de Investigaciones Socioculturales) a jóvenes de cuarto medio de colegios de Santiago , pareciera que no está presente, suficientemente, una formación ética que ayude a dar pasos desde una reacción emocional frente a algo que conmueve (como podría ser dar dinero, alimentos, ropa para alguna actividad solidaria) hacia un compromiso mayor que perdura más allá del sentimiento inicial.

En ese mismo estudio se pone de manifiesto que la mayor parte de los jóvenes de cuarto medio declaran que no saben cómo orientar de manera concreta su sensibilidad ante la pobreza. Esto está indicando que, por insuficiencias de motivación e información, se está desperdiciando la oportunidad de integrar más masivamente a los jóvenes para trabajar solidariamente a favor de los más pobres de la sociedad.

Si uno contempla la vida de Alberto Hurtado, podemos notar que cuando joven pudo educarse en un buen colegio particular gracias a la beca que recibió, dado que su padre murió cuando él era niño y su familia tuvo que vivir como allegada con parientes. Por otro lado, era un alumno que participó desde muy joven en el partido conservador. Pero, gracias a la educación que recibió en el colegio, y gracias a que un sacerdote amigo le mostró los principios sociales de la Iglesia, se motivó para ir todos los fines de semana a ayudar en la Iglesia de Andacollo, en un sector muy pobre cerca del Mapocho. Luego, como estudiante de leyes, hizo su memoria acerca del reglamento del trabajo de los niños y del trabajo a domicilio. Se preocupó especialmente de la situación laboral de las costureras (¡Cuánto cuesta hacer un ojal!). Alberto desde el colegio fue sensibilizándose en los problemas reales que existían en su país.

De Santa Teresa de los Andes, educada en otro colegio famoso, se puede decir lo mismo. Se cuenta que un día revolucionó a toda su familia cuando llevo a su casa de Santiago a un niño muy pobre. Se llamaba "Juanito" y lo llevó para darle de comer y vestirlo. Se dice que luego rifó su propio reloj para comprarle unos zapatos. "Junté 30 pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos a Juanito y lo demás le diré a mi mamá que me lo tenga para dárselo a los pobres. Es tan rico dar. Así Juanito aprenderá a leer, a ser limpio, a ser bueno con su mamá" .

Si queremos más santos y santas en nuestro país, junto con la formación espiritual que debemos entregar a nuestros niños y jóvenes, nuestra responsabilidad será también inculcar conciencia social frente a la pobreza y al trato justo a las personas de menores recursos. Si priorizamos solamente la formación académica y el desarrollo individual de los talentos y metas, retrocedemos y reproducimos la desigualdad y la diferencia entre las personas.

No podemos sacrificar la profundidad de los valores humanos, en aras del pragmatismo o ajustarnos a las exigencias de los mercados de trabajo colocando al ser humano al servicio de la economía. Nuestros colegios no pueden ser neutrales ni las ciencias pedagógicas aparecer más centradas en los aspectos del reconocimiento fenomenológico y de la práctica educativa .

La conciencia de este problema ha llevado al Ministerio de Educación a emprender una más decidida educación cívica y social que combata el individualismo y fomente la justicia y la solidaridad. Participé el año pasado en la Comisión de Formación Ciudadana que analizó la situación y presentó una serie de recomendaciones . El Ministro ha anunciado en estas semanas cambios en el currículum, una nueva unidad sobre formación ciudadana en cuarto medio, la promoción de la lectura crítica de la prensa entre los escolares, evaluación de la formación ciudadana en el SIMCE de segundo medio a partir de 2008, un portal para ayudar la educación cívica de los jóvenes, perfeccionamiento de docentes y de los centros de alumnos. Además el Banco Central este año ha promovido en un interesante concurso acercar la economía para todos. En todas estas acciones queremos estar presente como colegios católicos y dar el ejemplo enseñando los principios sociales que se desprenden del Evangelio. Que desde niños nuestros alumnos se sientan responsables del futuro del país.

El Padre Hurtado en sus escritos pedagógicos hace una serie de recomendaciones que sería bueno tener presentes: 

 

  • "Los profesores deberían mantener vivo el interés de sus alumnos por todos los grandes problemas de nuestro tiempo y hacerles ver la relación entre su vida de estudiantes y esos problemas "
  • "Los educadores deben preocuparse de ejercitar a la juventud en la simpatía respecto a los otros. Esta simpatía no se ha de extender sólo a las personas: los enfermos, los pobres, sino también debe llegar hasta los animales, las plantas, las cosas. Educación social intensa: buenos modales, andar despacio en la noche, cerrar deliberadamente las puertas, hablar en voz baja para no despertar a los que duermen. Todos estos ejercicios acaban con el egoísmo innato y hacen que el niño se acostumbre a entrar en la mentalidad de los otros y a dominarse. La educación del sentimiento social, el espíritu de sacrificio, el obrar en función de los demás, el respeto por todos los otros seres que no son instrumentos de placer, sino hermanos en la lucha común, no puede ser descuidada ".
  • "El ideal democrático social de Dewey aspira también a una mayor nivelación económica y a dar a todos ocasiones iguales para surgir en la vida. Estas consecuencias, ¿cómo podrían ser siquiera discutidas? Ellas forman parte del patrimonio social de la iglesia, y el hecho que sea Dewey quien las expone, él que no es un católico, que ni siquiera cree en un Dios personal, no las debilita en manera alguna. Veinte siglos de cristianismo han dejado una huella demasiado honda en la sociedad para que pueda uno desentenderse de él; Y aún cuando se piensa obrar no como cristiano sino reaccionando contra principios llamados a veces falsamente cristianos, es en virtud de principios cristianos que procede el hombre" .
  • "La rehabilitación del carácter social de la educación junto a su aspecto individual, la toma de contacto del individuo con la realidad como medio de que pueda darse cuenta de las exigencias reales, el ensanchar el ambiente escolar y ponerlo en contacto con la vida real al mismo tiempo que le ofrece un ambiente simplificado, equilibrado; la significación que da a todo trabajo cuya dignidad social aparece de manifiesto; el ideal democrático que ofrece a todos el mayor número de posibilidades para escapar de las limitaciones de la vida, son principios que no pueden menos de ser aplaudidos calurosamente. Tal nos parece el juicio que ha de darse de los principios de pedagogía que están subyacentes en la construcción de Dewey" .
  • "La tarea más importante es que renazca el idealismo. Debemos preocuparnos todos de que haya más justicia social, más equidad, más bondad y consideración por todos" .

 

A mi no me cabe duda que San Alberto Hurtado hoy nos interpela a no resignarnos y aceptar las cosas así tal como están. Todo podría ser diferente y mejor. Nuestra tarea debe ser discriminar positivamente para revertir las injusticias que observamos en la sociedad chilena. Cuando me ha tocado visitar colegios, yo he visto chiquillos y chiquillas excelentes tanto en La Dehesa como en La Legua. Pienso que debemos desatar el nudo de las desigualdades para hacer de Chile un país integrado.

El Padre Hurtado nos hablaría nuevamente a nosotros de la responsabilidad social que tenemos en los colegios. Nos lanzaría su pregunta clave: ¿Qué haría Cristo en tu lugar para promover el sentido social en tu colegio? Nos diría que en Chile el sentido social es muy necesario. Con sus propias palabras: "nuestro país tiene una inmensa urgencia de que un minimun al menos de bienestar sea extendido a un gran número de ciudadanos que hoy carecen de una vida que se pueda llamar humana. Hay que derramar educación, riqueza, valores espirituales, fe, optimismo, confianza, en muchos que hoy desesperan del sentido de la vida. Esto no puede realizarse sin un hondo sentido social en aquellos que han tenido la dicha de recibir una educación y una mayor abundancia de bienes materiales y espirituales" .



   



 


Autor: Juan Díaz Martínez. sj.
Ponencia en premiación Alumnos Acto Vicaría para la Educación del Arzobispado de Santiago, nov 2006. Foto: P. Juan Díaz con parte de su Equipo de Trabajo del año 2006

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