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La fuerza del amor


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Una historia real

que relata un gran apóstol 

que trabajó

en el mundo de los leprosos.




Raúl Follerau solía contar una historia emocionante: visitando una leprosería en una isla del Pacífico se sorprendió que, entre tantos rostros, muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaban con un "gracias" cuando le ofrecían algo.

Entre tantos cadáveres ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano.

Cuando preguntó qué era lo que lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.

Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba.

Y aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía también.

Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que mañana regresara el rostro sonriente. Era -le explicaría después el leproso- su mujer.

Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor.

Al verla cada día, comentaba el leproso, sé que todavía vivo"



   



 


Autor: Martín Descalzo


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