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Vivir la fe entre traiciones y heroĆ­smos...


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Si, es verdad, no nos dijiste Señor que la cosa sería fácil, tampoco es un camino de dolor y miseria. Vivir contigo Señor, no es cosa sencilla, pero sin ti es un desierto.
Lo consolador es que por sobre todas nuestras dudas, temores, inseguridades contamos con la fuerza y la compañía de un Dios que nos ama, que nos empuja, que nos anima, que da la vida por cada uno de nosotros. Este Dios es ternura y rigor, don y exigencia, pero especialmente es providencia y amor, donación y acogida.

Hoy nos quiere con nuestras traiciones y renuncias, como lo hizo tres veces con la negación de Pedro.... y también se vuelve un Padre orgulloso con nuestros actos solidarios, con las vidas heroicas que muchos de sus hijos también pueden alcanzar.




¿Qué tenemos los seres humanos
que este Dios nos sigue y persigue?

Que nos espera y tolera, que nos hace ricos,
siendo tan, pero tan pobres.
Que me llena la mesa de pan y afecto,
de olores y colores recién creados,
y que crea una red de amigos
que me acoge y contiene.

¿Qué tenemos los seres humanos
que este Dios nos mira y nos espera?

para que abramos el corazón libremente a sus afectos,
para que podamos saciar bajo sus alas,
ese hambre de ser más humano, de eternidad.
¿Acaso TU provocas ese deseo de ser más pequeño
para que TU llenes y cubras
esos espacios que mi ego poco a poco va abandonando?

¿Qué pasa contigo? , me preguntó un amigo.
¿Acaso pasas de la catalepsia a la acción,
de la euforia al desencanto,
de la inanición al hartazgo?
¿No serás -me dijo- un bipolar en ciernes?

Tal vez, eso se lo dejo a los especialistas...
lo que si estoy seguro es que mi caminar en la fe
no es una constante, sino es un subir y bajar,
un llegar y ver que me falta tanto caminar
de aquello que he proyectado...
¿Cómo no reconocer que pese a mis traiciones
este Dios me acompaña silente y constante
esperando mi despertar sin presiones ni amenazas?

¿Cómo no decirte Señor que en este caminar de mi fe
entre el desequilibrio de lo que digo y lo que hago,
voy siempre con tu presencia
que me anima a convertir mis pasos?
Eres quien enciende mis fuegos internos,
esos anhelos por llevar mis actos a una mayor radicalidad
por esforzarme en integrar lo que tanto creo y digo,
con lo tan poco que hago y concreto con mis hermanos.

Pero en fin, sea bendito este desequilibrio
que me hace ver mi dique seco,
mi yo ostentoso pero pobre,
mi ansiedad sin sentido, mis carreras a la nada.

Bendita noche que me hizo ver mis pobrezas
y bendito día que iluminó
el enorme bien que Dios me ha dado,
pese a mis dudas, traspiés y pobrezas.

Bendito sol que me ilumina
el gran horizonte para marchar hacia EL,
para seguir en la ruta colaborando con los próximos,
con los cojos que puedo auxiliar,
en medio de mis propias cojeras,
así se van mis noches y mis días...
benditos y benditas...

¿Y cómo van tus días y tus noches, amigo, amiga?



   



 


Autor: Winston H. Elphick D.


SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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