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Catequesis y sacramentos de iniciación (Uruguay)


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Ofrecemos este estupendo material de la Arquidiócesis de Montevideo, Uruguay sobre CATEQUESIS Y SACRAMENTOS DE LA INICIACIÓN CRISTIANA.

Es parte del material producto del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo. Las Sesiones empezaron el pasado 3 de marzo hasta el 19 de noviembre 2009. El arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, hizo un positivo balance de este importante acontecimiento eclesial, que concluyó en la Celebración de Clausura el 20 de diciembre.

Una buena síntesis que puede servir para otros ambientes pastorales también.

1. Sostenidos por la acción del Espíritu, que invocamos en la oración, comenzó nuestro trabajo en este círculo del IV Sínodo Arquidiocesano. Damos gracias a Dios por este tiempo intenso de trabajo compartido en la diversidad de servicios y ministerios, de edades y géneros, de miradas desde las distintas realidades de nuestra Arquidiócesis. Más allá de lo que hemos reflexionado y proponemos reconocemos esta experiencia eclesial de comunión como muy valiosa y trascendente.




2. Desde el comienzo hubo consenso en tomar como base el Documento de Trabajo presentado a partir de la consulta arquidiocesana, especialmente en las definiciones y la visión de la realidad. Los 5 núcleos que elegimos fueron: ¿Qué es catequesis?, ¿Para qué catequizar?, ¿Quiénes son los agentes y a quienes se dirige?, ¿Cómo dar Catequesis? y ¿Dónde?

3. El presente documento, después de una Breve Introducción Histórica, define la identidad de la catequesis como momento privilegiado del proyecto evangelizador. Aspiramos a que éste sea promovido tanto en sus alcances como en sus agentes, para que se concrete como objetivo fundante de nuestra Iglesia local.

4. Uno de los aspectos nucleares de nuestras reflexiones ha sido el desafío de considerar la evangelización como proceso que se desarrolle, efectivamente, en distintas etapas e inculturado en nuestra realidad. En muchos casos hemos constatado que este proceso evangelizador carece de la primera y fundamental etapa del Primer anuncio.

5. Hemos subrayado también que este proyecto evangelizador debería orientarse hacia el Discipulado de Jesucristo e iniciar realmente en la vida cristiana a los que llamados por Él, optan por su seguimiento. En este marco, la iniciación sacramental se ubica en el tiempo privilegiado del camino catecumenal.

6. La integración comunitaria no es algo opcional, sino vivencia indispensable de la fidelidad al discipulado. Somos hijos de un mismo Padre, y por ende hermanos entre nosotros, llamados a vivir la comunión en una misma familia. La Eucaristía es fuente y culmen de esta vida comunitaria.

7. Con gran esperanza, abiertos a las novedades de los tiempos y al paso del Espíritu por la vida del pueblo de Dios que peregrina en Montevideo, dispuestos a la conversión y abiertos a los cambios, que ciertamente serán estimulados a través de la acción sinodal y sus conclusiones, ponemos en manos de todos nuestro trabajo.


Las siglas introducidas en el texto para indicar los documentos citados son las siguientes:
CEC Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
RICA Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (1972)
DCG Directorio General para la Catequesis (1997)
CAL "La Catequesis en América Latina" (Celam, 1999)
CT Catechesi Tradendae, Exhortación Apostólica (16.10.1979)
EN Evangelii Nuntiandi, Exhortación Apostólica (8.12.75)
NMI Novo Millenio Ineunte, Carta Apostólica (6.1.2001)

 

II. RESEÑA HISTÓRICA

2.1 CONTEXTO UNIVERSAL

8. El proceso de renovación catequética en la Arquidiócesis de Montevideo y en general en nuestro país hunde sus raíces en los cambios que se produjeron en la Iglesia universal desde fines del siglo XIX y comienzos del XX. Surgieron entonces en Italia (1873), Francia (1881-82), Alemania y Bélgica, algunos movimientos que combinaron la acción y la reflexión para revisar los contenidos de la catequesis y perfeccionar sus métodos. Más tarde, en 1936, surge el movimiento kerigmático, cuyos exponentes más importantes son Juggmann y Arnold.

9. Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) se asume la acentuación antropológica, según el pensamiento de Pablo VI en Evangelii Nuntiandi (76), la Iglesia da testimonio de Dios y al mismo tiempo de la propia solidaridad a los hombres. El anuncio de la fe expresa su inserción en las fuentes -la Biblia, la Liturgia-, así como su vinculación con los aportes de las Ciencias Humanas y Sociales. La situación concreta del ser humano es lugar de la presencia y acción de Dios. La catequesis ha de interpretar esa presencia, ayudada por la Palabra de Dios y una renovada pedagogía.

10. Desde Medellín (1968), se profundiza la acentuación antropológica, considerando al hombre en la situación concreta en que juega y decide su existencia. Se toma conciencia de que la fidelidad a Dios y al hombre ha de contar también con la fidelidad a la situación en la que el hombre se encuentra. En relación con estas acentuaciones, el catequista y la comunidad cristiana adquieren un lugar primordial en el planteo de la catequesis. El proceso culminará con la enseñanza de Juan Pablo II en Catechesis Tradendae (1979).

2.2 LA EVOLUCIÓN DE LA CATEQUESIS EN EL URUGUAY

11. En 1957, Mons. Luis Baccino, Obispo de San José de Mayo, atento a los cambios que se van produciendo en materia catequética empieza a formar a jóvenes sacerdotes y laicos. Envía gente al Instituto Lumen Vitae de Bruselas (Bélgica) que realiza un Curso Internacional para la formación de responsables diocesanos y nacionales de Catequesis. De él participan, en 1959, las primeras tres laicas enviadas por la Iglesia Uruguaya. El mismo año, Mons. Baccino escribe su Carta Pastoral "La Catequesis", que tendrá una gran repercusión en todo el país.

12. En los años sesenta, se comenzaron a poner los fundamentos de una renovación catequética en el Uruguay, con el arribo de las primeras personas que habían partido a formarse en Bélgica y Francia. No se vacilaba respecto de la necesidad de formar personas que desarrollaran los cambios.

13. En 1962, el Oficio Catequístico de San José, bajo la dirección del Pbro. Mario Hernández, se transforma en Equipo Nacional de Catequesis. Se elaboran los primeros materiales y se realizan cursos de formación para catequistas. Algunos son enviados a realizar cursos en el Instituto Catequético Latinoamericano de Santiago de Chile. En julio de ese año, se organiza una semana para responsables de organismos nacionales y diocesanos con la presencia de Jacques Audinet, del Instituto Catequístico de París, y Manuel Estepa, de Madrid. De allí surge la Declaración de Montevideo. En setiembre se publica el primer número de la Revista Catequesis.

14. En enero de 1964, tiene lugar un curso de catequesis en el Seminario Interdiocesano de Toledo, para seminaristas, religiosos y sacerdotes. Ese mismo año, viajan a formarse en el exterior (París y Madrid) catequistas de Montevideo. Se consolidan las bases del Oficio arquidiocesano que había comenzado a gestarse en 1963. El P. José Comblin dirige, en setiembre de 1964, una Semana sobre "Catequesis y Evangelización".

15. En 1967, se organiza el Equipo Nacional de Adultos, con catequistas especializados en París. En 10 años se formaron más de 30 personas. La influencia de la renovación de la Catequesis se ve plasmada, por primera vez, en el material llamado "El Señor hizo en mí maravillas".

16. En sintonía con el proceso de evolución de la catequesis en el ámbito universal, de la Catequesis situacional se pasará a la Catequesis comunitaria, que considera a la comunidad como la "fuente, el lugar y la meta de la Catequesis", expresión que encuentra su concreción en el Encuentro Latinoamericano de Catequesis (1982).

17. A partir de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo (1992), se desarrollará una nueva dimensión para la catequesis: la Catequesis inculturada. Ello coincide con la orientación subrayada por Juan Pablo II de llevar a cabo "una nueva evangelización".

2.3 LA EVOLUCIÓN DEL OFICIO CATEQUÍSTICO
EN MONTEVIDEO

18. El ejemplo del Oficio Catequístico de San José, anima a concretar la experiencia en Montevideo. Se comienza a trabajar con el Pbro. Orlando Romero, en la Curia de Montevideo. En el marco de la "Pastoral de Conjunto" promovida por el Arzobispo, Mons. Carlos Parteli, las prioridades del Oficio son:
a) La formación de catequistas en sus diversos niveles con equipos especializados: Parroquia, Colegio, Niños, Adolescentes, Adultos.
b) La elaboración de materiales, a cargo de los equipos correspondientes.
c) La animación zonal promovida por los coordinadores de cada parroquia.

19. En 1969 el Oficio Catequístico se muda a la calle Río Branco. En diciembre de cada año, en la casa del Serra Club en El Pinar, se evalúa el trabajo realizado y se planifica el año siguiente.

20. La tarea realizada en Montevideo llega también al interior del país. Se comparten los materiales y se participa en cursos de formación (Villa Guadalupe en Canelones, Hotel del Prado en Nueva Helvecia, Tacuarembó...). Dado que estos cursos tienen carácter nacional, es posible el intercambio de ideas con compañeros del interior que está también esforzándose por hacer su camino en las diferentes diócesis. Esto da lugar después al Instituto Superior de Catequesis (ISCA) promovido por la CEU.

21. En el año 2001, ante la disposición del Arzobispo, Mons. Nicolás Cotugno de acentuar la formación teológica básica para todos los agentes pastorales, el Oficio Catequístico agrega el curso "El Credo de Nuestra Fe" a sus programas de formación catequística. En 2003 el Oficio pasa a denominarse Instituto de Pastoral de Catequesis (IPC). Los formadores de los distintos equipos (menos el de adultos) se unen para adherirse a esta nueva propuesta de formación.

 

III. NÚCLEO 1: ¿QUÉ ES CATEQUESIS?

3.1 DEFINICIÓN DEL NÚCLEO

22. La catequesis es parte integrante y "momento" esencial de la evangelización, que tiene su expresión más íntegra en la profesión de fe en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es una acción de naturaleza eclesial, que tiene como finalidad la comunión con Jesucristo, quien nos habla como a amigos y nos llama a participar en el misterio de su propia vida. Las tareas fundamentales de la catequesis son: ayudar a conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo, iniciando y educando para la vida comunitaria y la misión (cf. DCG 78-86). La fuente de la catequesis es la Palabra de Dios, una Palabra que la Iglesia, guiada por el Espíritu, necesita interpretar continuamente y, al tiempo que la contempla con profundo espíritu de fe, la escucha, la custodia y la anuncia fielmente. La Palabra de Dios, contenida en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia, es celebrada en la liturgia, lugar en que es proclamada, escuchada, interiorizada y comentada, la Palabra de Dios resplandece en la vida de la Iglesia a través del testimonio de los cristianos y se manifiesta en los valores positivos que están esparcidos en la sociedad humana y en las diversas culturas (cf. DCG 94ss).

23. A) La precatequesis o etapa kerigmática, que sigue a la evangelización misionera es la primera expresión del proceso catequético. Esta es la etapa del primer anuncio dirigido a los que no han profesado su fe en Cristo, aunque hayan ya recibido algún sacramento (cf. DCG 61-62). Es el período en que se promueve la conversión a Jesucristo, y se ponen los cimientos al edificio de la fe, mediante un anuncio claro y explícito del Kerigma (cf. He. 10,34-43). Trasmitir el Kerigma no es sólo decir palabras y verdades, sino ante todo implica en quién lo dice una relación íntima con la Palabra de Dios, que es la persona de Jesús. Toda la comunidad se compromete a dar respuesta a estos hermanos que se acercan con el mismo pedido que los griegos dirigieron al apóstol Felipe "Queremos ver a Jesús" (Jn. 12,21). Este pedido resuena todavía hoy cuando nuestros contemporáneos piden a los creyentes "no solo que hablen de Cristo, sino que se lo hagan ver". (NMI 16)

24. B) La catequesis de iniciación cristiana. La catequesis está al servicio de la iniciación cristiana, educando en la fe para recibir los sacramentos de la iniciación, propiciando una profesión de fe viva, explícita y operante. Para ello, ha de constituir una formación orgánica y sistemática de la fe que, superando el nivel de la enseñanza, constituya un aprendizaje de toda la vida cristiana. Esto es posible en la medida en que la catequesis se desarrolle como formación básica esencial, centrada en lo nuclear de la experiencia cristiana, y en los valores evangélicos fundamentales. En cuanto catequesis de iniciación, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe, educando e instruyendo al mismo tiempo (cf. DCG 63-68).

25. C) Finalmente, el proceso de conversión va más allá de lo que proporciona la catequesis de iniciación y, por ello, la comunidad catequizadora propone un servicio de formación permanente. Esta formación tiene como destinatarios a cada uno de los cristianos, acompañándolo en su camino hacia la santidad, y a la comunidad cristiana en cuanto tal, para que vaya madurando no sólo en su vida interna de amor a Dios y de amor fraterno, sino también en su apertura al mundo como comunidad misionera que, disponible a la acción del Espíritu Santo y alimentada por la Palabra y el Cuerpo y la Sangre del Señor, crece en comunión viva en la caridad (cf. DCG 69ss).


3.2 VEMOS

26. Que la catequesis es un ámbito de gran interés y tradición en la Arquidiócesis. La formación de los catequistas, aunque desigual y definida desde distintas ópticas, es bastante extendida. Sin embargo nuestra catequesis es muchas veces el único ámbito de la evangelización, descuidándose el primer anuncio como etapa preliminar. Vemos que se ha priorizado a los niños como destinatarios descuidando a los demás.

27. En cuanto a la identidad, se habla de catequesis aludiendo a distintas formas de evangelización con la consecuente confusión en la propuesta evangelizadora y aún en la formación de catequistas. Nos falta clarificar y organizar más concretamente las distintas etapas de proceso de evangelización (ya que no todo es catequesis). No podemos reducir todo a unas "clases" de preparación inmediata a algún sacramento. En nuestra Arquidiócesis no se dan todavía los tres niveles propuestos por el Directorio Catequístico General.

28. Falta casi por completo una etapa específica de anuncio kerigmático. En la misma catequesis y en la predicación que tendrían que obviar en parte esta carencia inicial no hay una clara y constante dimensión kerigmática. Vemos una falla grande sobre todo en la recepción y acompañamiento de tantos bautizados que prácticamente no tienen ninguna vinculación con la comunidad cristiana.

3.3 ASPIRAMOS

29. UN PROCESO EN TRES NIVELES
Queremos un proceso de evangelización que tenga los tres niveles mencionados. El perfil y la identidad propia de la catequesis dentro de la acción evangelizadora global se desarrolla en vital articulación y complementariedad con los demás momentos. Pero si no se asume esta articulación la catequesis no puede suplir a las demás etapas. Su acción se desvirtúa y se llega a confundir, o con el primer anuncio que la precede, o con la educación permanente que la sigue; se confunde con la acción misionera, con la formación y reflexión teológicas, con la predicación o con el acompañamiento espiritual.

30. EN EL PLAN PASTORAL DE NUESTRA ARQUIDIÓCESIS
Queremos una catequesis que sea expresión de la vida de la Iglesia particular. Como María, queremos conservar fielmente el Evangelio en el corazón, anunciarlo, celebrarlo, vivirlo y trasmitirlo en la catequesis a todos los que se han decidido por el seguimiento a Jesucristo. Por ello, la catequesis ha de ser manifestación de la íntima comunión de toda la comunidad con su Pastor y con el Proyecto Pastoral como momento vital de una Pastoral de Conjunto de la diócesis. De distinta manera, siguiendo cada uno su propia vocación y disponibilidad para el servicio, todos los miembros de la Iglesia y cada comunidad en cuanto tal, han de sentir como propios la acción, la promoción y el desarrollo del ministerio catequético. La catequesis a que aspiramos sólo es posible como momento articulado en un proyecto evangelizador global de la arquidiócesis.

31. CATEQUESIS CRISTOCÉNTRICA Y TRINITARIA
Queremos una catequesis que ayude a los convertidos a conocer a ese Jesús al que se ha confiado la vida y el sentido de la vida. Para ello, será prioridad el reconocer a Jesús como el Camino, la Verdad, la Vida (Jn. 14,16.). Queremos una catequesis centrada en el misterio de la encarnación y salvación, en la vida, las enseñanzas, la muerte y resurrección de Jesús, profundamente pascual y abierta a su cumplimiento escatológico. En Cristo Jesús, el Dios Trinidad, comunidad vital de amor, se manifiesta al hombre como donación desbordante que invita al hombre a participar de la profundidad y maravilla de la vida divina. La infinita misericordia del Padre y el dinamismo vivificador del Espíritu Santo han de manifestarse al creyente como el contenido más profundo de lo que nos ha sido revelado en Jesús. Decir que sí a Jesucristo es decir que sí al Dios Trinidad y abandonarse en su fidelidad que en la fuerza del Espíritu hace nuevas todas las cosas. Por esto, la confesión de fe en Cristo ha de vincularse íntimamente con la confesión de fe trinitaria. Queremos una catequesis que, ratificando la profesión de fe en Dios, anime al cristiano a renunciar a servir cualquier absoluto humano: poder, placer, tener, liberándolo de cualquier ídolo al que pudiera esclavizarse. La fe en la Trinidad que constituye el modelo de toda comunidad en el amor, lleva al discípulo a manifestar que el amor a Dios y al prójimo es el principio que informa su ser y obrar (DCG 103).

32. CATEQUESIS ANTROPOCÉNTRICA
Decir que sí a Jesucristo es decir que sí al hombre. En Cristo, Dios y el hombre se encuentran en una sublime comunión. En Cristo, resplandece el misterio del amor que une lo divino y lo humano, y revela, en esa unión, el cumplimiento más hondo del amor de Dios que colma toda aspiración del hombre. Por ello, la catequesis ha de tomar a la persona como totalidad, con su mundo y su historia, con sus tristezas y alegrías, con sus logros, fracasos, debilidades, aspiraciones. Ha de dirigirse a cada persona que vive en el entretejido de su vida familiar y social, de su trabajo y su compromiso político en la construcción de la sociedad.

33. CATEQUESIS ENCARNADA E INCULTURADA
Queremos que la catequesis parta del anuncio explícito del Señor, y que se desarrolle a través de un relato gozoso, queremos una catequesis que se exprese en un mensaje claro, motivador, renovador, esperanzador, salvífico. Para esto debe ser un mensaje integral y profundamente inculturado. Queremos que en el proceso catequético se manifieste y se haga presente el profundo dinamismo de la encarnación. El Verbo se hizo carne, historia, mundo, hizo suyas las circunstancias concretas de un tiempo, de un lugar, de un pueblo concreto, penetró hasta sus raíces todas las dimensiones del hombre en su mundo y su historia, para hacer presente, en las condiciones, en el lenguaje, en el sentir de ese tiempo y lugar concretos, el inmenso designio de Dios. El proceso catequético, acción de toda la comunidad creyente que comparte la misma fe, se enriquece también con los valores de nuestra propia cultura para responder a las aspiraciones más profundas de todos nuestros hermanos y hermanas.

3.4 PROPONEMOS

34. Que se proponga un itinerario completo de evangelización con diversas etapas:
a) misiones y experiencias de primer anuncio (cf. DCG 62);
b) pre-catequesis en ocasión de momentos importantes de la vida (bautismo e iniciación cristiana de los niños y adolescentes, matrimonio);
c) catequesis de iniciación cristiana (para niños, jóvenes y adultos);
d) catequesis permanente para la comunidad cristiana a lo largo del año litúrgico y catequesis de profundización dirigida a los agentes pastorales.

35. Que la Vicaría Pastoral proponga distintas experiencias de primer anuncio (misiones, retiros, encuentros de fuerte conversión) y promueva el intercambio de estas iniciativas. Que el anuncio kerigmático esté presente en todo el proceso catecumenal, especialmente en las catequesis prebautismales, prematrimoniales y de iniciación cristiana.

36. Que la actual catequesis sacramental de niños y adolescentes, se reformule como un proceso integral de iniciación a la fe cristiana (que no se hable más de catequesis de Primera Comunión). Este proceso, después del primer anuncio y con diversas etapas (entrega de los evangelios, renovación del bautismo, reconciliación, eucaristía y confirmación), propone a las familias y a sus hijos un proceso de discipulado.

 

IV. NÚCLEO 2: ¿PARA QUÉ CATEQUIZAR?

4.1 DEFINICIÓN DEL NÚCLEO

37. El proceso gradual y progresivo de la Catequesis, después de descubrir y aceptar personalmente a Cristo en la vida de cada uno, prevé un conocimiento más profundo de su persona y su mensaje para poderlo amar y servir de todo corazón y llegar así a una plena adhesión a él, integrándose a la comunidad.

38. El proceso catequético, que nos hace conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo, parte del anuncio explícito del Señor que se ha hecho uno de nosotros por nuestra salvación, que por nosotros vivió, predicó el Reino, murió, resucitó. La adhesión a Jesucristo se realiza como adhesión al testimonio de la comunidad de testigos que constituye, en Cristo Vivo, Resucitado y Glorificado, el misterio de la Iglesia sacramento universal de salvación.

39. No es posible el encuentro y la adhesión a Jesucristo al margen de la comunidad, y desde el comienzo mismo de la vida cristiana, la configuración al Señor que nos es dada en el bautismo, es el mismo acontecimiento en que somos hechos miembros de su Cuerpo, la comunidad eclesial Por ello, la catequesis, que sirve para fortalecer y desarrollar la vitalidad de la adhesión al Señor, anima, conduce, educa para la integración vital y plena en la vida de la comunidad, sirviendo a su crecimiento y desarrollo. De esta manera, la catequesis responde al mandato del Señor que, así como el Padre lo envió, nos envía y hace partícipes de su misión para alcanzar con su mensaje a todos los hombres, hasta los confines de la tierra.

4.2 VEMOS

40. Sigue siendo una riqueza y un desafío todas las personas que se acercan con las más variadas motivaciones en busca de un sacramento. La catequesis se ofrece y se pide, en muchos lugares, con una finalidad sacramental en detrimento del seguimiento de Jesucristo al que no conocen y mucho menos adhieren. Mucha gente piensa que los sacramentos de iniciación son para una etapa exclusiva de la vida: Bautismo para niños pequeños, Comunión para niños o adolescentes y la Confirmación es poco conocida. La catequesis es concebida como algo a término. Los adultos, en general, se sienten fuera de estas expectativas y aún los que participan de alguna actividad comunitaria no encuentran ámbito de profundizar su fe si ya recibieron los sacramentos. Los niños se acercan, muchas veces porque un amigo los invita, porque la familia piensa que no tiene nada de malo, y en muy pocas ocasiones porque el grupo familiar tenga interés en que se haga "discípulo".

41. Hay algunas valiosas experiencias de catecumenado de jóvenes y adultos, con la formación de algunos catequistas, pero con una gran limitación, como es el no haber prestado casi atención a los aspectos litúrgicos de la iniciación de jóvenes y adultos. Vemos un poco de desorden en los criterios que rigen la catequesis sacramental en la diócesis; todavía no se pone en práctica la riqueza que ofrece el Ritual de la Iniciación Cristiana para Adultos (RICA). No hay pautas comunes para todas las comunidades, ni instancias diocesanas convenientemente articuladas con las parroquiales.

4.3 ASPIRAMOS

42. A que en todas las comunidades parroquiales se experimente la riqueza de este proceso catecumenal, siguiendo criterios y pautas comunes para toda la arquidiócesis. Se aprovecharía entonces, toda la riqueza pastoral de la iniciación cristiana, en la combinación de sus elementos litúrgico-catequéticos, recuperando una fuente fundamental de la dimensión eclesial de todo el proceso, y toda una serie de posibilidades de interacción de los catecúmenos con la comunidad.

43. A una catequesis kerygmática que no presuponga el primer anuncio que tenga un lenguaje claro en cuanto a camino de seguimiento a Jesucristo. Un proyecto catequético que tenga en cuenta como desafío y oportunidad atender a los padres o familiares de los niños que se acercan considerándolos en el momento que "viven" en su proceso de evangelización sin condicionamientos para la participación de los niños o adolescentes. Del mismo modo, hay que tener en cuenta, la atención de otros adultos que se acercan a nuestras comunidades, para preparar el Bautismo de sus niños, o el Sacramento del Matrimonio, o dentro del marco de la evangelización misionera habitual, pensada para quienes aún no han recibido el primer anuncio de la fe.

44. El anuncio ha de desarrollarse a través de un testimonio gozoso, que se traduzca en un mensaje claro, motivador, renovador, esperanzador, y salvífico. Este anuncio ha de desencadenar un proceso liberador que abra a la salvación definitiva. Para ello ha de ser un mensaje integral y profundamente inculturado.

45. El anuncio del Evangelio ilumina y transforma la realidad, para abrir todas las dimensiones de la vida a la realización plena, que son posibles si nos decidimos por Dios como camino y meta de nuestra existencia. La catequesis ha de decidirse, en su propuesta, en sus métodos, en sus itinerarios, en sus pedagogías, por vivir y desarrollarse en esa tensión que constituye la realidad que Dios nos abre, en la realidad concreta en que nos toca vivir.

46. A que el servicio que presta la catequesis en la preparación a los sacramentos y su vivencia plena, se ubique en el horizonte más amplio del llamado a comprender la vida personal, en la riqueza de relaciones de la comunidad. Por tanto la catequesis no puede reducir su horizonte de acción, concentrándose únicamente en la preparación a la recepción de los sacramentos, porque le faltaría una dimensión de vivencia plena de la fe a nivel personal y eclesial. A la inversa, una catequesis que no abriera los corazones al don de la gracia sacramental, y no preparara a los catecúmenos a celebrar su fe, a través de la liturgia eclesial, cuyo culmen es la Eucaristía, terminaría siendo una estéril recepción teórica de enseñanzas, que no llevaría a una unión de la fe y la vida.

4.4 PROPONEMOS

47. Que se promueva el conocimiento de la persona de Jesús y de su mensaje, para los que todavía no abrazaron la fe, o aun siendo bautizados nunca la han profundizado. Que se elaboren materiales adecuados para el primer anuncio del kerigma cristiano (por ejemplo un libro básico de "Oración del cristiano", o un "Evangelio para el catecúmeno").

48. Que se incluyan en los itinerarios de iniciación cristiana espacios concretos de inserción comunitaria en lo litúrgico y en todos los ámbitos de la vida pastoral, que posibiliten tanto a los catecúmenos como al resto de la comunidad vivir este discipulado que comparten.

49. Que se promueva la coordinación de la catequesis a través de las estructuras de comunión ya existentes, como son los consejos parroquiales, las coordinaciones zonales de catequesis y su integración a los CPZ, en un encuadre de coordinación diocesana.

 

V. NÚCLEO 3: ¿QUIÉNES SON LOS AGENTES   Y A QUIÉNES SE DIRIGE?

5.1 DEFINICIÓN DEL NÚCLEO

50. Dios se revela plenamente a su pueblo en Jesús, enviado para anunciar e instaurar el Reino de Dios. La Iglesia es heredera de ese envío que hace suya la tarea de educar en la fe e integrar a la vida comunitaria. En esa comunidad el Espíritu llama a todos según su propia vocación y ministerio para evangelizar. María es madre y modelo de la Iglesia evangelizadora.

51. Jesús es el primer evangelizador. Es la revelación de sí mismo, con palabras y obras, con señales y milagros que llega a su plenitud con su muerte, su resurrección y el envío del Espíritu Santo (cf. EN 6-12). El Espíritu Santo es el catequista del corazón, el maestro interior, el que educa, enciende de fervor y transforma a los discípulos en testigos. La catequesis es obra del Espíritu: Él regala las palabras, inspira, modela, da a conocer el misterio de Cristo e impulsa al testimonio con la palabra y la vida.

52. La Iglesia, congregada en nombre del Señor, acoge la Buena Noticia y es constituida en una comunidad evangelizadora. Con la fuerza del Espíritu Santo anuncia y comunica lo que ha recibido como contenido de su fe, razón de su esperanza y motivación de su caridad. La Iglesia existe para evangelizar y comienza por evangelizarse a sí misma: escucha la Palabra, se alimenta de la Eucaristía, vive y crece como comunidad fraterna. Esto significa que la acción catequética no es una acción individual sino profundamente eclesial, en unión con la misión de la Iglesia y en comunión con las orientaciones de su Pastor, articulada en una Pastoral orgánica diocesana (cf. DCG 220-221). La catequesis constituye una tarea prioritaria de la acción pastoral. El único que enseña es Cristo, la Iglesia y sus enviados son sus portavoces.

53. La Iglesia entera es catequista y cada uno en ella tiene distintas tareas y responsabilidades (cf. EN 13; 15; 59). Se destaca el ministerio del Obispo como el primer responsable, catequista por excelencia (cf. CT 63). En comunión con él, los presbíteros y diáconos son educadores de la fe y desarrollan en sus comunidades una obra catequética bien estructurada. También los religiosos son llamados a estar disponibles para servir en la catequesis (cf. CT 65; DGC 224-229). Es también un ministerio específico de los laicos, de los movimientos y de la familia que tienen la misión insustituible, que precede, acompaña y enriquece a la catequesis en lo cotidiano de la vida. (cf. CT 66-70; DGC 226-231).

54. El catequista se caracteriza por las siguientes condiciones humanas que están al servicio de la vivencia de fe: persona con equilibrio psicológico, con capacidad de relacionarse, de escuchar y comunicarse, de abrirse a los cambios. Una persona capaz de situarse en su realidad y de hacer camino con otros con responsabilidad, sensibilidad y conciencia crítica. Vive su ministerio como vocación, tiene experiencia de fe y da testimonio de vida. El catequista descubre en los acontecimientos los signos de Dios; conoce la Palabra, la contempla, ahonda, se deja interpelar y guiar por ella. El catequista ha de vivir en fidelidad a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia, alimentando su vocación y misión con la oración y la vida de los sacramentos. y asumiendo el desafío de una formación permanente en los diversos ámbitos: bíblico, doctrinal, pedagógico, de la comunicación.

55. El catequista asume su servicio en nombre de la comunidad en la que ha de estar inserto. Antes que la necesaria capacitación didáctica y técnica del ministerio del catequista, es esencial que su ministerio sea expresión de su vivencia personal y comunitaria de la fe. Es necesario que viva lo que anuncia y que lo haga en comunidad. Debe vivir su experiencia cristiana y su misión también en y desde una comunidad de catequistas, en la que encuentra la oportunidad para la oración, celebración, reflexión, planificación, evaluación en común. De este modo, el grupo de catequistas expresa el carácter comunitario de la tarea catequética: no se puede recorrer este camino en solitario. Esta vivencia comunitaria del ministerio ayuda a que la Catequesis sea una misión que se vive con alegría y satisfacción, transformándose en pasión por el Dios del Amor. El catequista es eminentemente un comunicador. Catequizar es comunicar.

56. El primer destinatario de la catequesis es la comunidad cristiana, como comunidad de fe y celebración, como ámbito fraterno de comunión, como sacramento de Cristo. Todo bautizado tiene derecho a una catequesis adecuada, ofrecida de una manera conveniente y satisfactoria. Desde el principio de su actividad evangelizadora, Jesús nos indica el camino: la prioridad está en el anuncio de la Buena Noticia del Reino, a todos (cf. Lc 4,43), especialmente a los más pobres (cf. Lc 4,18). Todos, los mayores y los pequeños, ricos y pobres, sanos y enfermos, lejanos y próximos son destinatarios del Evangelio. Este camino, que Jesús recorrió a lo largo de su vida, culmina con el mandato a los discípulos a continuar su misión hasta los confines del mundo y el fin de los tiempos.

57. Considerando las distintas edades, la catequesis ha de ser diversificada y, a la vez, las propuestas han de complementarse. Dado que se trata de una educación en la fe, necesita abrirse a las nuevas realidades y desafíos de modo permanente, y requiere siempre de una traducción e inculturación.

5.2 VEMOS

58. Los catequistas constituyen una realidad gozosa y consoladora para nuestra Iglesia, que podemos constatar en los diversos ámbitos de evangelización. Su vocación y misión se alimentan en el rico camino de la Iglesia universal, latinoamericana y uruguaya. Son una presencia responsable, creativa, comprometida, inserta en la realidad, con un buen nivel de formación, y que se renueva y actualiza permanentemente. Sin embargo, no todos están insertos en su comunidad, ni todos tienen la formación específica para su ministerio.

59. En Montevideo, atendiendo a los resultados de la encuesta realizada en octubre del 2002 con motivo del II Congreso Nacional de Catequesis, resulta evidente que los destinatarios de la catequesis que reciben mayor atención, son los niños. Otros destinatarios también reciben atención, pero en una proporción mucho menor y, en algunos casos, ocasional. Esto se comprende teniendo en cuenta que la catequesis de infancia tiene mucho que ver con las tradiciones religiosas, que hacen del Bautismo o la Primera Comunión la puerta de entrada para muchos que se acercan a las comunidades pidiendo estos sacramentos para sus hijos. Esta fe es muchas veces muy pobre en fundamentos, en vivencias, en experiencias de vida comunitaria y eclesial. Ello constituye un verdadero desafío para las comunidades que han de desarrollar una estructura preparada para recibirlos e integrarlos a la comunidad.

60. La catequesis de adolescentes cuenta con una participación y asistencia muy limitadas. Algunos esfuerzos como la creación de materiales adecuados y la invitación a vivir experiencias fuertes de espiritualidad y solidaridad, carecen habitualmente de articulación con el resto de los itinerarios catequéticos.

61. Tampoco para los jóvenes existe una propuesta catequética articulada y, una vez celebrado el sacramento de la confirmación, se constata en muchos casos el abandono de la comunidad y de la vida cristiana práctica. Los itinerarios de preparación a este sacramento carecen de unidad y criterios comunes: hay preparaciones fugaces, y hay itinerarios de un año y medio o dos. No obstante, en algunos lugares la preparación a este sacramento se vincula a experiencias de compromisos y acciones de apostolado que promueven la entrega de los jóvenes.

62. La catequesis de adultos en nuestras comunidades, salvo pocas excepciones, está orientada y programada como preparación para la celebración del Matrimonio, el Bautismo o el acompañamiento de la "Primera Comunión" de los hijos. Existen catequistas formados pero frecuentemente carentes de la necesaria actualización. Se está en una etapa de revisión y elaboración de itinerarios más fieles al mensaje a ser anunciado y que promuevan la integración comunitaria.

63. En algunas comunidades se han creado grupos para las personas de la tercera edad. Pero en el nivel estrictamente catequético no existe coordinación entre estas experiencias e incluso se conoce poco de sus esfuerzos.

64. La catequesis para personas con capacidades diferentes se reduce a los intentos de contadas comunidades que, con gran disponibilidad, tratan de hacer lo mejor que pueden, sin contar generalmente con catequistas formados para ello y materiales adecuados a las distintas realidades.

65. En síntesis, hemos visto el gran abanico de destinatarios de la catequesis en nuestra arquidiócesis: variedad por sus edades, situaciones personales, ambientes sociales, acentuaciones culturales y motivaciones. Pero, si bien la realidad nos presenta una gran diversidad, falta potenciar la acción pastoral, particularmente de la catequesis, en todas las comunidades cristianas. En lo que se refiere a la catequesis (o pre-catequesis) sacramental, vemos que el bautismo, sigue siendo uno de los sacramentos menos resaltados en nuestra acción pastoral. En la iniciación cristiana de adultos hay todavía muchas incongruencias, como es la práctica bastante extendida de administrar la eucaristía antes de la confirmación, como si fuera oportuno preparar a un adulto para la eucaristía sin considerarlo preparado para la confirmación.

5.3 ASPIRAMOS

66. A que la comunidad, en cuanto catequista, pueda desarrollar una catequesis para todos, que no sea obstáculo para quienes se acercan, para quienes buscan, y miran hacia el Señor y la Iglesia desde sus tradiciones. El desafío consiste en desarrollar una catequesis para todos, aceptándolos como son, como vienen, y valorando las motivaciones que los orientan a la comunidad cristiana. Esta catequesis no puede tener su fuente exclusivamente en los catequistas, sino que ha de ser una acción de toda la comunidad que acoge y acompaña, recibe y se alegra por cada uno que llama a la puerta, o que llamado, responde.

67. A que los catequistas sean personas equilibradas y generosas, cristianos comprometidos, que vivan su fe, la celebren asiduamente y estén insertos en la comunidad eclesial, recibiendo la formación específica.

68. A que la coordinación de la catequesis sea mucho más que una agenda de reuniones de intercambio y planificación. Se trata de promover una espiritualidad de comunión que recorra toda la actividad pastoral, en sus proyectos y en sus agentes, y haga posible una respuesta integral, global, que unifique a las personas que, muchas veces, se sienten tironeadas desde diversos ámbitos pastorales que parecen competir por ellas.

69. A que las comunidades cristianas desarrollen una receptividad acogedora y tomen conciencia de la realidad de tantos que se acercan a ellas, de manera ocasional y transitoria, a los efectos de potenciar el aspecto testimonial de la comunidad de fe. En muchas ocasiones nuestras comunidades parecen indiferentes ante quienes se acercan y antes que acoger, recibir, comprender la situación del que llega, plantean simplemente exigencias que, teniendo en cuenta la realidad de fe de quienes se acercan, resultan incomprensibles y producen incluso la sensación de rechazo.

70. A que al ofrecer un proceso de discipulado a los adultos no dejemos de lado a los que, guiados por sus tradiciones y el aspecto social vinculado a los sacramentos, se presentan a pedirlos sin tener ninguna vinculación con la Iglesia, en ellos existe muchas veces una real búsqueda del sentido de la vida y de Dios, que exige una actitud de disponibilidad y acompañamiento. Una opción preferencial por los jóvenes y los adultos en la catequesis exige el desarrollo de estructuras nuevas, al servicio de procesos evangelizadores que se han de buscar y concretar.

5.4 PROPONEMOS

71. Que el Responsable de la catequesis de la parroquia o del colegio, junto con su equipo pastoral, elija a las y a los catequistas idóneos (ver n. 5), y se haga responsable de ello ante la comunidad. Que las personas encargadas de este ministerio reciban el envío en una celebración litúrgica de la comunidad en la que están insertos; que su ministerio sea conferido por un tiempo determinado y, tras una evaluación, le sea renovado periódicamente.

72. Que el IPC se encargue de la formación de todos los catequistas de Parroquias y Colegios. Dicha formación será a nivel básico y permanente, a través de itinerarios establecidos.

73. Que el IPC continúe promoviendo una descentralización por zonas de la formación catequética, sobre todo en la etapa inicial.

74. Que se ofrezca el proceso de discipulado a todos los que pidan los sacramentos de iniciación Cristiana:
a) para los jóvenes y adultos no bautizados que se respete cuanto se dice en el RICA (las distintas etapas y la recepción conjunta de los tres sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación, Eucaristía);
b) para los niños y adolescentes (que recibieron el Bautismo de pequeños, o no) que se haga un proceso gradual para cambiar la actual praxis de preparación sacramental, apuntando a las indicaciones del RICA.

75. Que se cree un servicio diocesano de catecumenado de jóvenes y adultos para su Iniciación Cristiana o para ofrecer un camino de discipulado, a los ya hayan recibido los sacramentos y aún les falte una verdadera Iniciación a la Fe.

 

VI. NÚCLEO 4: ¿CÓMO DAR LA CATEQUESIS?

6.1 DEFINICIÓN DEL NÚCLEO

76. El contenido de la catequesis, la Buena Noticia de la salvación, es profundizado mediante una metodología de reflexión y estudio sistemático, de toma de conciencia y de compromiso de fe y dimensión celebrativa, que necesariamente tiene repercusiones en la vida personal y comunitaria (cf. CT 26). Esta pedagogía de la fe, (expresada en nuestra tradición eclesial por la metodología del "Ver, Juzgar, Actuar" y sus múltiples aplicaciones), es parte importante de la transmisión del mensaje. A lo largo de los tiempos, las metodologías han ido cambiando, enriqueciéndose, desde la transmisión oral del mensaje del mismo Jesús y sus Apóstoles, hasta la rica variedad de métodos de nuestros tiempos.

77. La catequesis tiene su primer paso metodológico en una clara e imprescindible proclamación del Kerigma: Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación, muerto y resucitado, ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y misericordia de Dios (cf. EN 27). Es importante también que la evangelización no sea hecha de forma superficial, como un barniz, sino que sea de una manera vital y profunda, que llegue hasta las raíces de la cultura y las culturas de los hombres, tomando siempre como punto de partida la persona y las relaciones de las personas entre sí y con Dios (cf. EN 20). Para ello la Buena Nueva debe proclamarse, en primer lugar, mediante el testimonio (cf. EN 21). El mensaje, bajo el signo de la esperanza, afecta toda la vida del hombre. Es un mensaje de liberación, de promoción humana, que no se reduce a los asuntos meramente temporales y que promueve la necesaria conversión (cf. EN 28-36).

78. La importancia evidente del contenido no puede dejar de lado la importancia de los métodos y medios utilizados al servicio de la evangelización (cf. EN 40), que han de ser adaptados a la edad, la cultura, la capacidad de las personas, tratando de fijar en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deben impregnar la vida entera (cf. EN 44). El método es un medio para educar en la fe. En este sentido, la catequesis se diferencia de las otras formas de presentación de la Palabra de Dios:
a) es una enseñanza sistemática, no improvisada, que sigue un programa que permite llegar a un fin preciso;
b) es una enseñanza básica, que no pretende abordar todas las cuestiones disputadas ni transformarse en una investigación teológica o exégesis científica;
c) es una enseñanza bastante completa, que no se detiene en el primer anuncio del misterio cristiano (kerygma);
d) es una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida (cf. CT 21).

79. Algunos itinerarios de catequesis parten del método deductivo, que tienen su fuente en el anuncio del mensaje, expresado en los principales documentos de la fe (Biblia, liturgia, doctrina) y los aplica a la vida. Otros itinerarios se basan sobre el método inductivo que consiste en la presentación de hechos (acontecimientos bíblicos, actos litúrgicos, hechos de la vida) a fin de descubrir en ellos el significado que pueden tener en la Revelación divina. Este método no excluye sino que más bien exige el deductivo, que explica y describe los hechos procediendo desde sus causas. Pero la síntesis deductiva tendrá efecto sólo cuando se haya hecho el proceso inductivo. Este último método es llamado también existencial o ascendente, porque parte de los problemas y situaciones humanas y los ilumina con la luz de la Palabra de Dios. De por sí los varios métodos son modos de acceso legítimos si se respetan todos los factores en juego, el misterio de la gracia y el hecho humano, la comprensión de la fe y el proceso de racionalidad (cf. DCG 151).

80. No podemos oponer una catequesis que tome su punto de partida en la vida, a una catequesis doctrinal y sistemática (cf. CT 22). Por esto, conviene que el método cumpla una ley fundamental: la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre en una misma actitud de amor (cf. CT 55). Este principio lleva a evitar toda contraposición o separación entre método y contenido, afirmando su necesaria correlación e interacción. El catequista reconoce que el método está al servicio de la Revelación y la conversión y por eso ha de servirse de él. El contenido de la catequesis no es indiferente a cualquier método, sino que exige un proceso de transmisión adecuado a la naturaleza del mensaje, a sus fuentes y lenguajes, a las circunstancias concretas de la comunidad eclesial, a la condición de cada uno de los fieles a los que se dirige la catequesis (cf. DCG 149).

6.2 VEMOS

81. Que una de las fortalezas de nuestra catequesis es la importante valoración que hace de la experiencia humana. Los intereses, interrogantes, esperanzas, inquietudes y juicios que confluyen en un cierto deseo de transformar la existencia, son valorados para que la persona aprenda a comportarse de modo activo y responsable ante el don de Dios. La experiencia ayuda a hacer inteligible el mensaje cristiano. Esto se ajusta al modo de obrar de Jesús, que se sirvió de experiencias y situaciones humanas para anunciar realidades trascendentes.

82. Que en la reunión de catequesis, la metodología y la pedagogía evangelizadora muchas veces corren el riesgo de ser reducidas a simples técnicas de animación (un buen manual de catequesis, dinámicas, lindos materiales). Otras veces se corre el riego opuesto de una árida presentación de los contenidos sin contar con el "modo" propio del anuncio evangélico y la pedagogía específica de Dios que se revela. En ciertos casos creemos que la labor catequética es capaz de hacer efectiva la catequesis prescindiendo o no teniendo debidamente en cuenta la acción del Espíritu sobre los catequistas y los catequizandos. La iluminación y la interpretación de la experiencia a la luz de la fe hace posible la interacción entre las experiencias humanas profundas y el mensaje revelado (cf. DCG 153).

6.3 ASPIRAMOS

83. A valorar el Principio metodológico integral. En nuestros días, se habla mucho de educación integral, entendiendo por tal la que concibe al hombre como una totalidad. Sin embargo, muchas veces, se sigue realizando una educación de forma compartimentada.

84. A profundizar la interacción Fe y Vida. La fórmula educar evangelizando y evangelizar educando da un aporte fundamental al principio de integralidad, que se da cuando se logra la síntesis fe-vida. Más que una simple integración (asociada a la idea de completar, hacer entera alguna cosa) queremos una verdadera interacción, una relación mutua entre la fe y la vida. La interacción exige una profundización y estudio integral de las temáticas de la fe (Biblia, Tradición, Magisterio, Liturgia, Historia de la Iglesia, vida de los santos) y exige también un estudio integral de la vida del hombre, los cambios sociales, económicos, culturales. Esta interacción entre la fe y la vida presenta dos aspectos fundamentales:
a) Comunión diálogo-amor: en la que se realiza la unidad y se da una mutua influencia entre las personas, construyendo fraternidad. El amor exige el diálogo, dar y recibir al otro, gastar el tiempo y la vida con los demás.
b) Transformación de la realidad: superación de un estilo de vida egoísta, materialista, individualista a favor de una vida nueva.

85. A que nuestra catequesis esté inspirada en la pedagogía de Dios. Jesús parte de un hecho real, como lo podemos ver en el encuentro con la samaritana (Jn 4,7) y establece un diálogo que hace posible una reflexión (Jn 4,9-13). Siguiendo los mismos pasos la catequesis reflexiona sobre el hecho del que se parte, personaliza y universaliza la situación como un modo de profundizar la experiencia humana. La reflexión lleva a que Jesús presente su mensaje (Jn 4,13), así como en la catequesis se ilumina el hecho a la luz de la Palabra de Dios. El mensaje es aceptado por la samaritana (Jn 4,15) así como la catequesis mueve a la respuesta del hombre. De la misma manera que en el pasaje de la samaritana el mensaje es profundizado (Jn 4,16-25), la catequesis anuncia la Buena Noticia, subrayando la originalidad del mensaje que, aceptado y creído, mueve a la conversión (Jn 4,28-29.39).

86. A rescatar positivamente el proceso de memorización. La catequesis está vinculada a la "memoria" de la Iglesia que mantiene viva entre nosotros la presencia del Señor. Para superar los riesgos de una memorización mecánica, el ejercicio de la memoria ha de integrarse entre las diversas funciones del aprendizaje: intelectual, afectivo (re-cor-dar) y práctico. Se han de considerar oportunamente como objeto de memoria las principales fórmulas de la fe y de la oración, ya que aseguran una exposición más precisa de la misma y garantizan un rico patrimonio común. Lo esencial es que esos textos sean interiorizados y entendidos, para que sean fuente de vida cristiana (cf. DCG 154).

87. A una catequesis que, al optar por procesos de catecumenado, se desarrolle metodológicamente en clave de itinerarios y no de programas. El itinerario incluye, "además de los contenidos propios de la unidad, la celebración litúrgica, la catequesis mistagógica, la integración en la comunidad y el compromiso apostólico. Los itinerarios se elaboran según las exigencias del contexto cultural del mensaje a comunicar y las características del grupo" (CAL 180).

88. A formar catequistas sensibles a la realidad de sus grupos, que puedan usar los subsidios no como meros repetidores, sino que sean capaces de adecuarlos en fidelidad a la integralidad del mensaje y a la vida concreta de las personas.

89. A contar con subsidios inculturados donde se presente lo nuclear, lo kerygmático y la jerarquización de las verdades de la fe.

6.4 PROPONEMOS

90. Que el IPC promueva la elaboración de subsidios para nuevas instancias celebrativas (momentos específicos y entregas de signos) que posibilite que las distintas etapas del catecumenado estén en conexión con la celebración litúrgica y sacramental, de toda la comunidad.

91. Que se forme una Comisión Post Sinodal, coordinada por el IPC, que elabore nuevos materiales para todo el itinerario catequético, teniendo en cuenta a los destinatarios, con especial atención al primer anuncio en las catequesis prebautismales o prematrimoniales, en los barrios más pobres de la ciudad y en otras situaciones de marginación. Estos materiales deben tener en cuenta:
a) que el lenguaje sea claro, cercano, experiencial y auténtico;
b) que se consideren los avances didácticos y pedagógicos con los que contamos hoy;
c) que dichos materiales y la formación catequética sean subsidiados;
d) que se sistematicen las experiencias ya existentes en parroquias, colegios y movimientos, para brindar materiales diversificados, acordes al destinatario.

92. Que se promueva con decisión el uso de las nuevas tecnologías informáticas para el servicio de la catequesis. El IPC podría crear y mantener al día un sitio web.

93. Que se elaboren itinerarios catequéticos que desarrollen, además de los contenidos, también la pedagogía de la fe, propia del anuncio evangélico. Que el testimonio y el estilo propio de Jesús se reflejen en la propuesta de estos nuevos caminos de discipulado, valorando la palabra y el gesto oportuno, el símbolo y la fiesta, la escucha y el diálogo, el mensaje y la imagen.

 

VII. NÚCLEO 5: ¿DÓNDE?

7.1 DEFINICIÓN DEL NÚCLEO

94. La comunidad eclesial es la que recibe el mandato de Jesús de anunciar la Buena Nueva a todas las personas; es la depositaria del contenido de la evangelización, la Palabra y los Sacramentos; es maestra que orienta, enseña, ilumina, interpreta el mensaje del único maestro. La comunidad eclesial es el lugar propio de la catequesis, desde donde se envía a los educadores, donde los cristianos nacen a la fe, son educados, crecen, celebran, y viven en comunión con toda la Iglesia. Las otras formas de vida comunitaria, como la familia, la parroquia, la escuela católica, asociaciones, movimientos y comunidades eclesiales de base, son lugares u hogares de la catequesis, en cuanto en ellos se realiza de un modo propio, la dimensión comunitaria de la Iglesia comunión (cf. DCG 253ss).

95. La comunidad diocesana, presidida por el Obispo, es signo de comunión y corresponsabilidad que se construye y sirve al mundo a través de una Pastoral de Conjunto. La Iglesia diocesana crea un espacio para que la catequesis integre y desarrolle sus tareas específicas con las demás acciones pastorales, sin las cuales pierde sentido y eficacia.

96. La comunidad parroquial es un lugar importante y privilegiado para la catequesis, porque es el signo más fuerte de manifestación de una comunidad cristiana en cada barrio, en cada lugar. Es un espacio comunitario en el que se ha de desarrollar la catequesis como enseñanza, educación y experiencia; tiene capacidad de convocatoria, de integración eclesial y puede recibir y acompañar a los que se han adherido a Jesús, como ámbito concreto de encuentro con Dios y los hermanos (cf. DCG 257-258).

97. La comunidad familiar es la primera comunidad catequizadora. Los padres, la familia en un sentido más amplio, son los primeros educadores de la fe. Se ha de promover la comunidad familiar como espacio donde se transmite e irradia la Palabra, donde echa raíces la adhesión al Evangelio en la forma de los valores humanos y donde se hace más hondo el encuentro con Dios, la iniciación a la vida de oración, la educación de la conciencia moral, la educación en el amor, la integración progresiva a una comunidad cristiana más amplia. La comunidad familiar es el ambiente propicio de la primera evangelización y catequesis a través de la fe vivida en el testimonio (cf. DCG 255).

98. La comunidad educativa es un lugar privilegiado para la formación humana y cristiana. Esta comunidad crea un ambiente propicio para el desarrollo de la persona con fines culturales y educativos y, en la medida en que es animada por el espíritu evangélico, asume la cultura en todas sus dimensiones. Su proyecto se realiza en una comunidad educativa que debe tender a ser comunidad de fe integrada por el personal directivo, docente, administrativo, de servicio, los alumnos y sus familias. La educación integral incluye el ministerio de la Palabra como primer anuncio, como enseñanza religiosa. También ha de crearse el espacio propio de la catequesis, de la celebración, de la educación religiosa para que se pueda alcanzar una síntesis de la fe y la cultura, y se pueda adquirir una visión cristiana de la realidad. La comunidad educativa realiza su misión de variadas formas, siempre integrada a la comunidad cristiana - parroquial - diocesana (cf. DCG 259-260).

99. Las pequeñas comunidades y comunidades eclesiales de base son maneras de vivir la experiencia de la Iglesia en una comunidad de fe, de culto y de amor. Son lugares privilegiados para la realización de un itinerario de catequesis comunitario y personalizado (cf. CAL 189), donde adquiere fuerza el aspecto testimonial y se experimenta la riqueza de un acompañamiento con mayor permanencia (cf. DCG 263-264).

100. Las asociaciones de fieles y los movimientos son también lugares para la catequesis. En la medida en que tienen como finalidad la práctica de la vida espiritual, el apostolado, la presencia cristiana en situaciones determinadas, deben hacer espacio para los tiempos propiamente catequéticos de formación a través del anuncio, de una pedagogía de fe, de la celebración y el compromiso, y desde allí desarrollar los propios carismas. La catequesis en las asociaciones o movimientos debe estar siempre vinculada a la comunidad parroquial, como referencia esencial donde se hace presente y visible la Iglesia diocesana y su Pastoral de Conjunto (cf. DCG 261-262).

7.2 VEMOS

101. En nuestra Arquidiócesis los lugares de la catequesis más claramente identificados son la parroquia y la escuela católica, mientras que la familia todavía no es lugar privilegiado de transmisión de la fe.

102. Las parroquias constituyen el lugar de preferencia para una catequesis que promueve una fe cada vez más centrada en la persona de Jesús y el anuncio de su Reino. Es el lugar primordial para una educación de la fe sistemática, organizada, integral, abierta a todas las dimensiones de la vida cristiana, según los criterios y orientaciones diocesanas. En la mayor parte de nuestras comunidades parroquiales se cuenta con estructuras adecuadas para la catequesis y con catequistas, en su mayoría formados, sobre todo en lo que se refiere a la atención de los niños. Por otra parte, son muchas las comunidades que se ven superadas por la falta de catequistas con la adecuada formación para responder a las situaciones que se les presentan. Existen parroquias que no han elaborado un proyecto evangelizador, que no han actualizado su visión de la realidad y otras en las que lo apremiante de la situación económica, las situaciones de violencia, la crisis de valores, hace que se postergue una reflexión seria, creativa e inculturada que conduzca a un proyecto evangelizador donde la catequesis no sea recargada de obligaciones y tareas que no le son propias. La concentración de todos los esfuerzos exclusivamente en las urgencias terminan empobreciendo la propuesta catequética y se cae en la repetición rutinaria o en la improvisación irreflexiva.

103. Los colegios católicos, como lugares de la catequesis, experimentan también sus limitaciones. Es variada la motivación de las familias para llevar a sus hijos a los colegios católicos, así como también encontramos muchos educadores que carecen de una clara opción de fe cristiana. En algunos falta un proyecto educativo evangelizador. En muchos casos la relación entre las comunidades educativas



   



 


Autor: Arquidiócesis de Montevideo, Uruguay
IV Sínodo Arquidiocesano, Montevideo, marzo- Dic 2009

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