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Orando con San Juan de la Cruz


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Juan de Yepes Álvarez (Fontiveros, Ávila, España, 24 de junio de 1542 - Úbeda, 14 de diciembre de 1591), conocido como estudiante con el nombre de fray Juan de Santo Matía y más tarde como San Juan de la Cruz, fue un poeta místico y un religioso carmelita descalzo del Renacimiento español. Desde 1952 es el Patrono de los poetas en lengua española.

En 1578 se dirige a Andalucía para recuperarse completamente. Pasa por Almodóvar del Campo, cuna de los místicos San Juan de Ávila y San Juan Bautista de la Concepción, y luego llega como Vicario al convento de El Calvario en Beas de Segura, (Jaén). Entabla amistad con Ana de Jesús, tras algunas visitas a la fundación de Beas de Segura.
En junio de 1579 se establece en la fundación de Baeza donde permanece como Rector del Colegio Mayor hasta 1582, en que marcha para Granada tras ser nombrado Tercer Definidor y Prior de los Mártires de esa ciudad. Realiza numerosos viajes por Andalucía y Portugal, por razones del cargo. En 1588 es elegido Primer Definidor y Tercer Consiliario de la Consulta, la cual le traslada a Segovia.
Tras un nuevo enfrentamiento doctrinal en 1590, es destituido en 1591 de todos sus cargos, y queda como simple súbdito de la comunidad. Durante su viaje de vuelta a Segovia, cae enfermo en el convento de La Peñuela y es trasladado a Úbeda, donde muere la noche del 13 al 14 de diciembre.




LOS TRES GRANDES POEMAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 NOCHE OSCURA

1. En una noche oscura,
con ansia, en amores inflamada,


¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,


¡oh dichosa ventura!,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,


ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía


adonde me esperaba
quien bien yo me sabía
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche, amable más que el alborada!


¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,


allí quedó dormido,
y yo me regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire del almena,
cuando ya sus cabellos esparcía,


con su mano serena
en mi cabello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;


cesó todo, y dexéme,
dexando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

 

CÁNTICO ESPIRITUAL (Cántico B)
Canciones entre el alma y el esposo

 

ESPOSA

1. ¿Adónde te escondiste, 
Amado, y me dejaste con gemido?


Como el ciervo huiste 
habiéndome herido; 
salí tras ti clamando, y eras ido.

2. Pastores, los que fuerdes 
allá por las majadas al otero,


si por ventura vierdes 
aquél que yo más quiero, 
decidle que adolezco, peno y muero.

3. Buscando mis amores, 
iré por esos montes y riberas; 


ni cogeré las flores, 
ni temeré las fieras, 
y pasaré los fuertes y fronteras.

4. ¡O bosques y espesuras, 
plantadas por la mano del Amado!,


¡o prado de verduras, 
de flores esmaltado!, 
decid si por vosotros ha pasado.


RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

5. Mil gracias derramando 
pasó por estos sotos con presura;


y, yéndolos mirando, 
con sola su figura 
vestidos los dejó de hermosura.

 ESPOSA

6. ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme? 
Acaba de entregarte ya de vero;


no quieras enviarme 
de hoy más ya mensajero 
que no saben decirme lo que quiero.

7. Y todos cuantos vagan 
de ti me van mil gracias refiriendo,


y todos más me llagan, 
y déjame muriendo 
un no sé qué que quedan balbuciendo.

8. Mas, ¿cómo perseveras, 
¡oh vida!, no viviendo donde vives,


y haciendo porque mueras 
las flechas que recibes 
de lo que del Amado en ti concibes?

9. ¿Por qué, pues has llagado 
aqueste corazón, no le sanaste?


Y, pues me le has robado, 
¿por qué así le dejaste, 
y no tomas el robo que robaste?

10. Apaga mis enojos, 
pues que ninguno basta a deshacellos,


y véante mis ojos, 
pues eres lumbre dellos, 
y sólo para ti quiero tenellos.

11. Descubre tu presencia, 
y máteme tu vista y hermosura; 


mira que la dolencia 
de amor, que no se cura 
sino con la presencia y la figura.

12. ¡Oh cristalina fuente, 
si en esos tus semblantes plateados


formases de repente 
los ojos deseados 
que tengo en mis entrañas dibujados!

13. ¡Apártalos, Amado, 
que voy de vuelo!

ESPOSO
                                       

Vuélvete, paloma, 
que el ciervo vulnerado 
por el otero

asoma 
al aire de tu vuelo, y fresco toma.


ESPOSA

14. Mi Amado las montañas 
los valles solitarios nemorosos 


las ínsulas extrañas 
los ríos sonorosos 
el silbo de los aires amorosos

15. la noche sosegada 
en par de los levantes del aurora


la música callada 
la soledad sonora 
la cena que recrea y enamora.

16. Cazadnos las raposas, 
que está ya florecida nuestra viña,


en tanto que de rosas 
hacemos una piña, 
y no parezca nadie en la montiña.

17. Detente, cierzo muerto; 
ven, austro, que recuerdas los amores,


aspira por mi huerto, 
y corran sus olores, 
y pacerá el Amado entre las flores.

18. ¡Oh ninfas de Judea!, 
en tanto que en las flores y rosales 
el ámbar perfumea,


morá en los arrabales, 
y no queráis tocar nuestros umbrales.

19. Escóndete, Carillo, 
y mira con tu haz a las montañas,


y no quieras decillo; 
mas mira las compañas 
de la que va por ínsulas extrañas.

ESPOSO

 20. A las aves ligeras, 
leones, ciervos, gamos saltadores, 
montes,

valles, riberas, 
aguas, aires, ardores, 
y miedos de las noches veladores:

21. Por las amenas liras 
y canto de sirenas os conjuro 
que cesen vuestras iras,


y no toquéis al muro, 
porque la esposa duerma más seguro.

22. Entrado se ha la esposa 
en el ameno huerto deseado,


y a su sabor reposa, 
el cuello reclinado 
sobre los dulces brazos del Amado.

23. Debajo del manzano, 
allí conmigo fuiste desposada; 


allí te di la mano, 
y fuiste reparada 
donde tu madre fuera violada.

ESPOSA

24. Nuestro lecho florido, 
de cuevas de leones enlazado,


en púrpura tendido, 
de paz edificado, 
de mil escudos de oro coronado.

25. A zaga de tu huella 
las jóvenes discurren al camino,


al toque de centella, 
al adobado vino, 
emisiones de bálsamo divino.

26. En la interior bodega 
de mi Amado bebí, y, cuando salía 
por toda aquesta vega,


ya cosa no sabía, 
y el ganado perdí que antes seguía.

27. Allí me dio su pecho, 
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,


y yo le di de hecho 
a mí, sin dejar cosa; 
allí le prometí de ser su esposa.

28. Mi alma se ha empleado, 
y todo mi caudal, en su servicio; 


ya no guardo ganado, 
ni ya tengo otro oficio, 
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

29. Pues ya si en el ejido 
de hoy más no fuere vista ni hallada,


diréis que me e perdido, 
que, andando enamorada, 
me hice perdidiza y fui ganada.

30. De flores y esmeraldas, 
en las frescas mañanas escogidas, 


haremos las guirnaldas, 
en tu amor florecidas 
y en un cabello mío entretejidas.

31. En solo aquel cabello 
que en mi cuello volar consideraste, 


mirástele en mi cuello 
y en él preso quedaste, 
y en uno de mis ojos te llagaste.

32. Cuando tú me mirabas, 
su gracia en mí tus ojos imprimían;


por eso me adamavas, 
y en eso merecían 
los míos adorarlo que en ti vían.

33. No quieras despreciarme, 
que si color moreno en mí hallaste, 


ya bien puedes mirarme, 
después que me miraste, 
que gracia y hermosura en mí dejaste.

ESPOSO

34. La blanca palomica 
al arca con el ramo se ha tornado, 


y ya la tortolica 
al socio deseado 
en las riberas verdes a hallado.

35. En soledad vivía, 
y en soledad a puesto ya su nido,


y en soledad la guía 
a solas su querido, 
también en soledad de amor herido.

ESPOSA

36. Gocémonos, Amado, 
y vámonos a ver en tu hermosura 
al monte y al collado,


do mana el agua pura; 
entremos más adentro en la espesura.

37. Y luego a las subidas 
cavernas de la piedra nos iremos 
que están bien escondidas,


y allí nos entraremos, 
y el mosto de granadas gustaremos.

38. Allí me mostrarías 
aquello que mi alma pretendía, 


y luego me darías 
allí tú, vida mía, 
aquello que me diste el otro día:

39. El aspirar de el aire, 
el canto de la dulce filomena,


el soto y su donaire 
en la noche serena, 
con llama que consume y no da pena.

40. Que nadie lo miraba, 
Aminadab tampoco parecía, 
y el cerco sosegaba,


y la caballería 
a vista de las aguas descendía.

 

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LLAMA

Canciones del alma en la íntima comunicación,
de unión de amor de Dios.

1. ¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres 
de mi alma en el más profundo centro!


Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

2. ¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda!

¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando. muerte en vida la has trocado.

3. ¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,


que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

4. ¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,


de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!



   



 


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