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Cómo eran y vivían los primeros cristianos


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Cómo eran y vivían los primeros cristianos. Exposición DIALOGADA del Curso de Biblia Luz y Vida

 

Rosy. La verdad es que la última lección sobre Pentecostés me dejó admirada y entusiasmada. Ahora que tenemos ya a Jesús en el Cielo, y cuando nos ha enviado el Espíritu santo, ¿qué nos toca?
Javier. No cuesta adivinarlo. Ahora, a meternos dichosamente con los apóstoles de Jesús, a los que el Espíritu Santo transformó de aquella manera tan radical en Pentecostés, cuando los dejó al frente de la Iglesia naciente.

 

 

P. Luis. Bueno, me ahorran la introducción para la lección de este día. Vamos a comenzar con los apóstoles. Y hoy, precisamente, con la vida de aquella primera comunidad de creyentes en Jerusalén. Hoy vamos a hablar de la Iglesia primitiva.
Rosy. ¿Con los Hechos de los Apóstoles? ¿Ese libro que a mí me encanta?...

 

 

P. Luis. Con el mismo. Aunque por ahora nos vamos a quedar sólo en el principio. Si no hubiera sido por el bueno de Lucas, que continuó su evangelio con este otro libro, tendríamos en el Nuevo Testamento un vacío muy difícil de llenar. Gracias a Lucas sabemos cómo era la vida de aquellas primeras cristiandades.
Javier. ¿Y vamos a ver la historia de los Doce apóstoles?

 

 

P. Luis. No. Lucas no la cuenta. No pensemos que Lucas hace una historia de los apóstoles, de los Doce elegidos por Jesús. Pues en el libro no entran más que Pedro en la primera parte con algo de Juan, y en la segunda se limita a contarnos las aventuras misioneras del convertido Pablo. De los otros apóstoles, fuera de unas alusiones a los dos Santiago, no nos dice nada.
Javier. Entonces, el título del libro es un poco equívoco. ¿De qué trata en concreto?

 

 

P. Luis. Más que una historia, Lucas, aunque parte siempre de hechos reales e históricos, nos ha querido transmitir un mensaje: lo que era la Iglesia en un principio, como ejemplo de lo que ha de ser en adelante y siempre. Nos muestra la obra del Espíritu Santo, y de tal manera, que al libro de los Hechos se le ha llamado, acertadamente, el Evangelio del Espíritu Santo.
Rosy. ¿Nos podría indicar desde el principio sus líneas principales?

 

 

P. Luis. Muy sencillas. Todo el libro de los Hechos mira a tres Iglesias, que, podríamos decir, son el arranque de la Iglesia entera: la Iglesia primera de Jerusalén, de la que parte la Iglesia de Antioquía; la Iglesia de Antioquía, de la que sale Pablo para llevar el nombre de
Jesús a toda el Asia y Grecia; y la Iglesia de Roma, en la que se establece definitivamente la Iglesia de todos los siglos.
Javier. ¿Y qué es lo que vamos a ver hoy en concreto?

 

 

P. Luis. Hoy nos vamos a contentar con el principio, con la Iglesia naciente de Jerusalén, lo que llamamos "La Iglesia primitiva". Lucas nos presenta a la primera generación de los creyentes en Jesús como un modelo que habrán de imitar las generaciones sucesivas, porque esa primera comunidad constituye un ideal de vida cristiana para la Iglesia de todos los tiempos.
Rosy. Ya estoy viendo que esta lección se presenta preciosa. P. Luis. ¡Y tan preciosa, Rosy! Se trata de aquella comunidad nacida el mismo día de
Pentecostés con la venida del Espíritu Santo.
Javier. ¿Y cómo se inició todo?

 

 

P. Luis. Pedro, nada más recibido el Espíritu Santo, lanza la primera proclama del Evangelio con estas afirmaciones que constituirán la base de toda la predicación de los apóstoles: Jesús de Nazaret fue el Cristo prometido, acreditado por Dios con muchos milagros; Jesús murió y resucitó al tercer día; en Jesús tenemos el perdón de los pecados y por Él alcanzamos la salvación.
Rosy. ¿No ha dicho mucho en tan pocas palabras?...

 

 

P. Luis. Lanzado el mismo día de Pentecostés este primer evangelio, este primer "anuncio kerigmático", como se le llama, se bautizaron muchos y quedó constituida la primera comunidad cristiana en torno a los apóstoles.
Javier. ¿Y cómo fue la vida de esta primera comunidad? P. Luis. Lucas nos ofrece unos rasgos incomparables con varios párrafos que no tienen
una palabra de desperdicio.
Rosy. Empiece por el primero.

 

 

P. Luis. Dice: "Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones".
Javier. ¡Qué párrafo éste! Una fidelidad constante, sin fisuras, sin discusiones, a la doctrina de los apóstoles, que transmitían las enseñanzas y los ejemplos de Jesús... La comunión o comunicación de los bienes que poseían entre todos los hermanos... La fracción del pan, o celebración de la Eucaristía... La oración constante, como vida de la Iglesia...

 

 

P. Luis. Todo esto lo explana algo más el párrafo que sigue: "Acudían diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. Y el Señor agregaba al grupo a los que se iban salvando".
Rosy. Esto es grande de verdad. Testimonio semejante no se puede olvidar en la Iglesia.

 

 

P. Luis. Y viene después aquel párrafo de oro, tantas y tantas veces repetido: "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común. No había entre ellos algún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas, lo ponían al pie de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad".
Javier. Realmente, párrafos como éstos le dejan a uno sin aliento. ¿A semejante generosidad llegaban aquellos primeros creyentes?...

 

 

P. Luis. Por otra parte, los apóstoles eran maravillosos, porque "daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y gozaban todos de gran simpatía".
Rosy. No podía ser menos. Se habían convertido en unas estampas del mismo Jesús.
Y cuando fueron llevados ante la asamblea judía y los despidieron después de azotados los Doce, "ellos marcharon de la presencia del Sanedrín llenos de alegría por haber sido hallados dignos de padecer ultrajes por el Nombre del Señor".
Javier. ¡Valientes tíos! De aquellos cobardes de la noche de la Pasión no quedaba ni rastro. Jesucristo tenía que estar orgulloso de ellos.

 

 

P. Luis. ¿Qué hemos de decir sobre todos estos testimonios de Lucas? ¿Todo lo que nos narra es pura historia?
Rosy. ¿Cómo? ¿Qué hay dudas sobre ello, o qué? P. Luis. Ciertamente que Lucas, el diligente investigador y autor del libro, parte de
hechos concretos y reales. Las cosas eran así, y así vivían los primeros creyentes en Jesús.
Javier. Entonces, ¿dónde está la dificultad para crear ahora dudas?

 

 

P. Luis. Todos los comentaristas de la Biblia están acordes en asegurar que Lucas, más que hacer historia, presenta el ideal de lo que tiene que ser la vida de la Iglesia. Y, por ejemplo, al contar que todos vendían sus campos y sus casas, concreta esa venta al caso de Bernabé, que lo hizo y puso el dinero a los pies de los apóstoles. Y añade después la trampa de Ananías y Safira su mujer, que fueron tan severamente castigados por haber mentido para ser considerados como caritativos y generosos.
Javier. Entonces, Lucas presenta lo extraordinario como si fuera lo ordinario...

 

 

P. Luis. Sí. Es como si dijera: Eso que hacían algunos es lo que debiéramos hacer todos. Repito la idea: presenta el ideal del Evangelio basándose en los hechos reales que practicaban algunos, y quizá bastantes, de la primera comunidad apostólica.
Rosy. Ahora bien, consideradas todas las afirmaciones de Lucas en el libro, ¿qué debemos pensar y a qué podemos reducir todos los ejemplos que nos da de la vida de los primeros creyentes? ¿En qué puntos se fija concretamente, como ejemplo de la vida de la Iglesia que empezaba a desarrollarse?

 

 

P. Luis. Basta con analizar esos párrafos que hemos leído para poder responder a eso que preguntas.
Javier. Como hace tantas veces, señale uno por uno esos puntos indicados y propuestos por el libro de los Hechos.
Ante todo, y es lo primero que señala, es la fidelidad a la doctrina enseñada por los apóstoles, que es la misma del Señor Jesús, la que recibieron de sus labios, y que ellos vieron confirmada por los ejemplos del Señor.
Rosy. Esto no es sino realizar el encargo que les impuso antes de subirse al Cielo: "Vayan y hagan discípulos enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado".

 

 

P. Luis. Así ha de ser la Iglesia de todos los tiempos. En ella no hay más que un solo Maestro, que es el Señor Jesús. Ni más doctrina ni verdades que las confiadas por Él a los apóstoles y sus sucesores, los Obispos que, unidos en Pedro, el Papa, son los únicos a quienes Jesucristo confió el Magisterio en Iglesia.
Javier. Esto de la doctrina queda claro. La Iglesia no puede inventar verdades. Se limita solamente a enseñar lo que enseñó Jesús y transmitieron los apóstoles. ¿Qué otro punto nos señalaría, Padre Luis?

 

 

P. Luis. Lugar destacadísimo y primario lo constituía la "Fracción del Pan", es decir, la Eucaristía.
Rosy. Esperaba yo con ansia este punto, les digo la verdad. P. Luis. Pues, Rosy, ya hemos llegado a él. La comunidad celebraba el sacramento del
Cuerpo y de la Sangre del Señor, ya que sin Eucaristía no se da Iglesia.
Javier. ¿Y los apóstoles, supieron esto desde el principio?

 

 

P. Luis. Javi, me vienen ganas de responderte con unas palabras del Papa Juan Pablo II, cuando escribió sobre la institución de la Eucaristía: "¿Comprendieron los apóstoles el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no" (EDE, 2)
Javier. Sí; pudieron parecerles muy extrañas esas palabras: "Esto es mi cuerpo..., esta es mi sangre".
Pero el Espíritu Santo, después de Pentecostés, les enseñó toda la verdad y vieron que la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia, la cual nacía del misterio pascual, es decir, de la muerte y resurrección de Jesucristo.
Rosy. Si nosotros hoy no podemos pasar sin la Eucaristía, veo que esto nos viene de muy lejos, desde hace dos mil años, desde los mismos apóstoles. ¿Y qué otro punto nos señalaría, Padre Luis?

 

 

P. Luis. La oración ocupaba también lugar muy destacado, y Lucas la indica, de hecho, como independiente de la Eucaristía, y hasta la coloca de modo especial en el Templo de Jerusalén, aparte de otras oraciones propias.
Javier. Con ello viene a enseñarnos, pienso yo, que la oración es la respiración de la Iglesia: Iglesia o cristiano que no rezasen, serían cristiano e Iglesia muertos.

 

 

P. Luis. Javi, nada tengo que añadir a comentario tan atinado tuyo. Dices muy bien que no podemos concebir una Iglesia sin oración. Eso sería algo inimaginable.
Rosy. Sin embargo, el punto sobre la caridad llama la atención sobre todos los demás. "Formaban todos un solo corazón y una sola alma". Si esta afirmación, aparte de una belleza insuperable, es lo más emocionante que podemos leer en la Biblia.

 

 

P. Luis. Aquí se nos habla del amor entre los hermanos en un sentido muy completo: un amor afectivo: "¡Un solo corazón y una sola alma!"; y un amor efectivo: todos participando de los bienes de los demás. No existía el egoísmo.
Javier. ¿No hay aquí un poquito de hipérbole, quiero decir, no es esto una pequeña exageración?

 

 

P. Luis. No lo creo. Era una realidad eso de que se amaban todos entrañablemente. Estaba muy reciente el ejemplo del Señor.
Rosy. Yo así lo creo. Aquellos primeros hermanos nuestros en la fe conocían de sobra el primer mandamiento: "Esto les mando, que se amen los unos a los otros". "En esto conocerán todos que son discípulos míos, en que se aman los unos a los otros".
Javier. Hasta aquí no tengo dificultad alguna. Era ciertamente un amor efectivo, no teórico; pero resulta extraño eso de repartir todos los bienes entre todos por igual...

 

 

P. Luis. Lo que afirma Lucas, inspirado en hechos reales, es más bien un programa y un ideal de vida en los creyentes, pues vemos cómo en aquella Iglesia primera llegó a haber quejas por el abandono en que se sentían algunos, lo que dio origen a la institución de los diáconos. Pero es cierto que la caridad, el amor mutuo, brillaba en todo su esplendor.
Rosy. ¿Y qué más nos dice sobre aquella primera comunidad?

 

 

P. Luis. Aparte de estos puntos, hemos de notar que la Iglesia naciente de Jerusalén se sintió misionera desde el principio, como lo comprueba el hecho de Felipe en Samaría. Era necesario llevar el mensaje de la salvación a todas partes.
Javier. Por lo visto, el entusiasmo misionero, las ansias del apostolado, no son cosas nada nuevas en la Iglesia. Eso nos viene también desde muy antiguo.
Rosy. La Iglesia es siempre joven, y siempre por lo mismo será creativa y sentirá ansias de realizar proezas.

 

 

P. Luis. Es igualmente notable la conducta valiente de los apóstoles en la persecución. El pueblo respetaba a los discípulos, pero las autoridades judías no tardaron en promover las persecuciones.
Javier. Pero los apóstoles se mostraron fieles seguidores de su querido Maestro, que ya les había prevenido: "Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán".

 



   



 


Autor: evangelicemos.net
Junio, año 2010

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