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¿Por qué un Dios amoroso permitiría el sufrimiento en el mundo?


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Del libro "El lenguaje de Dios", en que cuenta la búsqueda y el encuentro con Dios, del DR. FRANCIS COLLINS, hemos tomado un tema interesante para nuestro crecimiento.
El autor reivindica que hay bases racionales para un Creador y que los descubrimientos científicos llevan al hombre más cerca de Dios; que Dios actúa, que no nos castiga ni envía desgracias...

FRAGMENTOS DE "EL LENGUAJE DE DIOS", del DR. FRANCIS COLLINS




¿Por qué un Dios amoroso permitiría el sufrimiento en el mundo?

En algún lugar del mundo debe existir alguien que nunca ha experimentado el sufrimiento. Yo no lo conozco, y sospecho que ningún lector de este libro puede afirmar haberlo hecho. La experiencia universal humana ha provocado que muchos cuestionen la existencia de un Dios amoroso. Como lo expresa C. S. Lewis en El problema del dolor, el argumento va así: "Si Dios fuera bueno, desearía hacer a sus criaturas perfectamente felices, y si Dios fuera todopoderoso, podría hacer lo que quisiera. Pero las criaturas no son felices. Por lo tanto, Dios carece de bondad, o de poder, o de ambos".8

Existen varias respuestas a este dilema, algunas más fáciles de aceptar que otras. En primer lugar, reconozcamos que una gran parte de nuestro sufrimiento y el de nuestro prójimo es causada por lo que nos hacemos entre nosotros. Es la humanidad, no Dios, la que ha inventado cuchillos, flechas, armas, bombas y toda forma de instrumento de tortura usado a lo largo de los tiempos. La tragedia de un niño atropellado por un conductor ebrio, o de un hombre inocente que muere en el campo de batalla, o de una niña muerta por una bala perdida en una sección infestada de crímenes en una ciudad moderna, difícilmente pueden atribuirse a Dios. Después de todo, de alguna forma hemos recibido el libre albedrío, la capacidad de hacer lo que queramos. Usamos esta capacidad con frecuencia para desobedecer la ley moral. Y entonces, cuando lo hacemos, no deberíamos de culpar a Dios por las consecuencias.

¿Debería Dios restringir nuestra libertad para evitar esta clase de conducta mala? Esa línea de pensamiento pronto se enfrenta al dilema del cual no existe salida racional. Nuevamente, Lewis lo expone claramente: "Si uno elige decir „Dios puede darle libre albedrío a una criatura y a la vez retenerle la libertad‟, no hemos dicho nada sobre Dios; la combinación sin sentido de palabras no adquiere significado repentinamente porque le agreguemos las otras dos palabras „Dios puede‟. Lo absurdo sigue siendo absurdo, incluso si lo decimos con respecto a Dios".

Los argumentos racionales pueden ser difíciles de aceptar cuando la experiencia de algo terrible recae en una persona inocente. Conozco a una joven estudiante universitaria que vivía sola durante unas vacaciones de verano mientras realizaba investigaciones en preparación para una carrera como médica. Al despertar una noche, descubrió que un hombre había entrado en su departamento y, colocándole un cuchillo en la garganta, ignoró sus súplicas, le vendó los ojos y abusó de ella. La dejó devastada, reviviendo esa experiencia una y otra vez durante muchos años. El perpetrador nunca fue capturado.

Esa joven era mi hija. Nunca fue el mal puro tan evidente para mí como esa noche, y nunca deseé con más pasión que Dios hubiera intervenido de alguna manera para detener ese horrible crimen. ¿Por qué no hizo que al perpetrador lo hubiera partido un rayo o hubiera
tenido al menos un cargo de conciencia? ¿Por qué no colocó un escudo invisible alrededor de mi hija para protegerla‟ Quizá en raras ocasiones Dios sí realiza milagros. Pero la mayoría de las veces la existencia del libre albedrío y el orden en el universo físico son hechos inexorables. A pesar de que deseemos que esas ocasiones milagrosas sucedan con más frecuencia, la consecuencia de interrumpir esos dos conjuntos de fuerzas sería un caos total.

¿Qué hay de la ocurrencia de desastres naturales, terremotos, tsunamis, volcanes, inundaciones y hambrunas? En una escala menor, pero no menos conmovedora, ¿qué hay de las enfermedades en víctimas inocentes, por ejemplo, el cáncer en un niño? El sacerdote anglicano y distinguido físico John Plkinghorne se ha referido a esta categoría de hechos como "mal físico", en contraposición al "mal moral" que comete la humanidad. ¿Cómo se puede justificar?

La ciencia revela que el universo, nuestro planeta y la vida misma están en un proceso de evolución. Las consecuencias de esto pueden incluir clima impredecible, movimientos en alguna capa tectónica, o un error en el proceso normal de la división de una célula que cause cáncer. Si al principio de los tiempos Dios eligió usar estas fuerzas para crear a los seres humanos, entonces la inevitabilidad de estas otras dolorosas consecuencias también quedó asegurada. Intervenciones milagrosas frecuentes serían al menos tan caóticas en el reino físico como lo serían al interferir con los actos del libre albedrío humano.

Para muchos buscadores pensativos, estas explicaciones racionales son endebles para ofrecer una justificación del dolor en la existencia humana. ¿Por qué es nuestra vida más un valle de lágrimas que un jardín de las delicias? Se ha escrito mucho al respecto de esta aparente paradoja, y la conclusión no es fácil: si Dios es amoroso y desea lo mejor para nosotros, quizá su plan no sea el mismo que nuestro plan. Éste es un concepto duro, especialmente si nos han alimentado mucho con una versión de la benevolencia de Dios que implique nada más de su parte que un deseo de que seamos perpetuamente felices. Nuevamente, de Lewis: "De hecho deseamos no tanto un padre en el cielo como un abuelo en el cielo, una benevolencia senil que como dicen, „guste de ver a los jóvenes divirtiéndose‟, y cuyo plan para el universo fuera sencillamente que al final de cada día se dijera, realmente, „todos y cada uno se la pasaron bien‟."10

A juzgar por la experiencia humana, si uno acepta la bondad de Dios, él aparentemente desea más de nosotros que eso. ¿No es esa, lector, su propia experiencia? ¿Ha aprendido más de usted mismo cuando las cosas iban bien, o cuando se vio desafiado por retos, frustraciones y sufrimiento? "Dios nos susurra en los placeres, nos habla en la conciencia, pero nos grita en el dolor: es su megáfono para despertar a un mundo sordo".11

Por mucho que nos gustara evitar esas experiencias, sin ellas, ¿no seríamos acaso criaturas superficiales y egoístas que finalmente perderían todo sentido de nobleza o de lucha por el mejoramiento de los demás? Considere esto: si la decisión más importante que fuéramos a tomar en la Tierra fuera una decisión sobre la fe, y si la relación más importante que fuéramos a desarrollar en esta Tierra fuera una relación con Dios, y si nuestra existencia como criaturas espirituales no estuviera limitada por lo que podemos saber y observar durante nuestra vida en la Tierra, entonces el sufrimiento humano asume un contexto totalmente nuevo. Quizá nunca entendamos por completo las razones de estas dolorosas experiencias, pero podemos empezar a aceptar la idea de que tales razones pueden existir.

En mi caso puedo ver, aunque débilmente, que la violación de mi hija fue un reto para que yo tratara de aprender el verdadero significado del perdón en una circunstancia terriblemente desgarradora. Con total honestidad, sigo trabajando en ello. Quizá también fue una oportunidad para que yo reconociera que en realidad no puedo proteger a mis hijas de todo dolor y sufrimiento; tenía que aprender a confiarlas al amoroso cuidado de Dios, sabiendo que eso no proporcionaba una inmunidad ante el mal, sino la
certeza de que su dolor no sería en vano. Ciertamente, mi hija diría que esta experiencia le dio la oportunidad y la motivación para aconsejar y confortar a otras personas que han sufrido esa misma clase de asalto. La noción de que Dios puede operar a través de la adversidad no es un concepto sencillo, y puede encontrar un anclaje firme sólo en una concepción del mundo que contenga una perspectiva espiritual. El principio del crecimiento a través del sufrimiento es casi universal en las grandes religiones del mundo. Las cuatro verdades nobles de Buda, que están en el sermón del parque de los Venados, empieza diciendo: "La vida es sufrimiento".

Para un creyente, esta realización paradójicamente puede ser fuente de un gran consuelo.
Aquella mujer que atendí como estudiante de medicina, por ejemplo, que desafió mi ateísmo con la gentil aceptación de su enfermedad terminal, veía en el capítulo final de su vida una experiencia que la acercaba a Dios, no que la alejara. En una escala histórica, Dietrich Bonhoeffer, un teólogo alemán que regresó voluntariamente a Alemania desde Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para hacer lo que pudiera por mantener a la verdadera iglesia con vida, cuando la iglesia cristiana organizada había elegido apoyar a los nazis, fue encarcelado por su papel en un plan para asesinar a Hitler. Durante sus dos años en prisión, sufriendo grandes indignidades y la pérdida de su libertad, Bonhoeffer nunca vaciló en su fe o en su alabanza a Dios. Poco antes de que lo colgaran, sólo tres semanas antes de la liberación de Alemania, escribió estas palabras: "Tiempo perdido es aquel en que no hemos vivido una verdadera vida humana, aquel que no ha sido enriquecido por la experiencia, la creatividad, el disfrute y el sufrimiento".

   

   

   


 


Autor: El Lenguaje de Dios, Francis S. Collins
Síntesis Equipo REDIMIS. Fotos Terremoto en Chile, Feb 2010

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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