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TEMA 3: MARIA DE NAZARET, UNA MUJER CREYENTE


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Fichas tomadas del libro "La Virgen María es María de Nazaret", cuyo autor es  el Padre Félix Moracho, S.J. publicó por primera vez en Ediciones S.A. Educación y Cultura Religiosa, en Caracas, Venezuela en el año 1989 y ha sido subsecuentemente motivo de varias reimpresiones.

TEMA 3:  MARIA DE NAZARET, UNA MUJER CREYENTE 

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Una situación.

Daba un retiro espiritual a señoras, Hablaba de María de Nazaret, la Madre de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que "nació de mujer". Jesús, "Hijo del Altísimo", es carne y sangre de María. María, decía, es la madre que concibe y da a luz a Jesús en una situación de extrema pobreza: "y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada" (Lc. 2,7); vive con él en Nazaret desde que nace hasta mas o menos los treinta años , y está al pie de la cruz cuando Jesús es ajusticiado como agitador revolucionario (Lc. 23,1-5), como malhechor (Jn. 18,30), como blasfemo (Mc. 14,61-64), crucificado entre dos bandidos (Mc. 15,27). "Dios resucitó a este Jesús" (Hech. 2,32) y no a otro. Y añadía: "La Virgen María, la madre de "este Jesús" es una mujer del pueblo, pobre, humillada, a quien le costó lágrimas y sangre del corazón permanecer firme en la fe y aceptar la voluntad de Dios sobre ella y sobre su hijo".

Algunas de las presentes dijeron públicamente que para qué insistía en las dificultades por las que pasó la Virgen María, porque, afirmaban: "Ella es Inmaculada, nació ya in pecado original y, al no tener ni ese pecado, no sufrió sus consecuencias. Las tendencias, las pruebas no la hacían sufrir como a nosotros". Lo decían convencidas, sinceras.

 

 

1. ¿UNA VIRGEN MARIA SIN HISTORIA?

Con respeto traté de hacerles ver que, pensando así, de hecho minimizaban, olvidaban, ocultaban como avergonzadas a la María, tal como aparece en los Evangelios, en la historia.

Su Virgen María era una mujer sin historia, que no conoció las dificultades que la vida trae a todo ser humano. Hacían tan "divina" a María que, de hecho suprimían prácticamente su humanidad, y la despojaban de todo el valor ejemplar y estimulante de su vida. Y esa no había sido la realidad de su vida.

María de Nazaret, la Virgen María, por gracia de Dios, "ha sido preservada de la herencia del pecado original" (Juan Pablo II, "La Madre del Redentor", 10). Pero eso no quiere decir en modo alguno, que no haya tenido tentaciones, pruebas, sufrimientos. Todo eso lo tuvo, pero también, con la gracia de Dios, libremente, con valiente y perseverante decisión humana, lo superó y venció en la lucha de la vida diaria. "Ella, que pertenece a los humildes y pobres del Señor", respondió a Dios "con todo su yo humano, femenino", situada en el centro mismo de aquella enemistad, de aquella lucha que acompaña la historia de la humanidad en la tierra (Juan Pablo II, "La Madre del Redentor", 11,13). La Virgen María tiene su historia en la María de Nazaret de los Evangelios.

 

 

2. LA FE DE QUIEN SE FIA Y ENTEGRA TOTALMENTE A DIOS

¿Entendió María de qué se trataba cuando "la palabra de Dios" la habló e interpeló?:

Mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin" (Lc. 1,31-33)

La propuesta-promesa es clara y concreta:

Concebir y dar a luz un hijo (v. 31)
Que se llamará "Hijo del Altísimo" (v. 32)

Que reinará y será fuente de bendición para siempre (v. 33)

Lo que Dios le propone depende de su libre consentimiento. Dios no la obliga. Y es para las inmediatas.

María entiende bien y responde como cualquier muchacha honesta en las misma circunstancias: "¿Cómo sucederá eso si no vivo con un hombre?" (Lc. 1,14). Así manifiesta su condición de Virgen. María ni convive, ni ha vivido con un hombre; ni "conoce", ni ha conocido varón.

En ese momento María no es más que la prometida de José (lee Mt. 1,18). Y como tal no podía (no era honesto ni era costumbre) tener relaciones matrimoniales con él. Los novios, prometidos oficialmente, eran considerados jurídicamente como esposos, pero durante el año que duraban como "prometidos", hasta el día en que la prometida-esposa era conducida de la casa de sus padres a la casa de su prometido-esposo, les estaba prohibido tener vida marital; ni siquiera podían verse si no era con testigos presenciales.

La aclaración que María recibe de parte de Dios tiene la oscuridad de la fe (Lc. 1,35)

Va a tener un hijo. No sabe cómo. Ciertamente no por la unión con su prometido José. Va a ser hijo suyo, sí, pero también "Hijo de Dios".

María ha escuchado a Dios en su corazón. Se ha fiado de El. Libremente ha dicho "SI" a Dios con toda su vida: "Cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc. 1,38). María concibió. Dios se hizo carne y sangre en su vientre. Y María dio a luz a Jesús de Nazaret, hijo de Dios e hijo de María: "¡DICHOSA TU, QUE HAS CREIDO!" (Lc. 1,45)

María realizó perfectamente lo que dice el Papa Juan Pablo II en su Carta Encíclica sobre María, la "Redemptoris Mater":

"Cuando Dios revela hay que prestarle la obediencia de la fe (Rm. 16,25; cfr. Rm. 1,5: 2, Cor. 10,5-6), por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios, como enseña el Concilio" (Const. Dogm. Sobre la divina revelación, Dei Vertum, 5) ("Redemptoris Mater", del 25 de marzo de 1987, nº 13):

 

 

3. EL CAMINO DE FE EN MARIA

En ella nos habla, entre otras cosas, de la fe de la Virgen María. Y nos dice que su fe es la fe de la mujer del pueblo, pobre y humillada que fue María de Nazaret. Una fe que es al mismo tiempo confianza: creer, fiarse del otro; que es amor: entrega total de la vida, desinteresada, generosa; que es también cumplimiento fiel de la voluntad del otro, de su menor deseo. Una fe siempre atenta a los acontecimientos: los reflexiona (Lc. 2,19,51); una fe que la lleva a reaccionar ante ellos: ayudando a los demás (Lc. 1,36-39; Jn. 2,1-3).

Juan Pablo II, en la "Redemptoris Mater", hace esta extraordinaria afirmación por la que sentimos a María totalmente cercana a nosotros:

"María, la Madre, está en contacto con la verdad de su Hijo únicamente en la fe y por la fe....

"María ha pronunciado este fiat por medio de la fe. Por medio de la fe se confió a Dios sin reservas y se consagró totalmente a sí misma ... a la persona y a la obra de su Hijo" (nº 13).

¡Como nosotros! Porque así es también nuestra fe. ¿O no?

Creer en la fe cada día con particular fatiga de corazón.

Si algo distingue la fe de María es la de ser una fe puesta continuamente a prueba por la realidad de la vida. Ella tenía su idea de Dios. La "palabra de Dios", bien conocida por María, lo nombraba el "Todopoderoso" (Ext. 6,3); "Altísimo" (Gn. 14,18-22), "Dios justo y salvador" (Is. 45,21), el "Santo" (Ext. 15,11), el que "reina por siempre jamás" (Ext. 15,18). Y el ángel le había asegurado que su hijo sería nada menos que Hijo de este Dios Altísimo "para el que no hay nada imposible" (Lc. 1,31-37).

Pero ¿dónde está el "Hijo del Altísimo", el "Consagrado", "Hijo de Dios"? ¿Es ese poco de carne palpitante que nace de su vientre en una situación de extrema pobreza (Lc. 2,7) y María recoge en sus brazos y limpia ayudada por José?

¿Ese es el camino para reinar: huir a Egipto, país lejano y extraño porque "Herodes buscaba al niño para matarlo"? (Mt. 2,13-15)

María tiene que alimentar al bebé Jesús pues llora inconsolable; lo limpia porque si no hiede; lo arropa y estrecha fuerte en cálido abrazo porque hace frío.

¿Dónde queda el TODOPODEROSO?

Y durante la mayor parte de su vida, su hijo Jesús de Nazaret, bebé, niño, adolescente, joven, hombre maduro, no se distingue de los demás varones con los que convive (lee Mt. 6,1-3).

¿Dónde está el "Santo", el "Hijo de Dios" del que habló el ángel? Dios calla: "el silencio de Dios" en la vida.

Un día, Jesús, un muchacho de doce años, un menor de edad, en un viaje que hace con sus "padres" a Jerusalén, se queda intencionalmente, a ciencia y conciencia de lo que hacía, sin decirles ni avisarles que se iba a quedar. Lo encuentran después de tres días. Y a la pregunta que le hace su madre: "Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo", responde de un modo misterioso y hasta displicente, "malcriado" diríamos hoy: "¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo tenía que estar en la casa de mi Padre? Ellos no comprendieron lo que quería decir" (Lc. 2,41-50).

María no ve, no oye, no palpa, no comprende a Dios en su hijo Jesús: "María, la Madre, está en contacto con la verdad de su hijo únicamente en la fe y por la fe", nos dice el Papa Juan Pablo II.

Verdaderamente que, como afirma Juan Pablo II: "... su Madre vivía en la intimidad con este misterio (el de su filiación divina ) sólo por medio de la fe. Hallándose al lado de su Hijo, bajo un mismo techo... avanzaba en la peregrinación de la fe".

Una fe, la de María de Nazaret, que crece:

"Cada día en medio de todas las pruebas y contrariedades del periodo de la infancia de Jesús y luego durante los años de su vida oculta en Nazaret, donde vivía sujeta a ellos (Lc 2,51)".

María acepta la vida y a Dios presente en ella. Pero ¿cómo? Juan Pablo II lo anota y subraya:

"No es difícil pues, notar en este...comienzo del Evangelio...que lleva consigo la radical novedad de la fe...una particular fatiga del corazón, unida a una especie de noche de fe" (Juan Pablo II, "La Madre del Redentor", (nº 17).

 

Crecer en la fe ante lo absurdo del sufrimiento y la muerte.

María había acogido, discernido y creído la "palabra de Dios" sobre su hijo, Jesús de Nazaret:

"En la anunciación, María había escuchado aquellas palabras :

Debe ser "grande", debe ser rey, debe reinar,

"Y he aquí que, estando junto a la cruz, María es testigo, humanamente hablando, de un completo desmentido de estas palabras. Su Hijo agoniza sobre aquel madero como un condenado" (nº 18).

Y son, precisamente, los representantes oficiales del "Dios bendito", "todos los sumos sacerdotes, los senadores y los letrados", los que "todos sin excepción pronunciaron sentencia de muerte", porque Jesús de Nazaret ha blasfemado afirmando que sí, que él es "el hijo de Dios bendito" (Mc. 14,53-65).

Al pie de la cruz está María, esperando contra toda esperanza ante los insondables designios de un Dios que parece contradictorio y absurdo. María, impotente ante el mal, como Jesús, con Jesús:

Unida a su hijo en su despojamiento: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc. 15,34).

Unida a Jesús también en su fe, en su amor, en su entrega confiada: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23,46; lee Herb. 12,2).

 

Mira a tu madre.

Jesús, desde la cruz, nos dice a todos y cada uno de nosotros, a toda comunidad de seguidores de Jesús, a su Iglesia: "MIRA A TU MADRE" (Jn. 19,27)

Somos hijos de María de Nazaret, la mujer, la madre de Jesús que creyó en Dios y se fió de él más allá de la muerte, creyendo que Dios no falla nunca porque "tiene poder hasta para levantar de la muerte" (Heb. 11,19).

Esta, y no otra, es la Madre de Dios, la Inmaculada, la Siempre Virgen.

Esta, y no otra, es la primera cristiana, después de su Hijo, Jesús de Nazaret, que es también el Hijo de Dios.

Y esta es la verdadera devoción a María (este "parecernos" a ella en semejante fe vivida) que nos propone Juan Pablo II:

"Los que a través de los siglos...acogen con fe el misterio de Cristo, Verbo encarnado y Redentor del mundo, no sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a María como a su Madre, sino que buscan en su fe el soporte, el apoyo para la propia fe" (Juan Pablo II, "La Madre del Redentor", nº 27)

 

REFLEXIONA Y RESPONDE

1 - Analiza este texto del Concilio Vaticano II que dice de la Virgen María que "avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su hijo hasta la cruz" (L. G. 58). Muestra cómo María, a lo largo de su vida, "avanzó en la peregrinación de la fe". Lee Lc. 1,30; 2,32-33.35; 2,50; Mt. 1,18-19; Lc. 2,19-51
2 - Analiza estos trozos del Evangelio de Marcos (3,20-21.22.31-35; 6,1-6) ¿Se pone en ellos a prueba la fe de María? ¿Cómo muestra ella su fidelidad?

3 - Jesús nos dice: "Mira a tu madre". ¿Cómo tiene que ser nuestra fe, mirando la fe de nuestra madre María, mujer del pueblo? Concreta.

4 - María de Nazaret fue siempre de Dios. En cualquier circunstancia de la vida estuvo de acuerdo con Dios, se fió de él totalmente. ¿Cómo seremos nosotros siempre de Dios a pesar de las dificultades y tentaciones que se nos presentan en la vida?



   



 


Autor:
Ediciones S.A. EducaciĆ³n y Cultura Religiosa, Caracas, Venezuela 2009. IlustraciĆ³n: Virgen del Lago o Copacabana (Bolivia)

SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




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