::: Discipulomisionero:::
Documento sin título
Buscar      
Ingreso de Usuarios
Email :
Clave :
SI NO ESTAS REGISTRADO
HAZLO AQUI




Actitudes de los discĂ­pulos misioneros ante la realidad


Bookmark and Share


Autor: Mons. Garachana


"La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos" (DA 367). Si la misión de la Iglesia tiene estas características de encarnación, de realismo, ¿qué actitudes deben tener y desarrollar los discípulos misioneros respecto de la realidad de nuestros pueblos latinoamericanos? Siguiendo el Documento de Aparecida organizo mi respuesta en torno a tres verbos: ver, escuchar, sentir.

Ver a Dios: mirada de discípulo misionero




El mundo y la historia se hacen transparencia de Dios para quien los mira con ojos de fe. Solemos mirar la realidad según los intereses, valores o perspectivas que adoptamos.
La montaña del Merendón, a cuyos pies se extiende la ciudad de San Pedro Sula, puede ser mirada con ojos de "explotador de bosques", con ojos de "ecologista", con ojos "paisajistas", etc. Aparecida nos invita a mirar la realidad de nuestros pueblos de América Latina con "ojos de discípulos misioneros" (DA 20).

En esta mirada "acogemos la realidad entera del Continente como don: la belleza y fecundidad de sus tierras, la riqueza de humanidad que se expresa en las personas, familias, pueblos y culturas del continente" (DA 6). Pero también descubrimos "caminos que trazan una cultura sin Dios..., animada por los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero, la cual termina siendo una cultura contra el ser humano y contra el bien de los pueblos latinoamericanos" (DA 13).

"Al mirar la realidad de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, con sus valores y limitaciones, sus angustias y esperanzas, sufrimos y nos alegramos pero permanecemos en el amor de Cristo" (DA 22). La mirada de fe nos hace descubrir los signos de la presencia de Dios que, desde dentro de la historia de nuestros pueblos, va haciendo una historia de salvación. Ni Dios sin la historia, ni la historia sin Dios.

"Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestros pueblos de América Latina y de El Caribe, y a cada una de sus personas" (DA 18).

Escuchar a Dios: oído de discípulo misionero

La realidad que "vemos" no es una realidad muda, la realidad "nos habla": nos interpreta, llama, cuestiona, desafía (DA, 13, 16, 33,35). A través de ella, es Dios quien nos habla, quien nos llama, quien reclama nuestra atención. Nos habla en el susurro de los enfermos, en el clamor de los pobres, en las ansias de paz y justicia, en los acontecimientos sociales, en la sed de lo religioso.

Nos es más fácil leer "la gramática de Dios" en la naturaleza que en la historia. Y sin embargo, la situación histórica, mirada con ojos de fe, se convierte en mediación teologal. Constituye un verdadero lugar para la revelación de Dios. A través de esta situación el Espíritu de Dios sigue hablando a nuestra Iglesia de América Latina.

Sí, es preciso tener "oído de discípulo" para escuchar a nuestras gentes, a nuestro pueblo, a los mismos sucesos colectivos.

Quien no escucha a Dios en la historia no es al Dios verdadero al que dice escuchar en su interior, un interior subjetivista, desconectado del "exterior".

Sentir a Dios: corazón de discípulo misionero

Me atrevo a sentenciar: "ojos que ven y oídos que escuchan, corazón que siente". Lo visto y lo oído no nos deja indiferentes sino que nos afecta profundamente, nos conmueve el corazón.

Jesús se conmovía profundamente y se compadecía al ver a las muchedumbres de enfermos, pobres, golpeados por el peso de la vida y las injusticias de los hombres, abandonados como ovejas sin pastor (Mt. 9, 36). Se conmovió al ver llorar a la viuda de Nain, pedir compasión a los leprosos y a los ciegos (Lc. 7, 13; Mt. 20, 34).

De la misma manera el discípulo misionero tiene un corazón compasivo. Hace suyos los gozos y las esperanzas, las penas y las alegrías de los demás (DA 16). Se alegra por las alegrías verdaderas y sencillas de los pobres y llora por sus sufrimientos.

¡Cuidado!, que se nos puede endurecer el corazón por la indiferencia, la rutina y la comodidad.

 

   





 


Autor: Autor: Mons. Garachana


SE PUEDE usar este material con toda libertad, citando la fuente.




www.discipulomisionero.com | Todos lo derechos reservados