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La Libertad que nos ofrece Jesucristo


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Ofrecemos este tercer artículo del libro ¿ERES REALMENTE LIBRE? cuyo autor es P. ÁNGEL PEÑA O.A.R. Es una obra pastoral y pedagógicamente de calidad para trabajarlo en escuelas, liceos y parroquias.

Temas que trata este tercer capítulo.

TERCERA PARTE: JESÚS NOS DA LA LIBERTAD

Vale la pena vivir.
Amar en libertad.
La alegría de ser buenos.
Jesús es el camino.
Dios te habla.
Reflexiones.
Libertad conquistada.

 

 




TERCERA PARTE:  JESÚS NOS DA LA LIBERTAD

En esta tercera parte, veremos cómo Jesús, nuestro Salvador, es el único que nos puede liberar de las cadenas, que nos atan al pecado y a los vicios. Sólo Él, que es nuestro Dios y quiere ser nuestro amigo, puede romper los barrotes y darnos la verdadera libertad. En Jesús y sólo en Él encontraremos el amor, la libertad y la felicidad, que andamos buscando y que muchos no llegan a encontrar.

VALE LA PENA VIVIR

La vida es un regalo de Dios, que debemos valorar y cuidar para poder desarrollar todas las potencialidades y talentos que Dios nos ha dado. La vida no es algo absurdo y sin sentido por más que uno esté limitado por enfermedades desde su nacimiento. Dios no hace basura. Dios nos ama a cada uno, incluso a los enfermos mentales, con todo su infinito amor. Para él todos somos sus hijos queridos. Por eso, quien no valora su vida y desea suicidarse, es que no ha comprendido su valor.

Lamentablemente, no faltan personas que viven sin ideal, como barcos sin brújula, sin rumbo y sin ilusión. Viven por vivir y sólo piensan en divertirse. Ante cualquier dificultad grave, sólo piensan en solucionar sus problemas con el suicidio o dándose al libertinaje sin control. Ignoran que la vida es un tesoro que Dios nos da para ser felices y hacer felices a los demás. Pero muchos no lo entienden así.

Hay una famosa película, titulada La vida es maravillosa, de Frank Capra, donde se nos muestra el valor de la vida. En esta película se narra la historia de un ángel, que logra alejar al protagonista, George Bailey, de la idea de suicidarse. George (interpretado por James Stewart) en el transcurso de su vida no había hecho otra cosa que hacer el bien. Había construido casas para los pobres y había salvado la vida de su hermano, quien a su vez había salvado la vida de muchos soldados durante la guerra.

El ángel le muestra cómo el mundo habría sido diferente, si él no hubiera existido. Nadie habría construido esas casas para los pobres. Nadie habría salvado a su hermano y, estando su hermano muerto, nadie habría salvado a tantos soldados de la muerte. Al final, el ángel le dice: Tu vida no es una isla, está unida a la de todos los hombres. Sin ti, en el mundo habría habido un vacío. Además, todavía tienes mucho que hacer.

Es una película hermosa, donde el ángel le muestra la gravedad del suicidio y donde se le hace ver todo el bien que ha hecho y todo lo que todavía puede hacer. ¡Ojalá que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, puedan valorar su vida para nunca tirar la toalla y puedan seguir con fuerza e ilusión, viviendo y luchando hasta el último momento; pues sin ellos el mundo tendrá muchos vacíos que nadie podrá llenar, ya que su misión es personal e intransferible!

Veamos dos ejemplos de personas, que se han esforzado y han dado un maravilloso sentido a su vida, cuando parecía que todo estaba perdido.

LANCE ARMSTRONG, el famoso ciclista norteamericano, ha entrado en la historia del ciclismo como el más grande ciclista de todos los tiempos. Pero no todos saben que el año 1996 tuvo un cáncer testicular y tuvieron que operarlo para extirparle un testículo y operarle de la cabeza para quitarle dos pequeños quistes. Sufrió mucho durante un año por los duros tratamientos de quimioterapia, pero pudo superar el cáncer y volver a pedalear. El año 1999 ganó el Tour de Francia y lo mismo durante los seis años siguientes.

Él ha organizado una Fundación para ayudar a los enfermos de cáncer, y es para todos, enfermos y no enfermos, un símbolo de lucha y coraje para superar las más adversas circunstancias de la vida. Él encarna, de alguna manera, la esperanza humana de sobrevivir en medio de las mas difíciles adversidades. Su vida ha sido una lucha y una superación continua; un ejemplo para tantos que se desaniman fácilmente ante las primeras dificultades.

En su libro Mi vuelta a la vida nos cuenta su lucha contra el cáncer y su llegada al podio de París después de ganar el Tour de Francia. El año 2005, después de ganar siete Tours consecutivos, anunció su retiro del ciclismo, a sus 33 años, para seguir siendo para todos un estímulo en su deseo de lucha y superación, y para seguir ayudando en lo que ha sido su pasión: el ciclismo .

WILMA RUDOLPH era una muchachita negra, alegre y simpática. Su infancia no fue muy feliz, porque eran diecinueve hermanos y sus padres eran muy pobres, pues debían trabajar como braceros en Claksville, Tennessee, USA. A los cuatro años, por efecto de una escarlatina, seguida de pulmonía doble, casi se muere, y quedó con una pierna paralizada. De los cuatro a los ocho años fueron un calvario para ella. Tuvo que pasar dos años en silla de ruedas y, durante cinco más, tuvo necesidad de una muleta para poder andar. Sus padres consiguieron ahorrar dinero para pagar a un fisioterapeuta y, tras durísimas sesiones de recuperación y con su extraordinario espíritu de superación, se recuperó de manera prodigiosa; de modo que a los once años era una figura estelar en el equipo de baloncesto de su colegio.

A los 16 años fue seleccionada para formar parte del equipo norteamericano para correr la prueba de cuatrocientos metros en los juegos olímpicos de Melbourne, en 1956, en Australia. Allí ganó la medalla de bronce. Cuatro años después, en los juegos olímpicos de Roma (1960) fue la gran estrella, al ganar tres medallas de oro al correr los 100 metros, los 200 metros y los 400 metros. Fueron días gloriosos para la joven de veinte años, que había pasado casi la mitad de su vida sin poder andar con normalidad. Por eso, al regresar a casa la gacela negra, como todos la llamaban, pudo decir llena de orgullo y entusiasmo: Lo conseguí.

AMAR EN LIBERTAD

No olvidemos que libertad es la capacidad que Dios nos ha dado para amar. Sin libertad, seríamos animalitos, sin voluntad propia y sin responsabilidad. Por tanto, la verdadera libertad es la que se realiza en el amor auténtico. El que no quiera amar, se hará esclavo de sí mismo. El que peca (y todo pecado es desamor) es un esclavo (Jn 8, 34). Y no olvidemos que el verdadero amor y la verdadera libertad tienen su fundamento en Dios que nos ha amado y nos ha hecho sus hijos.

Te recomiendo algunas maneras para aprender a amar y ser libre:

- Haz oración todos los días para comunicarte con tu Padre Dios, pedirle todo lo que necesitas y agradecerle por todo lo que te da.
- Vete a visitar a Jesús, el amigo que siempre te espera, en el sacramento de la Eucaristía. Él es el amor de los Amores, que te recibirá con alegría y te llenará de bendiciones.
- Pide a la Virgen María que te enseñe a amar cada día más a tu amigo Jesús.
- Haz felices a los que te rodean con pequeñas cosas: una palabra amable, una sonrisa, un pequeño servicio...
- Recuerda el nombre de quienes viven junto a ti y trátalos por su nombre.
- Procura conocer los gustos ajenos para tratar de complacerles.
- Sonríe a todas horas a todos, con ganas o sin ellas.
- Multiplica el saludo, incluso con desconocidos.
- Piensa en cada momento qué puedes hacer para hacer felices a los que están a tu lado.
- Olvida las ofensas recibidas y perdona sin condiciones.
- Haz pequeños regalos como muestras de cariño.
- Acude puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar.
- Manda con tono suave y no grites nunca a nadie.
- Cuando debas corregir, hazlo con amor.
- Cuenta a la gente las cosas buenas que otros han dicho de ellos.
- Di siempre palabras amables, que levanten la autoestima, sobre todo, en los niños y en los más pobres y necesitados.
- Nunca ofendas con tus palabras y evita hacer sufrir sin necesidad.
- En todo momento y en todo lugar, ama a todos y reza por ellos.

El amor auténtico es lo que constituye nuestra grandeza de hombres. De ahí que debamos amar hasta el último suspiro. Decía san Agustín: En este camino del amor; si dices basta, ya estás perdido. No te detengas, avanza siempre; no vuelvas hacia atrás, no te desvíes. En este camino, el que no adelanta retrocede . Sin amor, nunca podrás ser feliz. Y, si has encontrado ya el amor de Dios y quieres vivirlo de verdad, comparte tu amor con otros y muestra el camino de Jesús a todos los que encuentras en tu camino.

El Papa Juan Pablo II decía:

¡Cuántos no poseen la verdad, y arrastran su existencia sin un para qué; cuántos quizás, después de vanas y extenuantes búsquedas, desilusionados y amargados, se han abandonado y se abandonan todavía a la desesperación! ¡Y cuántos han logrado encontrar la verdad sólo después de años de angustiosos interrogantes y penosas experiencias!

Pensad, por ejemplo, en el dramático itinerario de san Agustín para llegar a la luz de la verdad y a la paz de la inocencia reconquistada. ¡Y qué suspiros lanzó, cuando finalmente alcanzó la luz y exclamó con nostalgia: Tarde te amé!

Pensad en la fatiga que tuvo que pasar el célebre cardenal Newman para llegar con la fuerza de la lógica, al catolicismo. ¡Qué larga y dolorosa agonía espiritual!

Ellos llegaron adonde vosotros ya estáis. ¡Vosotros poseéis ya la verdad entera, luminosa, consoladora! ¡Cuántos envidian vuestra situación! Sabed ser sensibles y dóciles para no despilfarrar ni deteriorar el don inmensamente precioso que poseéis .

La libertad es un tesoro inmenso,
que tiene raíces de amor.

LA ALEGRÍA DE SER BUENOS

Ser bueno es ser feliz. Por eso, podemos hablar de la alegría de la virtud o de la alegría de ser buenos. Veamos lo que decía Jenofonte, siglos antes de Cristo, sobre Hércules, el gran héroe de las leyendas griegas en sus Memorias. Un día, cuando Hércules era jovencito, se le presentaron dos mujeres. Una de ellas le dijo: Sígueme y te llevaré por un camino agradable y, mientras vivas, no tendrás sino placeres. Yo conozco el camino del placer sin el dolor. Al preguntarle cuál era su nombre, ella respondió: Mis amigos me llaman felicidad; mis enemigos, vicio.

La segunda mujer le dijo: No le creas, no existe la felicidad sin trabajo y sin esfuerzo. Si me sigues, tendrás dolores, trabajos y sacrificios, pero serás feliz. Pero el vicio respondió: Ya ves lo que ella te ofrece, yo en cambio te llevaré fácilmente a la felicidad sin tanto sacrificio.

Mentira, dijo la virtud, ¿Qué felicidad puedes dar tú? Comes antes de tener hambre y bebes antes de tener sed. Empujas a tus seguidores al amor antes de la edad determinada por la naturaleza. Les acostumbras a divertirse por la noche y a dormir durante el día... Los dioses te arrojan de su compañía y los hombres de bien te desprecian... Por eso, los que me siguen, sólo comen cuando tienen hambre y beben solamente cuando tienen sed. Así el pan y el vino tienen un gusto agradable. El sueño les es más dulce, porque no sacrifican ninguno de sus deberes y, cuando les llega el último momento, no caen en el olvido, sino que su recuerdo les sobrevive.

¿A quién seguirás tú? ¿Al vicio o a la virtud? Recuerda lo que le pasó a Leonardo da Vinci, el famoso pintor italiano. Un día quiso encontrar un modelo para el Cristo de su Última Cena y fue recorriendo las calles de la ciudad. Por fin, encontró a un joven hermoso, cantando en el coro de una iglesia y lo llevó a su estudio para que representara a Cristo. El joven se llamaba Pietro Bandinelli. Dos años más tarde, queriendo encontrar un modelo para Judas, se fue por las calles de mala fama de Milán y, al fin, encontró un joven cuyos rasgos revelaban maldad y corrupción. Cuando el artista lo llevó a su estudio, el joven se echó a llorar amargamente. Entonces, Leonardo se dio cuenta de que era el mismo Pietro Bandinelli, que había sido su modelo para el Cristo de su Última Cena.

Otro ejemplo. En la famosa novela El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, se presenta la vida de un tal Dorian Gray, un joven bellísimo y enamorado de su propia belleza, como tantos jóvenes de hoy, a quien le hicieron un bello retrato en la plenitud de su belleza. Deseaba ser eternamente joven para ser admirado siempre por los demás. Un día, cegado por su soberbia, exclamó: La juventud es lo único que vale. Cuando note que envejezco, me mataré: ¡Oh, si pudiera el retrato envejecer y yo permanecer siempre como soy ahora! ¡Por permanecer siempre joven, yo lo daría todo, hasta mi propia alma!

Así piensan muchos jóvenes, que son capaces de dar su alma al diablo o meterse en caminos oscuros, con tal de conseguir el poder, el placer y la gloria. En el caso de esta novela, se le concede su petición. Su cuerpo permanece siempre joven y bello por fuera, aunque oscuro y feísimo por dentro, pues llega hasta ser un asesino. El cuadro por su parte, iba en cambio reflejando su envejecimiento y el estado feísimo de su alma. Por eso, tenía el cuadro escondido para que nadie lo viera. Un día, le dio tanto horror ver el estado de fealdad del cuadro, que quiso hacer desaparecer la prueba del horroroso estado de su alma putrefacta y cogió un cuchillo y apuñaló el retrato. Cuando lo encontraron muerto, estaba con un cuchillo en el corazón. Estaba ajado y lleno de arrugas, y su cara era repugnante.

¿Acaso tú quieres vivir sólo de apariencias o de placeres corporales? ¿Y tu alma? Si has caído en lo más bajo, todavía hay esperanza para ti. Cristo quiere convertirte en un hombre diferente, bello y hermoso de corazón. Esto le pasó a Alejandro Serenelli. A los 20 años, mató de catorce puñaladas a María Goretti, porque no quiso ceder a sus deseos insaciables de impureza. Él estuvo muchos años en prisión, pero su vida se transformó a raíz de un sueño, en el que vio a María Goretti en un bellísimo jardín con bellísimas flores, animándolo a ser bueno. A partir de ese día, fue un hombre nuevo y pasó sus últimos años de vida, haciendo penitencia y trabajando de hortelano en un convento de padres capuchinos. Y él, por propia experiencia, les dice a los jóvenes:

Soy viejo, con casi 80 años. Dando una mirada al pasado, reconozco que en mi juventud me fui por un camino equivocado. El camino del mal me condujo a la ruina. A través de revistas, periódicos y espectáculos, veía que los jóvenes iban en pos del placer, y yo seguí ese camino. Tenía a mi lado personas creyentes, que me daban buen ejemplo, pero estaba como ciego por la fuerza de la pasión, que me llevaba por malos caminos. A mis veinte años cometí el delito del que hoy me horrorizo sólo de pensarlo. Maté a María Goretti, llevado de la pasión carnal, porque ella no aceptó mis propuestas. María Goretti ahora es una santa de la pureza y ha sido un ángel bueno que la Providencia de Dios ha puesto en mi camino. Rezó por mí y me perdonó.

Estuve 29 años en prisión. Acepté la sentencia resignado, espié mi culpa. Durante esos años, María fue mi luz y mi protectora, y con su ayuda me convertí y he tratado de vivir honestamente. Los religiosos capuchinos me recibieron como hortelano en su convento desde el año 1936 y con ellos vivo. Ahora espero sereno el momento de llegar al paraíso, de abrazar a mis seres queridos y de estar cerca de mi ángel protector María Goretti.

Ojalá que aquellos que lean esta carta aprendan a huir del mal y de seguir el bien siempre, desde niños. Piensen en la religión, vivan según sus mandamientos, que es el camino seguro, incluso en los momentos más dolorosos de la vida .

El conocido educador norteamericano Gerald Kelly escribió: Somos demasiado inclinados a pensar que la virtud es algo insignificante e, incluso, algo pesado y aburrido, mientras que pensamos que el mal es atractivo. Hasta llegamos a ver la virtud como una represión. Pero, si llegamos a quitarle la máscara que cubre el mal, encontraremos en él miseria e infelicidad. Sí, solamente el ser buenos nos dará la verdadera felicidad. Lo decía un gran escritor italiano Luigi Santucci: Es hora de quitarle a Satanás la prerrogativa de haber inventado y monopolizado el gozo. Nosotros los católicos rechazamos este aparente gozo (sin Dios), porque nos hace perder el alma y, sobre todo, porque los malos son miles de veces menos felices que nosotros . El mismo san Agustín, por propia experiencia, nos dice al principio de su libro Las Confesiones: Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descanse en Ti.

Un ejemplo vivo de la alegría que da la virtud nos lo da Ghandi, un no cristiano, que a los 30 años hizo voto de castidad perpetua en unión con su esposa. Y nos dice en su Autobiografía: No se piense que la castidad es imposible, porque es difícil. La castidad es el más alto ideal y, por eso, no debe maravillar que requiera de un alto esfuerzo para alcanzarla. A mí una vida sin castidad me parecía insípida y parecida al animal. El animal no tiene control de sí mismo, mientras que el hombre es hombre, porque tiene autocontrol... Cuando miro atrás, me siento lleno de alegría. La libertad y la alegría llenaron mi alma después de haber hecho el voto de castidad en 1906. Esta alegría no la había nunca experimentado antes. El voto fue para mí como un escudo contra las tentaciones impuras. Cada vez, se me hace ahora más claro el poder de la castidad. La castidad es una protección del cuerpo y del alma y de la mente. La castidad ha sido para mí una alegría siempre... Uno que aspira a servir a los demás de modo total no puede menos de hacer el voto de castidad. El voto de castidad me hizo libre y disponible para todo servicio al prójimo .

Evidentemente, no todos tienen la gracia de vivir una vida de castidad perpetua, pero sí todos pueden y deben vivir una vida virtuosa, llena de pureza y bondad. ¿Acaso tú no serás capaz de disfrutar de la libertad y de la alegría que da la virtud, que es amor?

JESÚS ES EL CAMINO

Muchos jóvenes no han encontrado todavía el sentido de su vida. Vagan por la vida como sonámbulos que no saben a dónde van. Se sienten vacíos por dentro como la estatua del hombre moderno del escultor Silvio Amelio. Es un hombre inclinado hacia delante, entregado por completo a una actividad guiada por la inteligencia. Es símbolo del progreso tecnológico de nuestro tiempo. La estatua tiene, sin embargo, un gran hueco en el corazón; por él se puede ver el otro lado. Así quiere significar que el hombre moderno no tiene corazón, es decir, que no tiene sentimientos. Es un hombre frío y calculador, que sólo ve lo material, faltándole la dimensión espiritual.

Quizás la culpa no sea toda suya. Muchos jóvenes se sienten defraudados, porque no han podido encontrar trabajo o porque sus padres no les han dado el amor y el apoyo que necesitaban. Otras veces, puede ser que no encuentran la pareja ideal para formar una familia. Quizás tienen muchas inseguridades personales y no saben cuál es el camino a seguir en el laberinto de la vida... Y muchos caen en el relativismo del ambiente actual. No creen en nada ni en nadie. Rechazan toda autoridad moral y creen que las enseñanzas religiosas son cosas anacrónicas. Quieren ser modernos y ser libres de toda atadura moral, cayendo en el desenfreno y en la esclavitud de las pasiones. Y muchos hasta rechazan los símbolos religiosos, como si fueran señal de intolerancia, para los que no siguen esa religión. Al final, sólo queda un sálvese quien pueda y que cada uno haga lo que quiera.

Sobre esto, decía el gran escritor y novelista inglés Gilbert K. Chesterton: Había una vez un hombre que sentía horror a la cruz. Comenzó por no tolerarla en su casa y las tiró todas, incluso la que tenía su mujer al cuello. Este hombre cada día se volvía más violento y excéntrico y, como en el pueblo donde vivía había muchas cruces por los caminos, quería derribarlas todas. Un día se subió hasta el campanario de la iglesia parroquial y, lleno de furor, tiró la cruz abajo, profiriendo atroces improperios. Otro día, se encaminaba por la noche hacia su casa por un camino solitario y, en la oscuridad del camino, las estacas de una empalizada le parecían un ejército de cruces y, enarbolando un garrote, se puso a derribarlas una por una. Llegó a su casa completamente loco y exhausto. Se desplomó en una silla para descansar, pero de pronto se dio cuenta de que los travesaños del techo parecían cruces y así fue viendo cruces en todos los muebles; y según caminaba lo iba destruyendo todo. Por fin, incendió su casa, porque le parecía hecha de cruces. A la mañana siguiente, lo hallaron en el río, ahogado.

Chesterton reflexiona sobre esto y dice: Los racionalistas empiezan destruyendo la cruz de Cristo, queriendo destruir a Dios, y terminan destruyendo a todos los que están a su lado, haciendo sufrir a los que les rodean y creando así un mundo más inhumano, porque sin Dios el hombre se hace más violento y más cruel. Por el contrario, cuanto más cerca estemos de Jesús, más amables, humanos y comprensivos seremos con los demás.

Veamos un testimonio: En una época de mi vida estaba alejada de Dios: vivía sólo para mi egoísmo y satisfacción con muchos conflictos emocionales. Caí en graves depresiones, de las que no podía salir, a pesar de tener tratamiento siquiátrico... Y achacaba mis males al stress, pero ahora veo que era la pérdida de Dios lo que me producía aquel gran vacío interior.

Desde que encontré a Cristo, soy una persona nueva y me siento redimida y feliz. Ahora Él es el centro de mi vida, lo primero de mi vida. Mis inseguridades, angustias y miedos han desaparecido, porque me fío de Él y cada día lo pongo todo en sus manos. Ya no me enfado como antes y miro con amor a mi prójimo. Intento ayudar a los demás y no me cuesta perdonar como antes .

Otro testimonio: Llevaba 24 años metida en la prostitución, en esa vida de verdadero tormento y vejación. El Señor me sacó de ese infierno, que yo no aguantaba más, pero que no sabía cómo salir de él. Me ha hecho falta mucha ayuda, cariño y comprensión, que Dios me ha concedido en abundancia por mediación de algunas personas. Un día, cuando iba a comulgar, el Espíritu Santo me inspiró consagrarme en cuerpo y alma al Señor. Me sentí lavada con su preciosa sangre y tan liberada de mi triste pasado como una recién nacida. Jesús me ha dado una vida nueva y feliz .

El padre Roberto DeGrandis cuenta la siguiente historia: Había una muchacha de 18 años, que fue a un retiro. Oramos por ella. No usamos ninguna oración de exorcismo, ni agua bendita ni óleo santo, sino mucha alabanza y amor a la Virgen María para que intercediera ante Jesucristo, nuestro liberador. Después de media hora de oración, la habitación se iluminó con la presencia del Espíritu Santo. Todos sentimos la fuerte presencia de Jesús y, el espíritu maligno, que no la dejaba ser feliz, la dejó libre. Ella se levantó con una sonrisa y pudo unirse a nuestra alabanza, por primera vez, quizás en su vida. El aspecto de su cara era distinto, estaba libre, libre en el Señor. Para ella, ese día fue un gran regalo del Señor y para nosotros un día de agradecimiento y gozo, porque el Señor nos enseñó que la oración de liberación no tiene que ser tan desagradable, aunque siempre es difícil. Él quiso mostrarnos que nadie tiene que vivir bajo la tiranía de Satanás, porque su victoria sobre la muerte es nuestra victoria .

Narciso Yepes, el gran guitarrista español, se encontró un día con Jesús. Tenía 24 años y estaba en París. Dice: Era por la mañana. Exactamente el 18 de mayo de 1951... Y me hizo una pregunta interior. Fue una pregunta en apariencia muy simple: ¿Qué estás haciendo? En ese instante, todo cambió para mí. Mi respuesta fue inmediata. Entré en la iglesia más próxima. Se convirtió y era tal su amor por Dios que todos sus conciertos se los ofrecía a Él. Dice: A Él le encanta mi música. Pero más que mi música lo que le gusta es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo, mi arte, mi trabajo. Ser consciente de la presencia de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar. Lo tengo bien experimentado . Él se enamoró de Jesús por haber sentido su voz. ¿Y tú? ¿Serás capaz de seguirle a tiempo completo y para siempre?

Es interesante el testimonio de conversión del siquiatra chileno Sergio Peña y Lillo, que se convirtió en 1970 y escribió en su libro En el Corazón de Cristo: Estando una tarde, que jamás olvidaré, en mi oficina de la clínica siquiátrica universitaria, me puse a leer casi por curiosidad los Evangelios. Al leer el Evangelio de san Mateo, me encontré a quemarropa con el pasaje que iba a ser decisivo para el resto de mi vida: la vocación de Mateo.

Al leer SÍGUEME, sentí una brusca sacudida. Me quedé como petrificado en el SÍGUEME. Era la alegría emocionante de un reencuentro largo tiempo anhelado. Era la irrupción repentina de lo sobrenatural... Sollocé con la pena más hermosa y dulce de toda mi vida: un llanto que brotaba de la raíz misma de mi ser. Tenía la sorprendente vivencia de que el Señor a mí me decía: SÍGUEME, SÍGUEME, SÍGUEME. Se repetía la extraña voz en mi interior con la indescriptible certeza de que, en ese preciso momento, era a mí a quien Jesús llamaba. ¡Era Cristo y era todo! Había sido siempre a Él a quien yo buscaba y yo no lo sabía. Me arrodillé y lloré cerca de dos horas. Y repetía obsesionado en voz alta: ¡Eras Tú, Señor, eras Tú! .

Sí, Jesús es el único que puede dar sentido a nuestra vida. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

El famoso escritor y médico inglés A.J. Cronin estaba en una oportunidad visitando la ciudad de Roma. Un día se fue a dar un paseo por las afueras de la ciudad y se perdió. Buscaba quién le diera alguna información para volver al hotel, donde le esperaban sus amigos, cuando vio una capilla y entró en ella. Era la capilla que recuerda cómo Jesucristo le salió al paso a san Pedro durante la persecución de Nerón y Pedro le dijo: Quo vadis, Domine? (¿A dónde vas, Señor?). Este suceso está relatado en la famosa novela Quo vadis del novelista polaco Sienkievicz, premio nóbel de literatura de 1905. También se hizo famosa la película que hicieron sobre esta novela y que también se llama Quo vadis.

Pues bien, estando en aquella capilla, Cronin sintió que Jesús le decía: ¿A dónde vas? Como si le preguntara: ¿Cuál es el sentido de tu vida? Cronin se hizo católico y desde aquel día, en que oyó la voz de Jesús en su corazón, procuró vivir como un verdadero discípulo de Jesús hasta las últimas consecuencias.

El padre Ignacio Larrañaga cuenta cómo siendo joven sacerdote, vivió una fuerte experiencia del amor de Dios, donde Jesús se le manifestó y lo marcó para toda su vida con el fuego de su amor.

Dice así: Fue un deslumbramiento. Un deslumbramiento, que abarcó e iluminó el universo sin límites de mi alma. Eran vastos océanos plenos de vida y movimiento. Una inundación de ternura. Una marea irresistible de afecto, que arrastra, cautiva, zarandea y remodela como lo hacen las corrientes sonoras con las piedras del río.

Quizás una sola palabra podría sintetizar "aquello": AMOR. El amor que asalta, invade, inunda, envuelve, compenetra, embriaga y enloquece. El hijo (prefiero hablar en tercera persona) quedó arrebatado, como si diez mil brazos lo envolvieran, lo abrazaran, lo apretaran. Como si un súbito maremoto invadiera las playas, como si una crecida de aguas inundara los campos. La noche y el mundo se sumergieron, las estrellas desaparecieron. Todo quedó paralizado. Locura de amor. Silencio.

Durante toda la noche, yo no dije nada. Sólo lágrimas, lágrimas embriagadas, lágrimas cautivas, lágrimas enamoradas. Tampoco Él dijo palabra alguna. Inclusive, me parecía que las palabras, en esa noche, no eran sino sonidos ridículos. La conciencia no fue anulada, sino desbordada. Mi estado consciente fue abrasado y arrastrado por la pleamar del amor, sumergiéndolo todo en un estado de total embriaguez. No cabe otra alternativa, sino la de rendirse, entregarse y llorar sin saber qué decir o qué hacer. Es la posesión colmada en la que los deseos y las palabras callaron para siempre...

¿Cuánto duró el relámpago de aquella noche? Mil veces lo he pensado, pero francamente no lo sé. Pudo haber sido un segundo, cinco segundos, pero los infinitos matices que esa fulgurante vivencia contenía, quedaron grabados en mi alma para siempre .

Vale la pena seguir a Jesús. Los que lo encuentran y se enamoran de Él, nunca se arrepienten de seguirlo. Vale la pena darlo todo por Él.

Por eso, el Papa Benedicto XVI les decía a los jóvenes en la jornada mundial de la juventud en Colonia, en agosto del 2005: La felicidad que buscáis y que tenéis derecho a disfrutar tiene un nombre: Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Quien deja entrar a Cristo en su vida, no pierde nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. No. Sólo con esta amistad se abren realmente los grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para gloria de Dios, para la felicidad de los hombres y para la salvación del mundo.

DIOS TE HABLA

Dios nuestro Padre nos habla en su Palabra e ilumina nuestro camino para que no caigamos en errores, sino que vayamos por el camino de la verdadera libertad. Escucha con atención lo que dice nuestro Padre Dios:

- Compórtense como hombres libres, aunque no a la manera de las personas que hablan de libertad para justificar su maldad, ustedes son servidores de Dios (1 Pe 2, 16).
- Algunos prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, pues uno es esclavo de lo que le domina. Ellos, en efecto, después de haberse librado de los vicios del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesús, vuelven a esos vicios y se dejan dominar por ellos; y su estado actual resulta peor que el primero (2 Pe 10, 19-20).
- Ustedes fueron comprados por Dios a gran precio: no se hagan esclavos de los hombres (1 Co 7, 23).
- Ustedes fueron llamados para gozar de la libertad; no hablo de esa libertad, que encubre los deseos de la carne, más bien, háganse esclavos unos de otros por amor (Gál 5, 13-14).
- Cristo nos ha liberado para que seamos realmente libres. Por eso, manténganse firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud (Gál 5, 1).
- Revístanse de la armadura de Dios para que puedan resistir las insidias del diablo, ya que nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los malos espíritus... Estén alerta... Tomen el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo (Ef 6, 10-18).

Jesús nos dice: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Yo les he dado poder para pisar serpientes y escorpiones y contra todo poder del enemigo y nada les dañará (Lc 10, 18-19).

- En mi Nombre expulsarán demonios (Mc 16, 18). Resistan al diablo y huirá de ustedes (Sant 4, 7). No dejen resquicio al diablo (Ef 4, 27).

Y Jesús dice solemnemente a los débiles y temerosos ante la lucha de cada día contra el mal y contra el maligno: No tengan miedo, yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). Y, si Jesús ha vencido al mal y al maligno, nosotros también podemos hacerlo en el nombre de Jesús, pues somos sus representantes y embajadores en este mundo. En mi nombre expulsarán demonios (Mc 16, 17). Por eso, nos dice a cada uno: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36).

REFLEXIONES

Nunca mientas ni hagas trampas. Sé libre de verdad. Libre de tus caprichos, que buscan siempre excusas para seguir tus gustos solamente. Libre de tu flojera para el estudio o el trabajo. Libre de tus pasiones y de tus vicios. Libre de tus sentimientos negativos, especialmente del rencor. No seas esclavo de la pereza o del egoísmo. Tienes un corazón grande y hermoso para amar. No lo malgastes en buscar solamente las cosas de la tierra.

Sé libre como las águilas, que dominan los aires. No seas como Vicente que va donde va la gente, no seas un hombre sin personalidad, que hace y dice lo que hacen y dicen los demás. Piensa por ti mismo. Decide por ti mismo. No te dejes manipular por la moda o por las ideas de tus amigos. Sé un hombre de verdad. Vive con autenticidad. No hagas de la mentira una norma de tu vida. No engañes a nadie. No trates de justificar tus errores. Reconócelos y rectifícalos.

Aprende a ser libre, rompiendo las cadenas de tus vicios, porque en nombre de la libertad se han cometido muchos crímenes. En nombre de la libertad, muchos hombres y mujeres desprecian la fidelidad conyugal y matan a niños inocentes por el aborto. No permitas que tu libertad esté encadenada por tus errores y pecados. No confundas libertad con irresponsabilidad. Ser libre es ser responsable. Ser libre es amar de verdad y hacer felices a los demás. Por eso, nunca repitas demasiado: Yo, Yo, Yo... No digas yo soy así, para justificarte. Decir no puedo es, con frecuencia, decir no quiero, es una excusa fácil y falsa. Con la ayuda de Dios, sí puedes superarte. No te detengas nunca en el camino de tu propia superación personal. Aspira a lo más alto y más profundo, aspira a ser mejor y más santo cada día.

Cambia el color de tu mirada. Mira con nuevos ojos a los que te rodean. Libérate del egoísmo destructor, del orgullo, del miedo al ridículo, de la moda, de qué dirán y de todo aquello que te hace esclavo. Piensa que cada día puedes mejorar y hacer algo mejor que ayer. No te dejes llevar del consumismo. No te crees necesidades nuevas cada día. Sé libre como los pájaros que, con un poco de comida, son felices. Y empieza a cambiar hoy, no lo dejes para mañana; pues mañana podría ser demasiado tarde.

Controla el timón de tu vida y no te dejes llevar a la deriva por tus pasiones. Sé dueño de ti mismo. No seas veleta movida por el viento. Sé tú mismo. Sé responsable de tu vida. Usa tu capacidad de pensar y actuar de acuerdo a principios fundamentales. No sigas simplemente lo que te impone la moda o lo que aprueban o desaprueban los demás. No te dejes manipular por los otros. Sé libre, pero a la vez sé responsable.

No busques las razones de tus males y de tus problemas fuera de ti. Lucha, esfuérzate, trabaja por superarte cada día. No te dejes amilanar por las dificultades. No te preocupes demasiado por lo que los demás piensan de ti. Preocúpate de lo que eres de verdad, aunque nadie conozca tus virtudes. Supérate con coraje. Perdona a quienes te hayan ofendido. Entierra tu pasado tortuoso, tus odios y antipatías, y trata de amar, servir y ayudar a todos los que te rodean.

No te vendas por dinero. El dinero no te va a dar la felicidad. Pero tampoco busques desesperadamente el placer por el placer. No te dejes esclavizar por el placer. El placer es una sensación placentera del cuerpo, que es pasajera y temporal. Busca la felicidad permanente, que pertenece al alma. Dime, ¿cuántas horas dedicas al cuidado de tu cuerpo, a tu aseo, en el gimnasio, en la playa, en el tocador? Y ¿cuánto tiempo dedicas al cuidado de tu alma? ¿No es más importante el alma que el cuerpo? No te dejes esclavizar por tu cuerpo. Vive para la eternidad.

No pierdas el tiempo, pensando en lo que pudiste haber hecho y no lo hiciste. Proyéctate al futuro para ver qué es lo que puedes hacer y cómo lo harás. Lamentarse no soluciona nada, pero puedes aprender de tus errores para dar más importancia al tiempo y no volver a perderlo. Cada día es un día único, que debes llenar de amor y alegría para hacer felices a los demás. Escribe cada día una página nueva en la historia de tu vida, pero que sea una página llena de amor, de la que puedas sentirte orgulloso. Recuerda que has nacido para ser feliz, haciendo felices a los demás.

¿Conoces a alguien que va por la vida sin rumbo como un barco que ha perdido las hélices? ¿Por qué no le echas una mano? Hay demasiada gente confundida, deprimida, sin ganas de vivir, que te necesita. Abre los ojos y haz feliz a todo el que encuentres en tu camino. Dios no te pide más. No necesitas ir a tierras lejanas a dar de comer a los hambrientos de África. Tu vida debes cumplirla en el lugar donde Dios te ha colocado. Ahí debes santificarte y ahí mismo puedes hacer feliz a mucha gente. Además, con tu oración y con tus sufrimientos también puedes llegar a ayudar a los que viven lejos; pues la oración es recogida por Dios y llevada en alas de los ángeles para ayudar a los más necesitados de los más lejanos lugares de la tierra.
Hermano, Dios espera mucho de ti. Enciende luces en tu camino para que otros sigan tus huellas. Mira a tu alrededor. El mundo está lleno de vida. Observa una brizna de hierba; un pajarillo que canta en un árbol solitario; una hormiga que vaga por el suelo, buscando un granito de trigo; un perro callejero, que está hambriento de pan y de cariño; un insecto que revolotea sin fin... Pero, sobre todo, observa a los hombres que pasan junto a ti. Mira a ese niño que no sonríe o al hombre que camina de prisa o a esa mujer que está embarazada. Todos tienen su propia historia y sus propios problemas. Al menos, puedes saludarlos, sonreírles, orar por ellos.

Sí, puedes amar a cada ser humano que hay en el mundo. No importa, si no se lo merecen. Tú no juzgues, deja el juicio a Dios. Tú ama, aunque te hayan hecho daño. Ama y perdona. Ama sin condiciones. El amor es la primera y la última palabra del universo. Por amor se hizo el mundo y se conserva. Por amor hay niños, hay familias, hay vida... Por eso, cuando falta el amor, todo se resiente y todo va mal. En cambio, donde hay amor, hay armonía y felicidad. Es decir, donde está Dios; pues Dios es Amor. Y nadie puede ser feliz sin Dios y sin su amor.

Ama y disfruta de las alegrías bellas de la vida. ¿Por qué encerrarse en una discoteca los fines de semana para oír música estridente y violenta, que fomenta las pasiones? ¿Por qué no sales al campo para disfrutar de un bello atardecer, de las sencillas mariposas, del canto de los pájaros, de los colores de las flores, del arco iris o de la musicalidad del viento o del perfume de los campos? No hace falta ser millonario para disfrutar de las alegrías sanas de la vida. Alégrate con la sonrisa de un niño, de la belleza de una mujer hermosa y, sobre todo, del amor de tu familia. Aprende a amar de verdad y no te dejes llevar del falso amor, que sólo busca el placer del cuerpo.

Serás libre, cuando ante cada elección, escojas no lo más agradable, sino lo que más te hace persona. Cuando prefieras el bien de tu prójimo a tu propia comodidad. Cuando digas no a la opresión y a la injusticia. Serás libre, cuando aceptes a los demás como son y cuando en todo busques hacer la voluntad de Dios; sin importarte lo que digan o no digan los demás. Sólo amando a Dios y a los demás serás verdaderamente libre. Sólo amando y sirviendo a los demás, serás realmente feliz. Sólo Dios puede darte la verdadera felicidad. Ama y serás feliz.

LIBERTAD CONQUISTADA

Cuántas veces en la vida
he perdido la batalla,
por dejar que las pasiones
dominasen en mi alma.
No he sabido decir NO
y he caído entre las garras
del maligno halcón que ataca,
para encadenar mi alma.
Pero yo quiero volar
con libertad conquistada
y quiero amar a los hombres
con un alma renovada.
Quiero ser libre sin vallas,
quiero derribar las cercas
y los vicios que me alambran.
No quiero ser hoja al viento,
ni ser veleta alocada.
No quiero ser barquichuela,
como un juguete que salta
al impulso de las olas
y en las rocas destrozada.
Déjame ser como tú,
angelito de mi guarda,
lleno de amor y de gracia,
libre para amar a todos,
libre de vicios y fallas.
Libre para estar contigo
sin ataduras que amarran.
Libre para ser feliz
desde la raíz del alma,
y abrir en vuelo mis alas
para volar hacia Dios
con libertad conquistada.


Sólo el hombre bueno
es libre
(San Agustín, En in ps 99.7)

 

 



CONCLUSIÓN

Después de haber analizado lo que es la verdadera libertad, hemos podido constatar que muchos hombres, que se creen libres, porque dicen que hacen lo que quieren, no son realmente libres, sino esclavos.

Esclavos de sus propios vicios y pasiones. Muchos de estos esclavos de las drogas, del alcohol, de la pornografía..., han podido salir y encontrar la libertad perdida. Algunos de ellos nos han hablado de la enorme diferencia entre ser libres a su manera, a ser libres de verdad, amando sinceramente a Dios y a los demás. Jesús nos mostrará el camino. Él es guía y maestro.

Él es la fuente de todo verdadero amor y de toda auténtica libertad.

Él da sentido a nuestra vida en el amor, y podría decirnos con san Agustín: Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor.

Que la raíz de todas tus obras sea el amor .

Ama con responsabilidad y buscando la felicidad de los demás.

Ama y haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti.

No quieras para los demás lo que no quieras para ti.

Te deseo una vida llena de amor, libertad y responsabilidad,

pues estas tres palabras van indisolublemente unidas.

Así serás libre y feliz, amando a todos sin excepción con el amor de Dios.

Que seas libre y feliz. Es mi mejor deseo para ti.

Tu hermano y amigo del Perú.

P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino Recoleto


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Ratzinger Joseph, La fe como camino, Ed. internacionales universitarias, Madrid, 2005.

 

La ley de la libertad es
la ley del amor
(San Agustín, 

 



   



 


Autor: LIBRO: ¿ERES REALMENTE LIBRE? P. Ángel Peña O.A.R. LIMA – PERÚ 2007
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez Obispo de Cajamarca

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