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El Nuevo Testamentos y el problema de la Tierra


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No podemos profundizar acá en las discusiones que los exegetas contemporáneos sustentan acerca de las fechas y origen de varios documentos neotestamentarios.
Para nuestro objetivo es suficiente describir el medio social y el trabajo de las comunidades cristianas un poco antes y después del año 100 y cómo a partir de esa realidad escribieron inspirados por Dios.



ESCRITOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Y EL PROBLEMA DE LA TIERRA

El ambiente geográfico es Asia Menor y las regiones cercanas hasta el Medio Oriente. Ya vimos cómo algunas décadas atrás las comunidades paulinas surgieron dentro de las comunidades judáicas de la diáspora. Poco a poco estas comunidades llegan a estar compuestas por judíos, prosélitos y paganos. Todas las comunidade descritas en el Nuevo Testamento (con algo de excepción de la de Mateo) son comunidades étnicamente mixtas. La palabra "diáspora", tan frecuente en los escritos judáicos, comenzó a ser traducida de modo que describiese más concretamente no una situación étnica, sino una situación socio-política y económica. Esto sucede aun en las cartas de Santiago y Pedro, que se dirigen a los cristianos de la diáspora (St 1,1; 1 Pe 1,1).
Un término que aparece mucho en los documentos de entonces es "paroikos". Los paroikoi eran una institución del Estado. Se trataba de una camada de la población que se diferenciaba tanto del ciudadano como del extranjero transeúnte. Los extranjeros residentes sí eran ciudadanos: tenían obligación de pagar tributos, pero no podían votar en las asambleas populares, ni casarse con ciudadanas, ni poseer tierras. Las tierras eran organizadas y divididas entre los "kleroi", o sea, ciudadanos. Los paroikoi eran muy semejantes a lo que hoy en día en muchos lugares se llama ocupantes precarios. En las ciudades los paroikoi trabajaban como artesanos y comerciantes. Pero la mayoría de ellos vivían en el campo, tomando a su cargo y trabajando para los ciudadanos.
"Además de la tierra dividida entre los kleroi, muchas ciudades griegas poseían extensos terrenos, cultivados y habitados por los nativos. Los romanos unían estos terrenos a las ciudades. Sus moradores, paroikoi, no tenían plenos derechos de ciudadanía. No eran propietarios, aunque fuesen capataces" .
Nos parece que es posible decir correctamente que si las cartas de Pablo reflejan un ambiente de pequeñas comunidades de periferia urbana, hecho que se puede aún afirmar de los Hechos y del Apocalipsis, en cambio las cartas de Santiago, Pedro y Hebreos se dirigen a comunidades de campesinos y expresan más la pastoral campesina de la época. Evidentemente, sus consejos y orientaciones se refieren también a los paroikoi de las periferias urbanas, aún ligados culturalmente al campo, aunque ya trabajando como siervos de las casas (1 Pe 2,18-20).
Expulsados del judaísmo después de los años 80, los cristianos se caracterizaban cada vez más como un movimiento sectario. Era una secta religiosa, pero que por su comportamiento diferente eran considerados como algo extraño y llegaron a ser mal vistos por los otros.
La carta a los Hebreos es un documento precioso de la antigua predicación cristiana. La tradición la atribuía a Pablo. Hoy sabemos que no es carta, ni es de Pablo, ni está dedicada propiamente a los "hebreos". Es una reflexión, de carácter acentuadamente escrito acerca de cómo en Cristo y a través de El, se cumplen las antiguas realidades de Israel. Insiste en la afirmación de la solidaridad total de Cristo con sus hermanos los hombres y que así El se ha convertido en Mediador entre Dios y la humanidad.
Es importante prestar atención al título de la carta: "A los hebreos". Los autores clásicos enseñaban que en aquel tiempo "hebreos" eran los judíos cristianos de Palestina y "griegos" eran los judíos de la diáspora. Hoy muchos ya no piensan así. La diferencia entre ellos es más complicada. Es muy posible que "hebreos" haga referencia a los pueblos de Israel que estaban en contra del judaísmo oficial, como los samritanos: ¡el pueblo de la tierra!.
Hay, sin duda, en la carta a los Hebreos, como en todos estos documentos, una "espiritualización" del problema de la tierra. Los motivos son históricos. Ciertamente no podía ser de otro modo en comunidades en las que la necesidad inmediata era el alimento de cada día, el salario, la libertad de vivir y celebrar el culto; en fin, la esperanza de un futuro menos malo. Como en los apocalipsis populares hasta hoy, estos escritos claman por una intervención milagrosa y garantizada de Dios, apuntan hacia una esperanza celestial y presentan a Jesucristo como el cumplimiento de todas las promesas bíblicas. Así como sucede en los mesianismos populares actuales, y en los de los primeros cristianos también, esto no quiere decir que se desprecie ni se excluya lo terreno y humano. Son elementos contenidos en la promesa mayor. Todo esto sirve tanto para el problema de la tierra, como para el problema más amplio de la libertad.
Esta espiritualización del problema parece mostrar lo contrario de una pastoral de resistencia o más aún de enfrentamiento. De hecho, la carta a los Hebreos habla de los cristianos como simbolizando su situación de "ocupantes precarios" de la tierra. Es cierto que desde la carta a los Filipenses ("somos ciudadanos del cielo" , 3, 20) existe un lenguaje que relativiza la situación actual. Quien hace Teología de la Tierra sabe que se trata de un estilo apocalíptico como estrategia frente a la persecución, ya que no podían esperar soluciones realistas históricas inmediatas; por ello los autores proponen como salida la espera de la venida del Señor. No se trata de garantizar un lugar para nosotros en la otra vida, sino de saber que la victoria ya está garantizada y que llegará en la parusía del Señor.
La carta atribuída a Santiago viene ciertamente de los mismos ambientes que las dos anteriores. Es un escrito de estilo más sapiencial, aunque muy ligado al lenguaje directo y hasta duro de los antiguos profetas. Hasta hay quien se refiere a Santiago como el Amós del Nuevo Testamento.
Denuncia claramente las opresiones y persecuciones que están sufriendo los cristianos y muestra que la pobreza no es natural ni cultural: es social y política. "Son los ricos los que les oprimen..., los patrones que no pagan el salario justo" (ver St 2,1-7 y 5,1-6).
Parte del hecho de que los cristianos están sufriendo pruebas y persecuciones externas (1,2.12), viven en una sociedad clasista y aun entre ellos mismos se dan condiciones sociales desiguales (2,1-7; 5,1-6). Por ello, el mandamiento que da es claro: "Hermanos, si realmente creen en nuestro glorioso Señor Cristo Jesús, no hagan diferencias entre las personas" (2,1).
Subraya realidades muy concretas: "¿No son ricos los que se portan prepotentes con ustedes y los arrastran a los tribunales y blasfeman el glorioso nombre de Cristo que ha sido pronunciado sobre ustedes?" (2,7). En esta carta está el texto más violento de todo el Nuevo Testamento en contra de los ricos (5,1-6). Es una denuncia que toca directamente el tema tierra. "Unos trabajadores vinieron a cosechar sus campos y ustedes no les pagaron. ¡Pero su jornal clama al cielo! Las quejas de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos" (5,4). Esto nos da pie para conocer un poco la realidad de los campesinos en esta época, y comprender que su lucha debía ser por un salario justo, y no tanto por la posesión de la tierra. En sus palabras resuena quizás la cólera de la población rural judía o cristiana contra el sistema de latifundios existente en Palestina. Esta es una de las pocas veces en las que el Nuevo Testamento todavía llama a Dios con el antiguo nombre de Señor de los Ejército, designación fuerte del tiempo en el que el Señor lideraba a su pueblo en la conquista de la tierra de Canaán.
Entre los años 80 y 90 nace seguramente también la primera de las cartas atribuidas a Pedro. Esta carta se dirige a los extranjeros de la diáspora, "del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia" . Fue escrita para dar valor a los grupos cristianos y ayudarlos a vivir como peregrinos (paroikoi) en esta tierra, teniendo como "Padre al que no hace diferencia entre las personas" (1 Pe 1,17).
La carta de Pedro contiene una propuesta concreta posible en su época: una fuerte cohesión de grupo. Los cristianos sin propiedad tienen que tener como suyas las casas de los otros. Una de las características más fuertes de las comunidades cristianas era la solidaridad grupal. Las cartas de Santigao y Hebreos insistían también en la hospitalidad.
La carta establece una gran relación con el Éxodo. Aconseja estar atentos (1 Pe 1,13), como los hebreos, para la partida pascual (Ex 12,11). No deben añorar su ignorancia anterior (1,14), como el pueblo añoró las comidas de Egipto (Ex 16,2s). Hace la misma recomendación de santidad que el Levítico (1,15 y Lev 19,2). La vida cristiana está descrita como tiempo de exilio y de camino hacia la conquista de una herencia aún no recibida (1,17). En la carta salen otras muchas comparaciones con los hebreos en su marcha por el Éxodo en busca de la tierra prometida .
Es importante para nuestro estudio observar cómo las comunidades cristianas de esta época viven de nuevo, aunque bajo otro aspecto, la situación de las tribus de Israel antes de la conquista. El témino "paroikoi" corresponde, como ya vimos, a la expresión "hebreos".

6. LAS COMUNIDADES DE JUAN Y LA TIERRA
No es nuestra intención describir aquí la investigación actual sobre las llamadas "comunidades del discípulo amado", que parecen ser posteriores a la muerte de Juan.
Los estudiosos creen que alrededor de los años 90 a 100 los cristianos de Asia Menor enfrentaban bastantes conflictos. El emperador Domiciano iniciaba una cruel persecución contra cristianos y judíos porque se negaban a adorarlo a él. Roma consideraba muy desagradable esta actitud. A más del conflicto con el imperio y con la religión greco-romana y toda su filosofía, las comunidades cristianas sufrían también tensiones con el judaísmo. Diversos problemas internos colmaban el horizonte de las primeras comunidades: había corrientes de antiguos discípulos de Juan, corrientes más judaizantes, corrientes griegas y de tradición israelita y un grupo de religión samaritana.
Ya describimos anteriormente la historia e interpretación propia de fe de los samaritanos, subsistente hasta hoy en Israel. Sin duda alguna, Jesús y sus discípulos tuvieron contactos con la religión samaritana y más tarde muchos samaritanos se adhieren a las comunidades cristianas.
La fiesta de los Tabernáculos (o ramos) en el capítulo 7 fue para Jesús la ocasión de presentarse a sí mismo como el "Ta'eb", o profeta que debía venir para purificar y restaurar el verdadero culto, en contraposición al templo opresor de Jerusalén. Jesús se proclama fuente verdadera de aguas vivas (7,37), y Luz que puede iluminar a todos (8,12). El largo proceso por el que pasa el ciego de nacimiento al que Jesús da vista es el mismo por el que pasa la comunidad cristiana perseguida, procesada y expulsada de la sinagoga. La palabra de los fariseos contra "este pueblo ignorante, que nace lleno de pecado" es la acusación que profieren contra la Iglesia.
La parábola del Pastor y la Puerta es más que un simple panfleto subversivo. Es como una declaración de guerra. En Israel siempre el nombre de Pastor fue dado a los dirigentes y a las autoridades políticas. Las profecías de Ez 34 y Jer 23 son los textos más violentos que produjeron los profetas bíblicos en contra de los poderosos. Juan las pone en boca de Jesús. El dice en alta voz: "Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores" . El gobierno vigente es ilegítimo. "Yo soy la verdadera Puerta, el verdadero Pastor" . Abre la puerta del redil, llama a cada oveja por su nombre y las conduce a una tierra nueva donde habrá pastizales frescos y vida. El Pastor libera a las ovejas del redil, como Dios liberó a su pueblo del cautiverio. El es un luchador contra los lobos, que sabe dar la vida por sus ovejas (cap. 10).
Para la Teología de la Tierra, Juan contribuye con la relectura de las fiestas de la esperanza del Antiguo Testamento, ahora conocidas a través de su Evangelio. La religión es juzgada falsa e idolátrica cuando no sirve a la vida de salvación. Todo lo sucedido en el desierto cuando Jesús reparte los panes, nos advierte contra cualquier mesianismo interesado o reductor: "Ustedes me buscan por el pan que comieron hasta saciarse..." (Jn 6, 26). El maná, el agua, la ley y la propia liberación son dones de Dios y creemos que Jesucristo es el portador de todo esto. La Cristología de Juan es fundamental para nuestro trabajo, como lo es también su Eclesiología de unidad del Espíritu. El Espíritu Consolador viene como una presencia personal a continuar la misión de Jesús y ser abogado y defensor de los discípulos en su marcha por el mundo.
De estas pequeñas comunidades cristianas primitivas guardamos además tres pequeñas cartas y el llamado Apocalipsis de Jesucristo.
El Apocalipsis, probablemente escrito por partes y en épocas diversas, se redactó para fortalecer a las pequeñas comunidades dispersas en medio de la persecución de Domiciano.
El método para reanimar a las comunidades y darles fuerza para resistir era sumergirlas en la liturgia eclesial que contempla al Señor Resucitado. Jesús en el Apocalipsis es el centro de todo. Señor de la historia y del universo, presentado en diversos cuadros fuertes y coloristas, pero siempre cercanamente cariñoso con las comunidades. Ellas ven en El su victoria garantizada y reciben así la fuerza necesaria para soportar sus tribulaciones. Las comunidades viven las situaciones de la quinta trompeta, del quinto sello o de la quinta copa derramada. Falta apenas un poco, y llegará la victoria.
El Antiguo Testamento es releído a la luz de la Pascua de Cristo, principalmente el Éxodo y el 2º Isaías, textos importantes en la lucha por la tierra. El Apocalipsis retoma la universalización de las promesas del Antiguo Testamento. Ya no se habla de una tierra, sino de poder alcanzar la victoria en un mundo nuevo. La nueva Jerusalén es la reconciliación de la ciudad y el campo, tema importante para nuestras comunidades. Es don de Dios, venido del cielo. Y es ciudad, obra humana. Tiene jardín, río, árboles; el árbol de la vida del antiguo paraíso; además de toda la belleza posible, creada por el mismo Dios.
Ciertamente la contribución específica del Apocalipsis a la Teología de la Tierra cada vez más desarrollada, será en la línea de una Espiritualidad de la Tierra y del martirio. Retomaremos este tema en un capítulo posterior.
Ya dijimos en otro momento que las comunidades a las que se dirije el Apocalipsis tienen un contexto de periferia urbana más que de rural. Pero éste es tal vez el escrito del Nuevo Testamento que da mejor testimonio sobre la unión de la ciudad y el campo y propone una conplementación mutua de respeto y justicia.
El centro del libro está ocupado por la figura de la mujer, que al final asume la imagen de la nueva Jerusalén que, aunque ciudad, esto es, construcción de hombres, es asumida por Dios. A pesar de que no se sueña con la vuelta al jardín del Edén y a su mundo rural idílico, el capítulo 22 retoma la imagen del río fertilizador de la tierra y del árbol que produce doce frutos, el mismo árbol de la vida que fue la tentación del hombre de la tierra (Ap 22,1s).
Es importante para quien lee la Biblia a partir del problema de la tierra observar que cuando el dragón persigue a la mujer embarazada para devorar a su hijo, éste es llevado junto a Dios, y la mujer huye hacia el desierto, donde Dios le tiene preparado un lugar. Entonces el dragón vomitó un río en contra de ella para que fuese arrastrada por la corriente; "pero la tierra vino en socorro de la mujer, abrió la boca y se tragó el río vomitado por el Monstruo" (12,16).
No debemos hacer interpretaciones apresuradas o tendenciosas. Estas expresiones tienen simultáneamente diversos códigos de lectura. Pero es posible que históricamente aludan a la estrategia de defensa de las pequeñas comunidades cristianas que en el campo no fueron engullidas por la corriente del imperio. La zona rural, por su situación, era aliada de los cristianos. Estos, por el martirio, anticipan la fiesta de los electos de Dios en el cielo, que es descrita con los colores de la liturgia de la fiesta judía de los tabernáculos, memorial del desierto y de la esperanza del pueblo, que con ramas en las manos reviven simbólicamente la peregrinación a la tierra prometida (caps. 7 y 14).

7. LA PERSONA DE JESÚS
Y EL PROBLEMA DE LA TIERRA
Lo que nos interesa como cristianos es vivir el seguimiento de Cristo hoy. Para "vivir como El vivió" (1 Jn 2, 6) es necesario conocerlo más profundamente. Nosotros lo conocemos a través de los testimonios fieles y amorosos de las primeras generaciones de cristianos. Pero sabemos que estos hermanos añadieron a los Evangelios algunos elementos y dejaron otros de lado. Los testimonios que los primeros cristianos nos dejaron son válidos, pero quisiéramos también descubrir los trazos históricos de la persona de Jesús de Nazaret. Necesitamos preguntarnos: ¿Cuál es el significado de su persona histórica y de sus acciones concretas? ¿Cuál es el aporte de Jesús de Nazarte a la Teología de la Tierra?
No vamos a repetir aquí los debates de los científicos. Podemos apenas aprovechar algo de sus estudios e intentar reconstruir brevemente la vida histórica y la práctica de Jesús de Nazaret. Esperamos evitar polémicas intelectuales, restringiéndonos a puntos importantes ya aceptados:
1º. Jesús de Nazaret nació un poco antes de la muerte de Herodes el Grande. Por tanto, antes del año 4 a. C. Inició sus actividades ya adulto, luego de su encuentro con Juan el Bautista. Esto lo sitúa dentro de la tradición profética. El bautismo que aceptó de Juan es un dato importante. Allá unió su misión a lo que dice el Segundo Isaías sobre el Siervo Sufriente.
2º. De vuelta a Galilea actuó como profeta y se unió a círculos de escribas y fariseos. Los criticó y se opuso a ellos, pero se valió de su tradición y de su pensamiento. Se convirtió en un maestro ambulante de Galilea y fue tan pobre como todos los que reclutó como discípulos.
3º. El movimiento de Jesús fue originalmente un movimiento de campesinos, que se convirtió en un fenómeno galileo (ver Mc 14, 70; Hch 1,11; 2,7). Toda la tradición escrita está ligada a pequeñas aldeas de Galilea: Nazaret, Naún, Caná, etc. Y no se anota nada referente a ciudades un poco mayores como Séforis, Tiberíades o Guiscala.
Todo el movimiento de resistencia a los romanos y al judaísmo colaborador del imperio se dió en el campo. Los zelotas y sicarios, según cuenta San Hipólito , no entraban en ciudades, no fuera a ser que tuvieran que pasar una puerta y en esa puerta hubiera una estatua. El solo hecho de que alguien viviera en Galilea ya era sospechoso para Jerusalén (ver Mc 14, 67.70).
4º. Los Evangelios nos hablan poco del oficio humano de Jesús. La tradición unánime cuenta que aprendió su oficio directamente de su padre de crianza, José. Hay apenas un pasaje en los Evangelios que cuenta que después de que Jesús habló en la sinagoga de Nazaret, las personas se sorprendieron de que un carpintero (Mc 6,3), o un hijo de carpintero (Mt 13, 55), pudiese expresar tanta sabiduría.
Actualmente la investigación histórica se interroga sobre si realmente sería carpintero. El texto griego es confuso y presenta problemas lingüísticos. Se sabe que el témino en arameo "naggar" (carpintero o artesano) era usado, tanto en los targumes de Jerusalén como en los de Babilonia, para designar al "hombre instruido". Pero con este nombre también se designaba a los artesanos subempleados del campo.
Como ocurre en muchos lugares de nuestro continente,los campesinos trabajan en la labranza en épocas propicias y en tiempos intermedios son obligados a vivir de pequeños negocios o de artesanías. Esta parece ser una conclusión realista sobre Jesús y su trabajo en Nazaret. O sea, que también trabajaría de campesino, al menos temporalmente. En Galilea donde Jesús vivía, "las tierras de labor son tan ricas, producen tal variedad de plantas, que aun los más perjudiciados tienen la tentación de vivir de la agricultura", dice Flavio Josefo .
Hay varios exegetas actuales que interpretan los conflictos históricos entre el movimiento de Jesús y las autoridades judías bajo un prisma de antagonismos de sensibilidades e intereses sociales entre el pueblo campesino y los señores de la ciudad.
5º. Casi todas las parábolas de Jesús en los Evangelios vienen de un ambiente rural y son hechos de vida. Jesús los cuente como son, para que así los discípulos aprendan a leer en medio de la conflictividad de la vida la revelación de Dios y sepan cómo el Reino supone una ruptura con la sociedad vigente.
Jesús cuenta los hechos de la vida de los campesinos y los interpreta a partir de la sensiblidad de los campesinos, aunque a veces la interpela. Las parábolas sobre el Reino de Dios (Mc 4; Mt 13) provienen de un contexto de dolor y de fracaso. Parecía que Jesús no había conseguido realizar su proyecto de la venida del Reino. Según la tradición bíblica la señal de la verdad de un profeta es el cumplimiento de su palabra. Por eso Jesús es acusado de ser un falso profeta, porque anunció la venida inmediata del Reino y éste no parecía llegar. El respondió recurriendo a la realidad del campo y a la sabiduría del campesino. Así como el fracaso en el plano socio-político no era culpa de los campesinos, así tampoco el fracaso en el plano teologal era culpa de El, el sembrador. Además la simiente está en la tierra y si la tierra es acogedora y fértil, fructificará.
El Reino de Dios viene a subvertir los padrones de justicia de este sistema. El Señor da el merecido salario a los trabajadores que soportaron el peso del calor del día, pero quiere dar a los últimos lo mismo que a los primeros, creando así una igualdad sin proporción con los criterios del mundo (Mt 20). A El no le importa elogiar al gerente deshonesto, ya que la amistad es para el Reino un valor mayor que la eficacia económica reservada a los patrones.
6º. El trabajo de Jesús en Galilea a favor del Reino de Dios consistió fundamentalmente en curar enfermos y perdonar pecados. Este era su modo concreto de anunciar la venida inmediata del Reino. De las 18 curaciones milagrosas de Jesús que cuenta Lucas en su Evangelio, 14 ocurren en Galilea. El tipo de dolencias y la descripción de las curaciones nos revelan bien la pobreza del pueblo, la cultura rural y la solidaridad de Jesús viviendo en esta misma cultura. Si el Reino de Dios es Vida y Salvación, la primera señal de su venida es combatir la enfermedad. Los Evangelios no describen mucho cómo se realizaban las curaciones; son sobrios en esas narraciones. A veces se alude a costumbres y creencias populares: el uso de la saliva, barro, aceite, etc. Ello era parte de la cultura popular campesina. La acción de Jesús asume estos elementos, pero va más allá de ellos: ofrece una muestra de lo que es el Reino de Dios. Por esto algunas veces rompe con las prácticas religiosas legales de los judíos dirigentes, atrayendo con ello sobre sí el odio y la decisión de matarlo.
Perdonar los pecados significa para Jesús revelarle al pecador que Dios le ama y que le incluye en su amistad. Al mismo tiempo, como el considerado "pecador" era generalmente alguien de despreciada categoría social, el perdón le reintegraba a la sociedad que le estaba marginando. Además Jesús liberaba a las personas del miedo y de la dependencia de la religión oficial.
7º. El Reino de Dios que Jesús anunció y trajo ya había sido anunciado por los profetas. Pero El reveló y resaltó nuevos aspectos y características, como:
El Reino es de Dios. Es don del Padre. Viene gratuitamente. Llega a todos y pide ser acogido; a los grandes y a los ricos les pide conversión para poder seguir a Cristo. La conversión es romper con el modo de vida anterior; es mudar de vida; es vivir, a partir de entonces, en la expectativa y preparación de lo que está por venir. Para esto la persona debe colocarse en un ambiente social favorable para que la simiente pueda brotar y crecer. Pero el seguimiento, incluyendo la conversión, va mucho más allá. Es la adhesión personal a Jesucristo dentro de una comunidad.
8º. El Reino de Dios está destinado para los pobres, descritos como despreciados y oprimidos. Son los que no tienen qué comer, qué beber, con qué vestirse, dónde vivir, ni presencia en la sociedad (Mt 25,31ss). En medio de los pobres Jesús fue aceptado y encontró a sus discípulos.
9º. El trabajo de Jesús se realizó realmente en varias etapas. Como profeta, actuó en la parte rural de Galilea, curando y perdonando. Anunciaba que estaba cerca el Reino de Dios y que habría un Año de Jubileo para todos. Eso le acarreó la oposición de los dirigentes locales y nacionales. Pero le ganó la simpatía del pueblo, aunque sin adherirse a su proyecto. Entonces se alejó de Galilea. Procuró revisar su misión y su sistema. La confesión de Pedro en Cesarea es parte de este momento.
Después se va a otra parte: a Samaría. Muchos samaritanos se unen a su grupo. El cada vez más enfrenta y denuncia al judaísmo oficial y a las autoridades de Jerusalén.
La última etapa de su trabajo coincide con una Pascua en Jerusalén, en la que denuncia el sistema de tributos del templo (Jn 2,13ss), celebra la Pascua con sus discipulos con un día de anticipación, en lugar ilegal, y termina preso y condenado.
El hecho de haber sido crucificado revela que fue condenado por los romanos y no por los judíos. Un juicio nocturno era ilegal, pero El no era de ciudad y su grupo le había abandonado, no tenía quién lo defendiese y todo fue resuelto rápidamente: proceso sumario en el que se unieron el poder religioso y el político.
10º. El cambio de actitud de los discípulos, que de un grupo miedoso y muy frágil, dividido y casi clandestino, pasó a ser una comunidad misionera es una realidad histórica que se manifiesta poco a poco. La resurrección de Jesús no es verificable físicamente para la historia. Es histórico el testimonio de los discípulos, el increíble cambio que ellos sufren y la nueva seguridad con la que ellos aceptarán a sus perseguidores: con eso daban testimonio de que Jesucristo había realmente resucitado.

Apéndice: LA MUJER, LA TIERRA Y LA BIBLIA
Es sin duda una señal de los tiempos la fuerza que ha suscitado el tema de la mujer en estos últimos años en la Teología Latinoamericana. Y es un hecho la participación efectiva de la mujer en la elaboración teológica.
En América Latina las CEBs y los movimientos populares están marcados profundamente por la presencia y participación activa de las mujeres.
Queremos aceptar la llamada que ya en 1979 recogía el Seminario Latinoamericano de Mujeres para el Diálogo: "La invitación a que todo teólogo de la liberación reformule sus categorías teológicas desde el punto de vista de la mujer y profundice la Revelación desde lo femenino" .
Sabemos que algunas teólogas, particularmente las norteamericanas, vienen trabajando en la desmitologización de la tradición machista judeocristiana. Esta corriente machista es una distorsión histórico-cultural, que debe ser corregida desde el mensaje de la Revelación Bíblica, que es liberación, justicia, igualdad y paz. Rosemary Ruether entiende este trabajo como un esfuerzo de compresión de la Palabra de la Biblia dentro de la corriente profético-mesiánica. Según ella: "Lo que entiendo por tradición profético-mesiánica es una perspectiva crítica por la que la tradición bíblica constantemente revaloriza en nuevos textos lo que verdaderamente es liberador en la Palabra de Dios, en contraste con las deformaciones pecaminosas de la sociedad contemporánea y las limitaciones de las tradiciones bíblicas del pasado, que eran vistas y entendidas sólo parcialmente, y cuya parcialidad tal vez se convirtió en fuente de injusticias e idolatría" .
También en América Latina a partir de los últimos años las mujeres han conseguido participar de un modo propio en la reflexión teológica, tradicionalmente masculina.
Como dice Ivone Gebara: "Evidentemente el ingreso de la mujer al mundo del trabajo asalariado, en un mundo de subempleos, como alternativa al desempleo, ha introducido no sólo la lucha por la sobrevivencia, sino también el combate en otras filas en las que se juega el destino humano. Este ingreso modificó la expresión de fe en la mujer: del horizonte doméstico y familiar en el que vivía, se abrió a una realidad más amplia. Dios ya no es el interlocutor del mundo limitado de los quehaceres domésticos y familiares, sino que pasa a ser el interlocutor en los desafíos socio-económicos y políticos de la nueva militancia de la mujer latinoamericana... Decía una obrera: Dios es la fuerza que me permite que no me rinda a la voluntad de los opresores de mi pueblo" .
La Teología de las mujeres latinoamericanas puede contribuir mucho a la que hacen sus compañeras de Estados Unidos. Aquí la Teología femenina, tiene un carácter muy popular y se inserta profundamente en el camino de liberación de todo el pueblo. Se trata de "ser más tierra cada día", como dice un poema de Pablo Neruda.
El Encuentro Latinoamericano de Teología en la Óptica de la Mujer, realizado en noviembre de 1985 en Buenos Aires confirma este enganche de la Teología femenina latinoamericana con el caminar del pueblo.
Este es un buen punto de partida para nuestra Teología de la Tierra. Pero antes de realizarla es necesario precisar mejor qué entendemos por lo "femenino" en la Teología de la Tierra. Esta cuestión es importante porque queremos valorizar la participación de la mujer en el camino hacia la tierra prometida.
En el VI Encuentro Intereclesial de CEBs en el Brasil, la teóloga Teresa Cavalcante expresó esto de modo admirable. Dice que la palabra Tierra en la Biblia es femenina y expresa fertilidad. El campesino de la Biblia tenía con la tierra una relación afectuosa, íntima y personal. La tierra aparece así como madre y esposa.
Lo femenino, en la primera página de la Biblia, aparece en la propia imagen de Dios. La palabra "ruah" que significa viento, espíritu, soplo, es casi siempre femenina. Ruah es la presencia del propio Dios. El Espíritu de Dios aparece así como una gran madre que de sus amorosas y fecundas entrañas da a luz y hace surgir el universo . Lo femenino une al hombre, al mismo tiempo, como en un sólo movimiento, con Dios y la tierra.
El núcleo de la fe de Israel es el Éxodo. En varios textos la Biblia describe al Dios del Éxodo, Señor de la liberación, con imágenes bastante femeninas. Así como la mujer que hace la comida, provee de agua y prepara la ropa para su familia, así también Dios se comporta con relación al pueblo peregrino (Ex 17,1-7; 16,4-36 Neh 9,21). Y del mismo modo como se enojan los niños y acuden a su madre, también el pueblo en el desierto murmuraba contra el Señor y Moisés les reta así: "¿Acaso he concebido yo a todo este pueblo y lo he dado a luz? ¿Y ahora tendría que llevarlo en mi regazo como la nodriza lleva al niño de pecho?" (Núm 11,11). El Dios de la liberación se revela como madre protectora de su pueblo caminante.
También vale la pena insinuar la función de las mujeres en la historia del Pueblo de Dios .
Recordemos algunas mujeres profetisas que tuvieron función importante en la vida del pueblo: Miriam, la hermana de Moisés (Ex 15,20), Débora (Jue 4,4ss), Joldá (2 Re 22,14ss), Nadías (Neh 6,14). Tenemos también las figuras idealizadas de Rut, Ester y Judit y el relato conmovedor de la madre de los siete jóvenes que en la persecución de Antíoco IV animó a sus hijos para enfrentarse con el martirio (2 Mac 7,26-29).
Entre éstas, varias tuvieron participación concreta en la lucha por la tierra. Miriam era profetisa y participó con su alegría en la salida de la esclavitud y el camino hacia la tierra prometida. Débora escogió a Barac y le acompañó en la defensa de la tierra contra los cananeos, de forma que fue llamada "madre de Israel" (Jue 5, 7). Rut y Noemí llevan a Boás a ser cumplidor de la ley realizando su deber de recuperar la tierra que ellas habían perdido. Judit es el símbolo de la mujer virtuosa y fiel al Señor, que anima a los varones acobardados, vence al opresor y conquista la libertad para su pueblo.
"El profetismo de las mujeres del Antiguo Testamento contrasta con el de los hombre, porque es un profetismo más de llamada que de denuncia. Llamada para no dejar que el pueblo se entregue al desánimo, sino que defienda y asuma su propia causa. También consiste en despertar la conciencia de los que no están cumpliendo la ley con respecto a los más humildes, como en el caso de Tamar con Judá o de Rut con Boás. Basada en una sabiduría nacida de una vida virtuosa y reconocida por todos, una sociedad patriarcal de hombres y guerreros como aquella, reconocía y se sometía a la autoridad de esas mujeres" .
La relación del pueblo con la tierra de Dios fue presentada muchas veces por los profetas como una relación conyugal. Muchas veces, la tierra representa al pueblo en su relación con Dios. El es el esposo que se casó con Israel y la fertilidad de la tierra expresa esa Alianza, como puede verse en Oseas o Jeremías.
Esta característica femenina está presente tanto en el hombre que recibe la Alianza de Dios, como en el propio Dios, que a veces es considerado como Madre que consuela a sus hijos: "Como un hijo a quien consuela su madre, así Yo les consolaré a ustedes" (Is 66,13; ver también Is 49,15 y Sal 25,6). Aquí la imagen materna sustituye a la de la esposa. El pueblo sin tierra se sentía huérfano y Dios abre para los exiliados de la tierra sus entrañas maternales.
La mayoría de los cristianos cuando hablamos de la Mujer en la Biblia inmediatamente recordamos la figura de María, la madre de Jesús. Los primeros cristianos vieron en María una especie de compendio de todo el pueblo del Antiguo Testamento. Lucas relata que el arcángel Gabriel dice a María palabras semejantes a las que Sofonías dice a la virgen hija de Sión (Sof 3,14-18).
Como las antiguas profetisas, María también entona un cántico de alabanza. Uno de los más bellos comentarios sobre el Magníficat, que tienen en cuenta el contexto histórico y la teología, es sin duda el de Martín Lutero. Como la Virgen María fue a lo largo de los siglos un motivo de oposición entre evangélicos y católicos, hace unos veinte años el Rvdo. Roger Schutz, prior de la Comunidad de Taizé y el Cardenal Martín arzobispo de Ruan, hicieron publicar con un prefacio común, este precioso texto de Lutero, al que el Papa Juan Pablo II ha llamado "Doctor común a todas las Iglesias". Dice así:
"María aprende del Espíritu porque sólo el Espíritu Santo puede revelar a Dios. María aprende, entiende del Espíritu que a Dios le gusta exaltar a los pequeños y rebajar a los poderosos. María pertenecía a una familia humilde y pobre, poco conocida y poco considerada. No vivía en Jerusalén, donde moraban las personas importantes, sino en Nazaret. Como las demás, podía ser vista cuidando niños o haciendo los quehaceres de su casa, ocupaciones éstas que aún hoy son consideradas propias de humildes empleadas..." .
"María es pobre, como los pueblos oprimidos de nuestro continente... Ahora está unida a Cristo el liberador, en medio de nosotros: juntos están derribando los poderes imperiales de sus tronos, despidiendo a los ricos con las manos vacías, ensalzando a los oprimidos, sosteniéndolos en la lucha contra la opresión y el imperialismo" .
Entre los símbolos de fe y resistencia, que, en medio de la lucha, el pueblo latinoamericano reconoce, está la figura de María. Su imagen, que toma en cada país una designación propia, es el símbolo de la propia esperanza y de la fuerza para caminar.
En una oración compuesta en la Amazonía, un grupo de campesinos llamó a María "Nuestra Señora de los sin tierra", aludiendo a su experiencia de no haber encontrado un lugar para dar a luz a su hijo (Lc 2,1-14).
La Teología de la Tierra trata de desenvolver una dimensión femenina en el hecho evidente de la participación de las mujeres en la lucha por la tierra. La pregunta teológica recae sobre la contribución propia de ellas en la defensa de la tierra y en las luchas de conquista popular de la tierra. Cabe preguntar en qué medida esta lucha específica colabora para cambiar el estado social y político de la mujer en nuestra sociedad y en las mismas Iglesias Cristianas.
En Nicaragua la Asociación de Mujeres Sandinistas y el liderazgo de ellas en la vigilancia revolucionaria hace retroceder siglos de machismo cultural latino.
En Brasil hay mujeres que ocupan importantes puestos de dirección en la lucha de la tierra y algunas coordinan sectores de la Pastoral de la Tierra.
¿Esta participación ha podido cambiar la lucha global haciéndola más humana? La intuición de hombres como el comandante Tomás Borge, Ministro del Interior de Nicaragua, defendiendo una revolución afectuosa en la que se lucha como acto de amor, tendría quizás mucho que ver con esta dimensión femenina, aportada por la participación efectiva de la mujer.
Es apenas una herencia cultural criticable y machista repartir los dotes, atribuyendo al hombre una mayor racionalidad y a la mujer la sensibilidad: Así como pensar que el toque de la belleza es femenino y la eficacia productiva es masculina. La contribución de la mujer en la lucha popular especialmente en esta de la tierra desmitifica estos prejuicios y revela una mejor integración igualitaria. A partir de esta participación conjunta, estos valores antes tal vez un poco desconectados pasan a ser mejor integrados y asumidos. De este modo, el futuro buscado será más plenamente humano que el sistema vigente.
Tenemos que reconocer, en actitud penitencial, que las mujeres que participan en funciones directivas de la Pastoral de la Tierra encuentran dificultades con los mismos sacerdotes y pastores de las Iglesias. Estos a veces se dejan dominar por un concepto machista de la vida, incoherente en quien opta por la liberación y la vida.
En América Latina indígena y negra los ministerios femeninos existen desde hace siglos en la cultura de nuestros pueblo. Por eso ciertamente tenemos la misión de ayudarle a la Iglesia universla a convertirse cada vez más a esa dimensión evangélica y asumirla en Cristo, como algo genuinamente humano y de Dios. De esa manera daremos un mejor testimonio del Evangelio, que presenta a Dios como una mujer pobre que, habiendo perdido una moneda, barre la casa y lo mueve todo hasta encontrarla y cuando la descubre reúne a las vecinas para celebrarlo con alegría (Lc 15,8s).

 

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Autor: Libro: Teología de la Tierra LOS PROBLEMAS DE LA TIERRA VISTOS DESDE LA FE José L. Caravias y Marcelo de Barros
Centro de Estudios Paraguayos "Antonio Guasch" Asunción - Paraguay CEPAG 1990

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