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Orando con Miguel Ortega Riquelme


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Miguel Ortega Riquelme, Sacerdote diocesano, nació en Constitución, Chile, el 22 de noviembre del año 1941. Estudió en el Liceo Blanco Encalada de Talca y en el colegio Notre Dame, de Santiagoa. Fue ordenado sacerdote el 26 de abril de 1969.

Fue Vicario de Pastoral Juvenil del Cardenal Raúl Silva Henríquez, y rector de los colegios Seminario Menor, Luis Campino y Notre Dame. Una de sus primeras destinaciones fue como párroco de la parroquia San Joaquín, en Renca, entre los años 1973-1981.

El Padre Miguel Ortega, además de realizar una importante labor en el ámbito de la educación y de la pastoral juvenil, fue un destacado autor de libros de espiritualidad. Sus publicaciones son ampliamente conocidas en todo el continente, en forma especial el "Pan de la Palabra".

Fallece el 4 de junio del año 2005, a causa de un paro cardiaco. Al momento de su fallecimiento era Vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción, de Vitacura; y rector del Santuario del Cerro San Cristóbal.




DIOS ES NUESTRO PADRE

Padre de la vida victoriosa
Tú creas la vida,
la cuidas y la recuperas.

Tú no amas la muerte
ni la causas.

Tú nos resucitas
después de cada noche
y nos levantas
siempre de nuestras tumbas.

Amén.

 .......................

CON UN CORAZÓN ABIERTO

Con un corazón abierto
permítenos, María, hablar contigo.

Estamos en un mundo que muchas veces
contradice frontalmente
el mensaje del Evangelio.

Tu Hijo nos invita a formar comunidad
y este mundo nos empuja
a ser individualistas.

Tu Hijo nos llama a asumir la cruz
cuando se presenta
y este mundo nos impulsa
a la evasión de los dolores.

Tu Hijo nos impulsa a vivir en el Espíritu
y este mundo nos hace confiar
en bienes materiales.

Tu Hijo nos enseña a amar con un corazón limpio
y este mundo nos lleva
a un amor sin compromiso.

¿Nos comprendes, Madre, cuando te pedimos
tu compañía, tu apoyo, tu consuelo y tu energía?

Nosotros queremos permanecer vitalmente unidos
a tu Hijo amado y hermano nuestro, Jesucristo,
en quien están nuestra alegría y nuestra fortaleza.

Pero ayúdanos, Madre, a permanecer fieles,
a ser misioneros de su Palabra
y a ser testigos activos de su amor en esta tierra.

Ayúdanos a estar muy cerca tuyo
y a darte siempre un espacio privilegiado
en nuestro corazón y en el alma de la Iglesia.
Tú eres clave para que podamos vivir el Evangelio.
Tu vida no fue fácil. Enfrentaste dificultades.
Tuviste contratiempos.
Hubo sombras a tu alrededor.

Viviste con angustia
la crucifixión de tu esperanza.

Pero saliste victoriosa, Madre,
y contigo queremos también caminar nosotros.
Míranos con compasión.
No nos dejes, Madre nuestra.

Amén.

..................


VIRGEN EMBARAZADA

 

Virgen embarazada, 

Señora de los nueve meses, 

Madre de la tierna espera,

necesitamos recibir al Hijo

de tus entrañas, necesitamos que tú lo des a luz

para que pueda caminar entre nosotros.

 

Tenemos necesidad, Madre buena,
de su palabra que nos libera,
de su amor que nos salva
y de su fuerza para asumir nuestra tristeza.

Al contemplar la hermosura de tu silueta
se despierta en nosotros la esperanza.
Y como Juan en el vientre de Isabel
también nosotros saltamos de alegría.

Caminamos con paso firme por la vida
y soportamos con valor las dificultades,
porque sabemos que Jesús, Hermano nuestro,
viene a habitar en esta tierra.

Ayúdanos a preparar con entusiasmo su visita.

Que se despejen los caminos.

Que se enderecen los senderos.

Que el arrepentimiento de nuestras faltas
nos haga recibir gozosamente al Redentor.

Que quienes vivimos en tinieblas
podamos conocer el resplandor de su luz.
Que quienes somos derrotados por el egoísmo
podamos sentir la victoria de su amor.

Madre de nuestra esperanza,
Virgen del silencio y del consuelo,
¡Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús!

Amén.

......................

 

DAME TUS OJOS


Dame tus ojos, Madre, para saber mirar;
si miro con tus ojos jamás podré pecar.

Dame tus labios, Madre, para poder rezar;
si rezo con tus labios Jesús me escuchará.

Dame tu lengua, Madre, para ir a comulgar;
es tu lengua, materna de gracia y santidad.

Dame tus labios, Madre, que quiero trabajar;
entonces mi trabajo valdrá una eternidad.

Dame tu manto, Madre, que cubra mi maldad;
cubriendo con tu manto al Cielo he de llegar.

Dame tu Cielo, Oh Madre, para poder gozar;
¿si tú me das Cielo, que más puedo anhelar?.

Dame Jesús, Oh Madre, para poder amar;
esta será mi dicha por una eternidad.

Amén.

 

............................................

 

LE  OI  DECIR  A  DIOS


Creen que soy un solitario
y que vivo sentado eternamente
en un trono de gloria.
Piensan que yo no hablo, que no juego,
que no gozo o que no amo.
Están muy pero muy equivocados.

Yo soy Dios y soy feliz. Mi vida es amar.
El mundo me llena de alegría.
Vivo feliz con el hombre,
que es mi obra más perfecta.
Río con las bromas infantiles
y me alegra el dinamismo de los jóvenes.

Me siento contento con la creación y su hermosura.
Gozo con la vida, con las plantas,
los animales y la tierra.

Soy feliz.
Y mi mayor aspiración es que los hombres
se amen para ser felices.
Pero son porfiados.
Me cuesta convencerlos.
Se dividen, se pelean, y se separan.
No logro entender que el gozo mayor es dar la vida.
Se encierran en sí mismos y no gozan la fraternidad.

Yo soy feliz.
Pero mi gozo será pleno cuando los hombres se amen,
se apoyen y se respeten mutuamente.
Entonces reconocerán que yo soy Padre.

Soy feliz.
Sí. Verdaderamente soy feliz
porque amo y porque soy libre.
Soy feliz porque con mi Hijo y el Espíritu
nos amamos desde siempre y para siempre.
Soy Trinidad de amor y de alegría.

No soy un solitario.
Yo vivo en el gozo eterno y compartido...



   



 


Autor: Textos: Selección Equipo REDIMIS sobre publicaciones de Miguel Ortega
Fotos: P. Miguel Ortega / Junto a Cardenal Silva en su juventud

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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